
El Canciller Gerardo Werthein renuncia antes de las elecciones
Alejandra Larrea
Gerardo Werthein comunicó al presidente Javier Milei que dejará su cargo como canciller, en un momento crítico para la administración nacional. La declaración se produce cuando el Gobierno atraviesa una tensión política anticipada ante las elecciones legislativas del próximo domingo y un reordenamiento de ministros que el propio mandatario había puesto en agenda. Su salida deja en evidencia las pugnas internas en el oficialismo y la urgencia de reafirmar el rumbo exterior antes del nuevo tramo de gestión.
Werthein asumió la Cancillería en noviembre de 2024, reemplazando a Diana Mondino, y se mantuvo al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores hasta presentar su renuncia este miércoles. La decisión se encuentra articulada con el plan de gabinete que Milei había comunicado previamente: “El 26 a la noche, con todos los números, veré qué tipo de entramado necesito para lograr los objetivos”. En ese sentido, la renuncia se integra como parte del ajuste ministerial que se activará una vez pasados los comicios.
La salida llega en un contexto de cuestionamientos hacia el canciller por su gestión de la diplomacia argentina —especialmente tras la reunión con el presidente estadounidense Donald Trump— y sus vínculos con el entorno cercano al Presidente. Se menciona que la presión del asesor Santiago Caputo y de sectores más alineados al líder libertario jugaron un rol en la decisión de Werthein. Su dimisión será formalmente efectiva a partir del próximo lunes, una vez que se alcancen los resultados electorales.
Esta transición pone de manifiesto que la política exterior ya no es un área lateral, sino una palanca estratégica de la administración. La nueva etapa exigirá una Cancillería que tenga interlocución global, atraiga inversiones, gestione crisis diplomáticas y coordine alianzas que refuercen la agenda de reformas internas. El nombre que sustituya a Werthein definirá el perfil internacional que Argentina adoptará: continuidad sin fisuras o revisión de dirección.
En paralelo, el Gobierno debe asegurar que la transición ministerial no genere vacíos operativos en la red diplomática, no afecte negociaciones en curso y preserve el mensaje al exterior de que la Argentina es un socio estable. Este mantenimiento de credibilidad, mientras el tablero político se reconfigura, será uno de los desafíos inmediatos del nuevo equipo.
La renuncia de Gerardo Werthein abre una puerta al recambio que el Gobierno ya anticipaba. La Cancillería se convierte en uno de los espacios de mayor atención para definir la proyección internacional de Argentina. Y en los próximos días, el nombre del sucesor dará la señal más clara sobre el rumbo que tomará la diplomacia en la “segunda generación” del mandato presidencial.


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