Milei puso 2027 en juego y cerró la puerta a cualquier cambio económico: “Si no ganamos, como sociedad estamos decidiendo suicidarnos”

Javier Milei convirtió el cierre del foro “Vientos de Cambio” en uno de sus discursos más explícitamente electorales del último tiempo. Admitió que sin resultados concretos será difícil conseguir nuevamente el apoyo social, pero descartó utilizar el año previo a las presidenciales para flexibilizar el ajuste fiscal o la política monetaria. Defendió a Luis Caputo, reivindicó el déficit cero, aseguró haber sacado a 14 millones de personas de la pobreza, prometió crecimiento del 7% u 8% si consigue un segundo mandato y volvió a cargar contra periodistas y empresarios. El mensaje hacia 2027 quedó planteado sin demasiados matices: Milei quiere que la elección funcione como un plebiscito entre continuar con su modelo o regresar a lo que define como el fracaso del pasado.
Política02 de septiembre de 2026Alejandro CabreraAlejandro Cabrera

Javier Milei ya empezó a hablar como candidato a la reelección. Este miércoles cerró en el Hotel Sheraton el encuentro internacional “Vientos de Cambio: Avanza la Libertad en Argentina y las Américas”, organizado por la Fundación Libertad y Progreso junto con Archbridge Institute y Reason Foundation, y utilizó buena parte de su intervención para plantear cuál será probablemente el argumento central de La Libertad Avanza durante 2027: el Gobierno no piensa modificar su programa económico para llegar más cómodo a las elecciones y pretende que sean los propios votantes quienes decidan si quieren mantener ese rumbo. La definición más extrema llegó cuando afirmó que, si el oficialismo pierde, será porque los argentinos habrán elegido otro camino: “Si no ganamos es porque, como sociedad, estamos decidiendo suicidarnos”. También remarcó que la política debe conseguir convertir las ideas en resultados electorales concretos.

No fue simplemente otra defensa del equilibrio fiscal. Milei reconoció, posiblemente con mayor claridad que en otras intervenciones recientes, que las ideas y la batalla cultural no son suficientes para asegurar la continuidad política de un proyecto si la población no percibe resultados. Ese punto resulta especialmente relevante después de las discusiones internas que atravesaron al oficialismo durante agosto, cuando incluso dirigentes intelectualmente cercanos al Presidente, como Agustín Laje, comenzaron a advertir sobre la necesidad de que los logros macroeconómicos lleguen al “metro cuadrado” de los ciudadanos. Milei lo formuló esta vez de manera directa: “Si nosotros no mostramos resultados se hace difícil acompañar”, y reconoció así que el respaldo electoral de 2027 dependerá también de la capacidad del Gobierno para transformar la estabilización en mejoras visibles.

La admisión, sin embargo, no vino acompañada por una promesa de modificar el programa para acelerar esa respuesta. Al contrario. Milei contó que dentro y fuera del oficialismo existen personas que, pensando precisamente en asegurar la reelección, recomiendan cierta flexibilización económica a medida que se aproxima el año electoral. Su respuesta fue tajante. El Presidente aseguró que “el resultado fiscal no se negocia” y prometió mantener la actual política monetaria hasta completar el proceso desinflacionario: “no vamos a parar hasta terminar de derrotar la inflación”. Más adelante resumió la filosofía con otra sentencia: “Las buenas políticas no se negocian”.

El mensaje marca una decisión política importante porque plantea que Milei no quiere repetir la estrategia habitual de numerosos gobiernos argentinos, que históricamente incrementaron gasto, crédito o transferencias durante los períodos preelectorales buscando mejorar temporalmente la actividad y el consumo. La apuesta libertaria es exactamente la inversa: sostener la disciplina fiscal y monetaria incluso si eso implica llegar a la campaña atravesando reclamos de sectores productivos, consumidores o provincias. Milei presentó esa decisión no solamente como una cuestión técnica, sino como una obligación moral. Según su interpretación, hay herramientas que un gobierno podría utilizar electoralmente pero que él considera incompatibles con su concepción de la libertad. En ese marco volvió a decir que “al populismo no se le gana haciendo populismo” y afirmó que algunas herramientas disponibles son “moralmente despreciables”.

La exposición estuvo atravesada así por una tensión que probablemente defina todo el último tramo de su primer mandato. Milei reconoce que necesita resultados para ser reelegido, pero simultáneamente rechaza modificar las políticas que considera necesarias para obtenerlos en el largo plazo. La apuesta consiste en que durante los próximos quince meses la economía consiga traducir la estabilidad macroeconómica en actividad, empleo, salarios y consumo suficientes como para que la sociedad considere que vale la pena continuar el proceso. Si eso no ocurre, el Presidente parece dispuesto igualmente a llegar a las urnas defendiendo el mismo esquema y trasladar la decisión final a los votantes.

Déficit cero, pobreza y crecimiento: los números con los que Milei quiere llegar a 2027

Milei aprovechó la intervención para construir también el balance económico con el que pretende competir el próximo año. Recordó que recibió un déficit fiscal y reivindicó haber conseguido equilibrio financiero mucho antes de lo que pronosticaban economistas y opositores. Volvió a atribuir buena parte de ese resultado a Luis Caputo, a quien elogió extensamente, y aseguró que el Gobierno consiguió además eliminar en seis meses el desequilibrio cuasifiscal del Banco Central sin recurrir a mecanismos como el Plan Bonex, el corralito o una reestructuración forzada de depósitos. Para Milei, esa diferencia resulta central porque le permite sostener que el ajuste se hizo sin vulnerar directamente derechos de propiedad de los ahorristas, un principio que coloca en el centro de su concepción económica.

El Presidente volvió también sobre la pobreza, uno de los datos que más utiliza para defender su administración. Afirmó que el índice llegó después del sinceramiento inicial de precios a valores cercanos al 53% y sostuvo que actualmente ronda el 28%, de lo que deriva su afirmación de que aproximadamente 14 millones de personas salieron de la pobreza. En el discurso resumió ese desempeño diciendo que el Gobierno consiguió una reducción social que, desde su perspectiva, recibiría una valoración completamente diferente si hubiera sido alcanzada por el peronismo. También proyectó que, si se cumplen las previsiones oficiales, el PBI terminará su primer mandato con una expansión acumulada cercana al 17%, que describió como muy superior a la de las economías de la OCDE.

Aquí conviene introducir una precisión importante. El último dato oficial de pobreza disponible del INDEC corresponde todavía al segundo semestre de 2025 y ubicó al 28,2% de las personas bajo la línea de pobreza, frente al 52,9% registrado durante el primer semestre de 2024. El informe correspondiente al primer semestre de 2026 recién está previsto para el 24 de septiembre. Por lo tanto, cuando Milei habla actualmente de un 28% y de 14 millones de personas que habrían salido de la pobreza, está utilizando la evolución que su Gobierno viene calculando a partir del fuerte descenso respecto del pico alcanzado después de la devaluación inicial, pero todavía no existe un nuevo dato semestral oficial del INDEC que permita actualizar esa fotografía a mediados de 2026.

La mejora respecto del pico de pobreza de 2024 es de todos modos indiscutible en las estadísticas oficiales. Lo que continúa abierto es la discusión sobre la situación microeconómica actual. La desocupación fue del 7,8% durante el primer trimestre de este año y en julio la inflación volvió a ubicarse en 2,1% mensual, todavía muy lejos de los niveles encontrados por Milei al asumir pero por encima de la velocidad de desinflación que el Gobierno busca conseguir. Esa combinación explica por qué el Presidente insiste en que la etapa actual debe ser evaluada como parte de un proceso que todavía no terminó.

También defendió la evolución del empleo y contrapuso el ajuste estatal con la generación de puestos privados. Durante su intervención habló de “más de 70.000 empleados públicos” menos y sostuvo que el sector privado habría generado alrededor de 600.000 empleos. Ese punto será uno de los más importantes para seguir durante los próximos meses porque las distintas estadísticas laborales no necesariamente capturan lo mismo: una cosa es empleo asalariado privado registrado, otra el total de trabajadores privados y otra la generación de ocupaciones incluyendo modalidades informales o independientes. En sectores industriales, por ejemplo, los datos recientes muestran todavía pérdidas de puestos formales, mientras energía, minería y otras ramas vinculadas con inversión y exportaciones presentan una dinámica bastante diferente.

Milei llevó esa proyección económica mucho más lejos. Sostuvo que, si consigue la reelección y logra mantener políticamente a raya a quienes se oponen a sus reformas, la Argentina podría comenzar a crecer a tasas de 7% u 8% anual y convertirse en una de las grandes potencias mundiales dentro de aproximadamente tres décadas. No se trata de una previsión consensuada entre organismos internacionales, sino de la proyección del propio Presidente sobre lo que considera posible si se mantienen sus reformas, apertura económica, acumulación de capital y estabilidad macroeconómica. La frase revela la dimensión que quiere darle a la elección de 2027: no discutir simplemente quién administrará los siguientes cuatro años, sino presentar la continuidad libertaria como la condición para desarrollar un modelo de crecimiento de muy largo plazo.

El Presidente repasó también la agenda legislativa con la que pretende profundizar esa transformación. Mencionó la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, Inocencia Fiscal II, acuerdos internacionales sobre patentes y el tratado con Singapur. El objetivo político es instalar que el primer mandato fue esencialmente una etapa destinada a estabilizar y comenzar reformas estructurales y que un segundo período permitiría acelerar el crecimiento con una economía ya ordenada. El razonamiento del Gobierno es conocido: déficit fiscal cero para eliminar la necesidad de emisión, política monetaria restrictiva para terminar con la inflación, reformas para reducir costos y regulaciones, y apertura e inversión para aumentar productividad.

Pero el discurso llegó apenas horas después de una de las críticas empresariales más fuertes que recibió Caputo desde que empezó la gestión. Guillermo Moretti, vicepresidente de la Unión Industrial Argentina, había acusado al equipo económico de desconocer el funcionamiento productivo argentino y había definido al ministro como un trader que no sabe lo que es un torno. Caputo respondió antes de la intervención presidencial y sostuvo que entiende las frustraciones generadas por las transformaciones, pero que su función consiste en representar al conjunto de la población y no únicamente los intereses de determinados sectores empresariales. El choque expone una discusión que probablemente crecerá durante la campaña: qué velocidad debe tener la apertura económica y cuánto tiempo necesita la industria para adaptarse a un esquema de mayor competencia.

Milei también vinculó las resistencias actuales con episodios anteriores de conflictividad política. Recordó el enfrentamiento sufrido por Mauricio Macri alrededor de la reforma previsional de 2017 y sostuvo que su administración enfrentó una reacción comparable después de aprobar la modernización laboral. La diferencia que quiso destacar fue la respuesta política: según su interpretación, Macri retrocedió después de la protesta, mientras que su Gobierno decidió profundizar las reformas. Esa comparación forma parte de una idea que Milei repite desde el comienzo de la gestión: considera que la experiencia de Cambiemos fracasó no necesariamente por intentar reformas equivocadas, sino porque avanzó demasiado gradualmente y cedió frente a la resistencia política y social.

Ese razonamiento también explica por qué el Presidente descarta una flexibilización previa a las elecciones. En su lectura, abandonar aunque sea parcialmente la disciplina fiscal para obtener un beneficio electoral significaría repetir exactamente la lógica que pretende desplazar. Milei está apostando entonces a algo mucho más riesgoso: que la sociedad premie la consistencia incluso cuando existan sectores que todavía no perciban plenamente los beneficios que el Gobierno promete. El mandatario lo reconoció cuando habló de un modelo que supone incertidumbre y riesgo y sostuvo que finalmente deberán ser los argentinos quienes decidan.

Una campaña que volverá a enfrentar dos modelos

El tramo más electoral del discurso no dejó demasiadas dudas sobre cómo piensa Milei organizar la campaña. La Libertad Avanza intentará transformar 2027 en una elección binaria entre continuidad y regreso al pasado. El Presidente descartó la posibilidad de que las distintas ofertas terminen siendo variantes de una misma política y afirmó que esta vez los votantes encontrarán dos caminos claramente diferenciados: de un lado las ideas libertarias y, del otro, el modelo que él considera responsable de la decadencia argentina. En ese contexto fue donde pronunció la frase más polémica de la jornada sobre una sociedad que estaría “decidiendo suicidarse” si rechazara al oficialismo.

La expresión seguramente generará controversia porque atribuye una dimensión casi existencial a una elección democrática. Los votantes no necesariamente rechazan o respaldan gobiernos exclusivamente en función de una evaluación ideológica total; pueden hacerlo por inflación, salarios, inseguridad, corrupción, calidad institucional, candidatos o decenas de variables diferentes. Sin embargo, Milei tiende a interpretar el conflicto político en términos mucho más profundos: libertad contra colectivismo, capitalismo contra socialismo, reformas contra decadencia. Esa estructura discursiva fue central para su ascenso y todo indica que será todavía más intensa en la búsqueda de la reelección.

El discurso incluyó además nuevamente la batalla cultural y la política regional. Milei celebró el desplazamiento hacia la derecha registrado en diferentes países latinoamericanos y sugirió que Brasil podría incorporarse a ese cambio durante sus elecciones de octubre. El mandatario viene construyendo desde hace meses la idea de que su experiencia argentina forma parte de una transformación continental y que las ideas libertarias dejaron de ser marginales para convertirse en una alternativa concreta de gobierno. El propio foro en el que habló fue diseñado con ese objetivo: reunió durante dos días a dirigentes políticos, economistas, empresarios y referentes liberales de Argentina, América Latina y Estados Unidos.

También hubo espacio para otro enfrentamiento habitual: el periodismo. Hacia el final, Milei volvió a acusar a periodistas de apostar al fracaso económico y aseguró que el Gobierno continuará confrontando lo que considera información falsa. El tono se mantiene en línea con las últimas semanas, durante las cuales el Presidente intensificó notablemente sus ataques contra medios y comunicadores. Agencia Noticias Argentinas registró que cerró su intervención atribuyendo a determinados periodistas intenciones de perjudicar al país y contraponiendo esas críticas con los resultados que el oficialismo considera haber conseguido.

Hubo además un breve momento dedicado a Malvinas. Cuando ingresó al salón el canciller Pablo Quirno, Milei hizo una referencia elogiosa a la política internacional del Gobierno, apenas un día antes de la cadena nacional que prepara para este jueves sobre la cuestión de las islas y después de las declaraciones de Donald Trump acerca de una eventual revisión de la posición estadounidense. El episodio fue breve, pero muestra hasta qué punto el Gobierno quiere incorporar también los avances diplomáticos recientes a la construcción política de cara a 2027.

El discurso de este miércoles tuvo, por lo tanto, algo diferente respecto de muchas intervenciones económicas anteriores. Milei no se limitó a enumerar inflación, déficit, pobreza o crecimiento. Empezó a construir explícitamente el argumento electoral que quiere llevar a las presidenciales: reconoce que los argentinos necesitan resultados concretos, asegura que esos resultados ya empezaron a aparecer y promete que serán mucho mayores si obtiene otro mandato, pero al mismo tiempo deja claro que no piensa modificar el programa para facilitar su propia reelección.

La apuesta es políticamente exigente. Si durante los próximos meses bajan la inflación y el riesgo país, crece la actividad, mejoran los ingresos reales y disminuyen las dificultades financieras de las familias, Milei llegará a 2027 con un argumento poderoso: resistió las presiones y el programa finalmente produjo los resultados prometidos. Si esas mejoras no llegan con suficiente velocidad, la misma intransigencia que hoy presenta como una virtud puede convertirse en el principal cuestionamiento de sus adversarios.

Milei parece aceptar conscientemente ese riesgo. Su mensaje fue que no habrá expansión fiscal electoral, relajación monetaria ni cambio de rumbo para asegurar votos. Primero pretende sostener el programa y después someterlo al veredicto electoral.

Por eso la frase más reveladora del discurso quizá no haya sido la más explosiva sobre el supuesto “suicidio” de la sociedad. Fue una bastante más sencilla: si no hay resultados, será difícil que la gente acompañe.

Ahí está condensado el verdadero desafío del Gobierno para los próximos quince meses. No convencer solamente a quienes ya creen en las ideas libertarias, sino conseguir que la estabilidad macroeconómica pueda verse finalmente en la vida cotidiana antes de que los argentinos vuelvan a entrar al cuarto oscuro.

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