
EE.UU. revocó visas a más de 50 políticos mexicanos en su nueva ofensiva antidroga
Alejandra Larrea
El gobierno de los Estados Unidos revocó las visas de más de 50 políticos y funcionarios mexicanos, en un movimiento sin precedentes que abre un nuevo capítulo en la compleja relación bilateral con México. La medida, confirmada por Reuters y El País, fue ejecutada por el Departamento de Estado y responde a la estrategia de Donald Trump de llevar la lucha contra el narcotráfico al terreno político y diplomático.
De acuerdo con fuentes estadounidenses, las cancelaciones afectan a gobernadores, legisladores, alcaldes y exfuncionarios de distintos niveles del Estado mexicano. Aunque el listado completo permanece bajo reserva, trascendió que entre los señalados figuran integrantes de Morena, PRI y PAN, partidos que dominan la escena política nacional. En todos los casos, Washington sospecha que existieron vínculos directos o indirectos con redes del crimen organizado, lavado de dinero o protección institucional a cárteles locales.
Una de las figuras más mencionadas es la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda, quien habría sido notificada a comienzos de octubre de la revocación de su visa. Si bien la mandataria no se pronunció oficialmente, fuentes diplomáticas en Washington aseguran que el caso está vinculado a investigaciones sobre tráfico de fentanilo y movimientos financieros irregulares en la frontera norte.
La decisión fue interpretada por analistas internacionales como una extensión de la “guerra contra las drogas” al plano político. Desde su regreso al poder, Trump ha reforzado los mecanismos de presión sobre México, combinando operaciones militares en el Caribe, bloqueo de cuentas bancarias y restricciones de entrada a figuras públicas consideradas “de riesgo para la seguridad nacional estadounidense”.
El Departamento de Estado explicó que la revocación de visas no requiere una acusación penal formal, ya que se trata de una medida soberana que se aplica cuando existen informes de inteligencia que vinculan a un ciudadano extranjero con actividades ilícitas. “La decisión se adopta por razones de seguridad y política exterior, no como sanción judicial”, indicó un portavoz citado por Reuters.
La reacción del gobierno mexicano fue cautelosa. Desde la Cancillería, un comunicado oficial expresó que México “toma nota de las decisiones internas de Estados Unidos” y recordó que la emisión o revocación de visas es un acto unilateral y discrecional. No obstante, fuentes políticas reconocen preocupación en el Palacio Nacional, donde temen que la medida escale en medio de un contexto electoral en ambos países.
Para Washington, el endurecimiento de su política hacia México responde a la necesidad de mostrar resultados concretos frente al incremento del tráfico de fentanilo y a la expansión de los cárteles en el continente. En lo que va del año, la DEA reportó un aumento del 30 % en las incautaciones de metanfetaminas y cocaína en rutas hacia Estados Unidos, y señaló que gran parte del flujo “se mantiene gracias a la complicidad institucional y la corrupción política”.
La medida podría generar consecuencias diplomáticas de largo alcance. En México, varios legisladores de oposición reclamaron explicaciones públicas y exigieron conocer los nombres de los afectados. “Si hay funcionarios vinculados con el crimen organizado, la ciudadanía debe saberlo; si no, estamos frente a un uso político de las relaciones internacionales”, advirtió un senador del PRI en declaraciones a la prensa local.
Analistas regionales sostienen que esta ofensiva de Trump tiene un doble objetivo: limpiar la relación bilateral de actores sospechosos y presionar al gobierno de López Obrador para intensificar las acciones de control fronterizo. La estrategia se complementa con las operaciones navales en el Caribe y el Golfo de México, donde Estados Unidos ya desplegó unidades de interdicción para interceptar cargamentos de droga procedentes de Sudamérica.
Por ahora, ni la Casa Blanca ni la Embajada estadounidense en México han confirmado los nombres de los sancionados ni la duración de las restricciones. Pero el mensaje político quedó claro: quien mantenga vínculos con el narcotráfico quedará fuera de los canales diplomáticos y económicos de Estados Unidos.
Esta revocación masiva de visas marca un giro en la política exterior de Trump hacia América Latina: una diplomacia de castigo, más orientada a la presión individual que a la negociación institucional. En un momento donde la lucha contra el crimen organizado atraviesa fronteras y gobiernos, Washington apuesta a una señal dura que redefine el tablero político regional.


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