
Santiago Caputo vs. Martín Menem: la interna libertaria que ya no se puede esconder
Alejandro CabreraEl dato importante para contar al aire es que esto no es una simple pelea tuitera. Lo que aparece detrás es la disputa por el poder real dentro del Gobierno de Milei. De un lado está Santiago Caputo, asesor presidencial, estratega de comunicación, hombre de influencia directa sobre el Presidente y figura central del ecosistema de “Las Fuerzas del Cielo”. Del otro lado aparece Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados, junto a Eduardo “Lule” Menem y bajo el paraguas político de Karina Milei, que es quien maneja el armado partidario, la estructura territorial y buena parte de la lapicera política de La Libertad Avanza.
Martín Menem negó estar detrás de la cuenta, aunque admitió que hubo un “error involuntario” de su encargado de redes. Esa explicación no alcanzó para cerrar la crisis, porque la cuenta fue eliminada y eso alimentó todavía más las sospechas del sector de Caputo. En el mundo libertario, donde la batalla digital es parte central de la identidad política, borrar una cuenta en medio de un escándalo se leyó casi como una confesión, o al menos como una señal de debilidad.
El punto más delicado es que Caputo no apuntó contra un dirigente menor. Martín Menem es el presidente de Diputados, una pieza clave para sacar leyes, ordenar el bloque oficialista y negociar con aliados. Si el Gobierno necesita mostrar gobernabilidad, no puede aparecer con su asesor presidencial cruzando públicamente al titular de la Cámara baja. La escena expone un problema de autoridad: Milei tiene poder presidencial, pero su espacio todavía parece funcionar con tribus que se disputan la cercanía al líder.
La interna tiene además una línea roja: Karina Milei. Caputo puede chocar con Martín Menem, puede cuestionar a los Menem, puede dejar trascender malestar con el armado político, pero sabe que confrontar directamente con Karina es otra cosa. Karina es “El Jefe”, la hermana del Presidente y la figura que Milei considera central en su construcción política. Por eso la pelea se expresa contra Menem, contra Lule o contra operadores, pero en el fondo toca una pregunta mucho más incómoda: cuánto poder tiene Karina, cuánto poder tiene Caputo y quién interpreta realmente la voluntad de Milei.
Para el programa, el eje es este: el Gobierno intenta hablar de economía, baja de inflación, orden fiscal y reformas, pero la política interna le está comiendo la agenda. Mientras Milei necesita mostrar que controla el proceso, la pelea entre Caputo y Menem muestra un oficialismo que todavía no resolvió su propia arquitectura de poder. No es solo una disputa de egos: es una pelea entre dos formas de gobernar. Caputo representa la épica comunicacional, la batalla cultural, la lógica de confrontación y el manejo de redes. Los Menem representan el armado institucional, el Congreso, el partido, los cargos y la organización territorial.
La contradicción es que Milei necesita a los dos sectores. Necesita a Caputo para sostener el relato, ordenar la comunicación y mantener viva la identidad combativa del mileísmo. Pero también necesita a Karina y a los Menem para tener partido, fiscales, estructura, gobernabilidad parlamentaria y volumen político. Si el Presidente se inclina demasiado hacia un lado, puede romper el equilibrio interno. Si no arbitra, la interna puede seguir escalando.
Esto también afecta la relación con aliados externos. El PRO, gobernadores y bloques dialoguistas miran esta pelea con atención porque necesitan saber quién decide realmente en el oficialismo. Si cada negociación queda atravesada por la pregunta de si manda Karina, Caputo, Menem o Milei directamente, la gobernabilidad se vuelve más frágil. En política, la incertidumbre interna siempre encarece cualquier acuerdo.
Otro punto fuerte para contar es que el conflicto muestra el lado oscuro del método libertario. Durante años, el mileísmo usó las redes para instalar agenda, atacar adversarios, marcar enemigos y disciplinar a la política tradicional. Pero ahora esa misma lógica se volvió hacia adentro. La herramienta que antes servía para ganar la conversación pública ahora también sirve para exponer fracturas internas. La batalla cultural empezó a comerse al propio oficialismo.
La frase para ordenar el bloque podría ser: “La interna libertaria dejó de ser un ruido de fondo y pasó a ser un problema de gobernabilidad”. Porque no se trata solamente de Rufus, de una cuenta fake o de un cruce entre dirigentes. Se trata de un Gobierno que necesita autoridad para sostener un ajuste duro, negociar leyes y ordenar expectativas económicas, pero que aparece discutiendo públicamente quién maneja las cuentas, quién opera, quién arma y quién tiene llegada directa al Presidente.
El cierre del tema es que Milei enfrenta una decisión incómoda: intervenir y ordenar, o dejar que las facciones se desgasten entre sí. Intervenir implica elegir y puede lastimar a una parte de su propio dispositivo de poder. No intervenir implica permitir que la interna siga creciendo y que cada episodio de redes se transforme en una crisis política. En cualquier caso, la pelea Caputo-Menem ya dejó una imagen difícil de borrar: un Gobierno que se presenta como vertical, disciplinado y decidido, pero que por dentro empieza a mostrar grietas cada vez más visibles.


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