
BOLIVIA: PAZ Y QUIROGA SE CRUZAN EN UN DEBATE ÁSPERO Y PROMETEN RESPETAR EL RESULTADO ELECTORAL
Alejandro Cabrera
UN DEBATE ENTRE EL CAMBIO Y LA ESTABILIDAD
El intercambio estuvo cargado de tensión. Paz interrogó a Quiroga sobre si aceptaría los resultados en caso de perder, a lo que este respondió que "el país no puede regresar a los tiempos de desconocimiento ni de violencia", dirigiendo su mensaje a su oponente y a los sectores radicales dentro del MAS.
La economía fue el tema central del debate. Bolivia enfrenta una inflación anual superior al 18 %, con reservas que apenas cubren tres meses de importaciones y una balanza energética en déficit por primera vez en 17 años. En este contexto, Quiroga propuso un programa de shock fiscal que incluía reducción del déficit, flexibilización laboral y acuerdos de financiamiento con organismos internacionales como el FMI y el BID. Por su parte, Paz argumentó que "no se puede resolver la crisis repitiendo los ajustes del pasado" y planteó una reestructuración gradual del gasto público, priorizando subsidios focalizados y estímulos para el sector productivo.
Ambos coincidieron en que el sistema judicial enfrenta una crisis estructural. Paz criticó una justicia que "castiga al débil y protege al poderoso", mientras que Quiroga reconoció que "sin independencia judicial, no habrá inversión ni estabilidad". En los temas de educación y salud, las diferencias fueron más leves: ambos abogaron por políticas de digitalización, descentralización de recursos y fortalecimiento de las autonomías departamentales.
EL DESGASTE DEL MAS Y UNA NUEVA ERA POLÍTICA
Las elecciones de 2025 marcan el final de un ciclo político que comenzó en 2006. El MAS, debilitado por divisiones internas y la pérdida de apoyo en el electorado rural, obtuvo solo un 18 % en la primera vuelta, viéndose relegado a un papel marginal.
Esto dio lugar a la aparición de dos liderazgos opuestos pero complementarios: Paz, con una propuesta renovadora desde el centro reformista, y Quiroga, que busca restablecer la ortodoxia económica y el orden institucional. En la votación del 17 de agosto, Paz obtuvo el 32 % y Quiroga el 26,7 %. Los votos restantes se distribuyeron entre partidos menores y candidatos regionales, lo que llevó a la necesidad de un balotaje.
Analistas locales interpretan esta situación como una transición generacional y política. "Bolivia está dejando atrás el rentismo estatal para adoptar un modelo más productivo y competitivo", afirman desde distintas instancias económicas. La población urbana, especialmente en Santa Cruz, Cochabamba y La Paz, se ha convertido en el centro del debate, mientras que las zonas rurales exhiben una fragmentación sin precedentes.
UN ESCENARIO ELECTORAL CERRADO Y DECISIVO
Las encuestas más recientes muestran un empate técnico. Quiroga mantiene ventaja en la región oriental y entre el electorado empresarial, mientras que Paz se destaca en el altiplano y entre los votantes jóvenes. Un 10 % de indecisos se perfila como clave para el resultado. Ambos candidatos están concentrando sus esfuerzos en actos en las capitales departamentales y zonas fronterizas, donde el apoyo suele definirse en el último momento.
El Tribunal Supremo Electoral ha determinado que las campañas concluirán el viernes 17 de octubre, dando paso al periodo de silencio electoral. El nuevo presidente asumirá con una Asamblea fragmentada, donde ninguna fuerza tendrá la mayoría. Esto requerirá la formación de alianzas entre bloques moderados, regionales y movimientos cívicos que han ganado relevancia en los últimos años.
La gobernabilidad se presenta como un desafío inmediato. La crisis fiscal, el agotamiento del modelo gasífero y la desconfianza externa colocan a Bolivia ante una encrucijada. El próximo gobierno deberá decidir si prioriza la estabilidad macroeconómica o la contención social.
EL COMPROMISO CON LA DEMOCRACIA
Al finalizar el debate, tanto Paz como Quiroga se comprometieron a reconocer los resultados y a garantizar la estabilidad institucional. "La democracia no es un medio, es un fin en sí mismo", afirmó Paz, a lo que Quiroga añadió: "Perder una elección no es una tragedia; lo sería perder la República".
Estas declaraciones, lejos de ser un mero gesto, buscan conjurar los recuerdos de 2019, cuando Bolivia atravesó uno de los episodios más difíciles de su historia reciente, marcado por denuncias de fraude, protestas y renuncias forzadas. Con un electorado más fragmentado pero alerta, Bolivia se asoma a una transición que podría redefinir su modelo político, estructura económica y su relación con el mundo.
El 19 de octubre no solo se elegirá un presidente: también se pondrá a prueba la capacidad del país para sanar viejas heridas y reconstruir la confianza en sus instituciones.


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