
Lisandro Catalán asumió como ministro del Interior tras el reacomodamiento del gabinete
Alejandra Larrea
Lisandro Catalán, abogado de 41 años y oriundo de Santiago del Estero, fue designado como nuevo ministro del Interior en reemplazo de Guillermo Francos, que decidió concentrar su labor como jefe de Gabinete. La decisión se dio luego de la derrota electoral en la provincia de Buenos Aires y del intento del Gobierno por ordenar la relación con los gobernadores y recomponer el frente político.
Catalán se desempeñaba desde diciembre como secretario de Interior y era considerado el principal colaborador de Francos en el vínculo con las provincias. Con trayectoria en la gestión pública y formación en derecho, se consolidó como un operador clave en la articulación con mandatarios locales y legisladores, lo que le permitió tejer acuerdos en momentos de alta tensión política. Su llegada al ministerio busca garantizar continuidad en un área central para sostener el equilibrio federal.
La asunción no se produjo con actos protocolares masivos, sino con un anuncio sobrio en Casa Rosada, reflejo del clima político que atraviesa el oficialismo tras la derrota bonaerense. En ese marco, la figura de Catalán cobra protagonismo: deberá enfrentar un escenario en el que los gobernadores reclaman más recursos, la oposición presiona en el Congreso y el Gobierno insiste en profundizar la disciplina fiscal.
Entre sus desafíos inmediatos se encuentran coordinar la construcción de la mesa política que impulsa el presidente Javier Milei, encauzar los reclamos de las provincias en torno a coparticipación y fondos de obra pública, y acompañar la estrategia legislativa de la Jefatura de Gabinete. El cargo lo ubica en el centro de la escena, en un momento donde cada negociación territorial será decisiva para la gobernabilidad.
El perfil de Catalán, de bajo tono y carácter técnico, contrasta con figuras más expuestas del gabinete. Sus allegados destacan su capacidad de diálogo y su estilo reservado, cualidades que lo convirtieron en un interlocutor confiable para mandatarios provinciales de distinto signo político. En este contexto, su designación es leída como un intento de aportar estabilidad y previsibilidad al frente interno del Gobierno.
Con este movimiento, el oficialismo refuerza a su círculo más cercano y ratifica a Francos como conductor político del gabinete. La incógnita será cómo Catalán se posicionará en un ministerio clave que, en medio de la crisis política, puede convertirse tanto en un sostén de gobernabilidad como en un foco de nuevas tensiones.


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