
Santilli vuelve al PRO para contener la interna y evitar una ruptura en pleno reordenamiento político
Alejandro CabreraEl regreso no es solo una foto. Es una señal política en un momento delicado. Diego Santilli volvió a sentarse en una mesa del PRO después de meses de distancia, en una reunión que expuso tanto la necesidad de recomponer vínculos como la profundidad de las tensiones internas que atraviesa el espacio. No fue un encuentro más, sino el reconocimiento de que el equilibrio entre el PRO y el gobierno de Javier Milei está lejos de estar resuelto.
La escena condensa varias capas al mismo tiempo. Santilli hoy es ministro del Interior y, por lo tanto, una pieza clave dentro del esquema de poder nacional, pero también sigue siendo una figura central del PRO bonaerense. Esa doble pertenencia lo convierte en un actor bisagra, pero también en alguien obligado a administrar tensiones que no siempre son compatibles. Su presencia en la reunión buscó justamente eso: ordenar un vínculo que empezó a mostrar fisuras en el territorio.
El malestar dentro del PRO no es nuevo, pero se viene acumulando. Intendentes y dirigentes del partido arrastran reclamos vinculados a la falta de obra pública, a deudas pendientes y, sobre todo, al comportamiento político de La Libertad Avanza en los distritos. La percepción que se instaló es que, mientras el PRO colabora a nivel nacional para garantizar gobernabilidad, en el plano local los libertarios actúan como una oposición directa, incluso más dura que el propio peronismo.
Esa contradicción es el núcleo del conflicto.
Una interna atravesada por la relación con Milei
El PRO enfrenta hoy una discusión estructural que no logra resolver: cómo posicionarse frente al gobierno de Milei. Hay sectores que apuestan a profundizar la alianza, entendiendo que comparten un electorado y una agenda común, especialmente en términos económicos. Pero hay otros que empiezan a marcar distancia, no solo por diferencias estratégicas, sino por el costo político de una relación que no siempre es equilibrada.
Esa tensión se expresa en todos los niveles. En el Congreso, en los territorios y en la conducción partidaria. La reunión en la que participó Santilli fue, en ese sentido, un intento de canalizar ese conflicto sin llevarlo a una ruptura. La estrategia es clara: contener la interna antes de que escale.
El problema es que el conflicto no es solo discursivo. Tiene consecuencias concretas en la gestión y en la política territorial. Los intendentes sienten que pierden margen de maniobra en sus distritos, mientras que el partido empieza a mostrar dificultades para construir una posición unificada frente al oficialismo.
Santilli aparece en ese escenario como un moderador. No porque tenga una solución definitiva, sino porque su perfil le permite dialogar con ambos lados. Es parte del gobierno, pero también del PRO. Esa dualidad es su principal activo, pero también su mayor desafío.
2027 en el horizonte y una estrategia en construcción
Más allá del presente, la discusión tiene un horizonte claro: la elección de 2027 en la provincia de Buenos Aires. Ahí se define gran parte del poder político nacional, y tanto el PRO como La Libertad Avanza saben que no pueden competir fragmentados si quieren disputar ese territorio.
La reunión no fue solo para bajar tensiones actuales. Fue, sobre todo, para empezar a construir una estrategia común a futuro. La idea de una alianza electoral sigue sobre la mesa, pero todavía no tiene forma definida. Y en ese proceso, las diferencias actuales funcionan tanto como obstáculo como punto de negociación.
Santilli, en ese esquema, aparece como uno de los nombres posibles para encabezar esa construcción. Su cercanía con el oficialismo y su peso dentro del PRO lo posicionan como un candidato natural para una eventual síntesis entre ambos espacios.
Pero esa síntesis no está garantizada.
El PRO atraviesa una etapa de redefinición donde necesita resolver su identidad. No es solo una discusión sobre alianzas, sino sobre el rol que quiere ocupar en el nuevo mapa político. Si va a ser un socio estable del gobierno, una oposición moderada o un espacio que recupere autonomía.
La reunión dejó una imagen de intento de orden, pero también de fragilidad. El equilibrio existe, pero es inestable. Y en política, cuando el equilibrio depende de demasiadas variables, siempre está en riesgo.
Santilli volvió a la mesa del PRO, pero el problema no era su ausencia.
Era lo que estaba pasando mientras no estaba.


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