
El consumo en Argentina sigue débil: las ventas de Reyes confirman un patrón de gasto ajustado
Alejandro Cabrera
El balance general de la fecha mostró un desempeño apenas positivo en términos de unidades vendidas, pero con una contracara contundente: el dinero que las familias destinaron a los regalos fue significativamente menor que el año anterior. La comparación interanual refleja un crecimiento marginal de las ventas, insuficiente para compensar la caída real del consumo.
El dato más relevante fue el derrumbe del ticket promedio, que pasó a niveles sensiblemente inferiores respecto del año pasado. En términos reales, la contracción fue pronunciada y dejó en evidencia que el consumo se sostiene más por inercia cultural que por una mejora efectiva de los ingresos.
Más compras, pero de menor valor
El comportamiento del consumidor durante Reyes mostró una tendencia que ya se viene repitiendo en otras fechas comerciales: se compran regalos, pero se eligen opciones más económicas. Las familias ajustan el presupuesto, buscan precios bajos, comparan más y resignan calidad o cantidad para cumplir con la tradición sin desbordar el gasto.
Este fenómeno explica por qué algunos comercios lograron sostener el volumen de ventas, pero no su facturación. El crecimiento en unidades no se tradujo en un aumento real de ingresos, lo que afecta especialmente a los pequeños y medianos comercios, con márgenes cada vez más estrechos.
En muchos casos, los comerciantes señalaron que la fecha tuvo un impacto menor al esperado o directamente irrelevante, algo impensado años atrás, cuando Reyes funcionaba como un segundo impulso fuerte luego de Navidad.
El consumo no solo fue bajo, sino también fragmentado. La mayoría de los comercios registró ventas iguales o inferiores a las previstas, lo que refuerza la idea de un mercado interno todavía frágil. Solo una minoría logró superar expectativas, generalmente asociada a productos de bajo costo o promociones muy agresivas.
Los rubros vinculados a artículos accesibles mostraron un mejor desempeño relativo, mientras que aquellos asociados a gastos considerados prescindibles registraron caídas. Indumentaria y calzado, por ejemplo, quedaron relegados frente a opciones más económicas o directamente fuera de la decisión de compra.
Esta selectividad marca un cambio estructural en el patrón de consumo: el gasto discrecional se reduce y las decisiones se toman con mayor cautela, incluso en fechas tradicionalmente asociadas al regalo.
El peso del financiamiento y la falta de liquidez
Otro rasgo central del Día de Reyes fue la fuerte dependencia del crédito. La mayoría de las operaciones se realizó con tarjeta, mientras que el uso de efectivo fue marginal. Esto indica una falta de liquidez en los hogares y una creciente utilización del financiamiento para sostener el consumo básico.
Si bien las cuotas permiten mantener cierto nivel de actividad comercial, también trasladan el problema hacia adelante. Las familias acumulan compromisos futuros que condicionan su capacidad de gasto en los meses siguientes, reforzando un círculo de consumo contenido.
Este comportamiento también explica por qué, aun con promociones y planes de pago, el gasto total no logra despegar.
Reyes como termómetro del año
El resultado de las ventas de Reyes funciona como una señal temprana de lo que puede esperarse para el consumo en los primeros meses del año. La combinación de inflación acumulada, ingresos ajustados y prioridades financieras deja poco margen para una recuperación rápida del mercado interno.
Aunque el consumo no desaparece, se transforma: es más racional, más defensivo y mucho menos expansivo. Las familias intentan sostener hábitos y tradiciones, pero lo hacen con un esfuerzo cada vez mayor y con presupuestos claramente limitados.
En ese contexto, Reyes ya no actúa como un motor comercial fuerte, sino como un reflejo de una economía donde el gasto se mantiene a flote, pero sin capacidad real de crecimiento. El consumo argentino entra en 2026 mostrando resistencia, pero también agotamiento.


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