
La inflación de noviembre fue de 2,5% y acumuló 31,4% en los últimos doce meses
Alejandra Larrea
El Gobierno sumó un nuevo dato favorable en su estrategia de estabilización económica: la inflación de noviembre fue del 2,5%, marcando una continuidad en el sendero descendente que se viene registrando en los últimos meses. Con este resultado, la suba de precios interanual quedó en 31,4%, el nivel más bajo desde la salida de la pandemia.
El dato llega en un contexto de fuerte contracción del consumo, moderación del tipo de cambio y un esquema de control de tarifas que viene funcionando como ancla nominal. La pregunta ahora es si esta dinámica puede sostenerse durante el verano, cuando estacionalmente se recalientan precios de bienes y servicios vinculados al turismo, alimentos y transporte.
Un 2,5% que consolida la baja mensual
El IPC de noviembre confirmó la desaceleración respecto a los meses anteriores. Aunque aún existen presiones de costos, especialmente en productos importados y en sectores donde los márgenes fueron ajustados, la inflación núcleo también mostró una mejora.
Las principales categorías que traccionaron el índice fueron alimentos con subas moderadas, servicios regulados casi sin variación y aumentos puntuales en salud y educación privada. El dato más relevante para los analistas es que las variaciones semanales muestran una menor dispersión, signo de que la inercia inflacionaria continúa debilitándose.
La inflación interanual cae a 31,4%: qué significa
El dato interanual permite dimensionar el cambio de tendencia. Con 31,4%, la inflación anualizada se acerca a niveles previos a la crisis de precios de 2022–2023. Este descenso se explica por una combinación de factores: caída del consumo real, estabilidad del dólar oficial, política monetaria contractiva y un programa fiscal que prioriza equilibrio para evitar saltos en expectativas.
Para el Gobierno, este resultado respalda la idea de que la economía está entrando en un período de estabilización, aunque con costos: la demanda interna se encuentra deprimida y la recuperación depende de que el proceso de desinflación no genere un freno prolongado en el nivel de actividad.
Salarios, consumo y precios: tensiones abiertas
La desaceleración inflacionaria no elimina el problema del poder adquisitivo. En varios sectores, los salarios continúan corriendo por detrás de los precios acumulados. La recuperación del ingreso real es débil y afecta directamente al consumo masivo, que se mantiene en niveles bajos.
Además, existen sectores que advierten que la estabilidad de precios depende de variables que pueden cambiar rápidamente: eventuales ajustes de tarifas, actualización de combustibles, presión del dólar en caso de shocks externos o correcciones de márgenes empresariales.
El dato del 2,5% no garantiza estabilidad estructural, pero sí marca un cambio de dinámica frente al ciclo de alta inflación previo.
Expectativas hacia fin de año y el inicio de 2026
Los analistas prevén que diciembre podría mostrar una leve aceleración por razones estacionales: mayor demanda de alimentos, subas en turismo, variación en bienes dolarizados y ajustes típicos de fin de año. Sin embargo, no se espera un salto brusco como en años anteriores si se mantienen las condiciones macro actuales.
Para 2026, el desafío será sostener la desinflación con una economía que necesita reactivarse. El equilibrio entre precios, salarios y recomposición del consumo será clave. Una inflación ordenada pero con actividad deprimida no logra mejoras sociales ni electorales; una reactivación sin control nominal podría volver a tensionar el IPC.
Por ahora, el dato de noviembre fortalece la narrativa oficial: una inflación en retroceso y un esquema de estabilización que empieza a mostrar consistencia estadística.


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