La tensión cambiaria no cede: Estados Unidos volvió a intervenir en el mercado, pero el dólar cerró en alza

El Tesoro norteamericano volvió a operar en el mercado argentino con el objetivo de contener la volatilidad cambiaria. Sin embargo, la presión compradora fue más fuerte: el dólar oficial subió a $1.425 y los financieros acompañaron la tendencia. La incertidumbre electoral y la demanda de cobertura sostienen el clima de tensión.

Economía16 de octubre de 2025Alejandro CabreraAlejandro Cabrera
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Dolar

La jornada cambiaria de este jueves volvió a mostrar los límites de la intervención oficial. Pese a un nuevo intento de contención por parte del Tesoro de los Estados Unidos, que habría vendido alrededor de 120 millones de dólares a través de bancos de primera línea, la divisa norteamericana cerró en alza y confirmó que el escenario de volatilidad está lejos de disiparse. La maniobra, inédita por su frecuencia y magnitud, se repite por tercer día consecutivo y revela el nivel de preocupación de Washington frente a la inestabilidad argentina en la antesala de las elecciones legislativas.

El tipo de cambio mayorista escaló hasta los $1.402, lo que implica un incremento del 1,6 %, mientras que el dólar oficial minorista cerró en $1.425 en el Banco Nación. Los dólares financieros acompañaron el movimiento: el MEP cerró cerca de $1.465 y el contado con liquidación superó los $1.480, ampliando la brecha respecto del tipo de cambio oficial. En el mercado informal, el llamado “blue” volvió a moverse y se ubicó por encima de los $1.520, lo que refuerza la percepción de que el equilibrio cambiario sigue siendo inestable.

La operatoria del Tesoro estadounidense tuvo como objetivo frenar el impulso especulativo y dar señales de confianza a los inversores. Fuentes del mercado aseguraron que las órdenes de venta se canalizaron mediante entidades locales con mandato externo, en coordinación con operaciones de cobertura del Banco Central. Sin embargo, el volumen resultó insuficiente para contrarrestar la presión de demanda que persiste desde comienzos de octubre, cuando la expectativa electoral y las dudas sobre el flujo de dólares comerciales comenzaron a generar una escalada en la cotización.

La reacción del mercado fue inmediata. En las mesas de dinero se multiplicaron las órdenes de cobertura, impulsadas por la percepción de que el Gobierno argentino no puede sostener el tipo de cambio con recursos propios y depende cada vez más del financiamiento internacional. El efecto psicológico de la intervención norteamericana tuvo un impacto efímero: moderó la volatilidad intradiaria, pero no logró cambiar la tendencia de fondo. Al cierre, los operadores coincidieron en que la señal más importante no fue el volumen vendido, sino la confirmación de que Estados Unidos seguirá activo en el monitoreo de la plaza local.

El contexto global tampoco ayuda. El fortalecimiento del dólar a nivel internacional, impulsado por las expectativas de que la Reserva Federal mantendrá las tasas en niveles altos por más tiempo, refuerza la presión sobre las monedas emergentes. En América Latina, las divisas regionales cerraron con resultados mixtos: el real brasileño se mantuvo estable, mientras el peso chileno y el colombiano retrocedieron frente al billete verde. Argentina, por su parte, sigue mostrando una fragilidad mayor debido al bajo nivel de reservas netas y al clima político interno.

La persistencia de la tensión cambiaria tiene varias causas simultáneas. Por un lado, la dolarización preventiva de carteras ante la proximidad electoral. Por otro, la escasa oferta genuina de divisas del sector exportador, que se retrae a la espera de un tipo de cambio más competitivo. A eso se suma el aumento de la demanda por importaciones de energía y la salida de fondos de inversión que habían ingresado durante los meses de mayor estabilidad. Todo eso genera un cóctel que ni las intervenciones externas logran desactivar completamente.

En el plano político, la lectura es doble. Mientras el Gobierno busca exhibir respaldo internacional como señal de confianza, la oposición interpreta la participación del Tesoro norteamericano como un síntoma de debilidad estructural. La coordinación entre Washington y Buenos Aires, que ya había sido anticipada tras la visita de Luis Caputo al Departamento del Tesoro, se presenta oficialmente como una “asistencia técnica de estabilización”. Sin embargo, en la práctica, funciona como un salvavidas financiero para moderar los picos de demanda.

El impacto sobre las expectativas se traslada de inmediato al mercado de bonos. Los títulos soberanos en dólares registraron caídas de entre 0,7 % y 1,2 %, reflejando la persistencia del nerviosismo. El riesgo país volvió a superar los 1.900 puntos básicos, mientras las acciones argentinas en Wall Street mostraron un retroceso generalizado, especialmente en el sector energético y bancario. Los analistas coinciden en que el principal factor que pesa sobre las valuaciones es la incertidumbre política y la falta de un ancla fiscal creíble para 2026.

En este escenario, el rol del Tesoro estadounidense aparece como una pieza más dentro de un tablero complejo. No se trata de una intervención directa sobre la política monetaria argentina, sino de un apoyo táctico en momentos críticos. Sin embargo, su reiteración marca un cambio cualitativo: la administración de Joe Biden parece dispuesta a evitar un colapso cambiario en Argentina antes de las elecciones, consciente de que una nueva crisis podría tener efectos desestabilizadores en la región. Las autoridades argentinas, por su parte, destacan el gesto como una muestra de confianza y cooperación estratégica.

La pregunta que se abre es cuánto tiempo puede sostenerse este esquema. Con un mercado dolarizado en expectativas, reservas ajustadas y una demanda estructural que no cede, las intervenciones externas solo compran tiempo. Los operadores locales coinciden en que, mientras no se despeje el panorama político y económico, cualquier respiro será temporal. El mercado parece haber aprendido que las señales externas son útiles, pero no suficientes.

En definitiva, la jornada volvió a confirmar que la tensión cambiaria sigue intacta. Las operaciones del Tesoro norteamericano alivian el corto plazo, pero no cambian las fuerzas de fondo que impulsan la demanda de dólares. El cierre en alza del tipo de cambio muestra que el equilibrio aún no aparece en el horizonte y que, pese a las señales oficiales, la desconfianza sigue siendo el verdadero motor del mercado.

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