Netanyahu vs. Mamdani: Gaza, la CPI y el choque que convirtió a Nueva York en otro frente de la disputa por Israel

Benjamin Netanyahu llevó hasta la Asamblea General de Naciones Unidas su enfrentamiento con Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York y uno de los dirigentes estadounidenses más críticos de la ofensiva israelí en Gaza. Mamdani lo calificó de “criminal de guerra” y durante su campaña prometió explorar su arresto si ingresaba a la ciudad.
Mundo27 de septiembre de 2026Alejandro CabreraAlejandro Cabrera

La escena tuvo un componente político difícil de ignorar. Benjamin Netanyahu estaba hablando ante la Asamblea General de Naciones Unidas, en medio de una fuerte controversia internacional por Gaza y después de que decenas de representantes abandonaran el recinto al comienzo de su intervención. Sin embargo, el primer ministro israelí decidió reservar parte de su discurso para confrontar con un dirigente que ni siquiera pertenece a la política israelí: Zohran Mamdani, alcalde de la ciudad que alberga a la propia ONU.

El enfrentamiento venía creciendo desde mucho antes. Mamdani ha sido uno de los críticos estadounidenses más duros de Netanyahu, respaldó públicamente la actuación de la Corte Penal Internacional y llegó a plantear durante su campaña que, si el mandatario israelí llegaba a Nueva York, su administración buscaría alternativas para hacerlo comparecer ante la Justicia internacional. La propuesta provocó una discusión inmediata porque Estados Unidos no integra la CPI y un alcalde no dispone de atribuciones autónomas para ejecutar una orden de ese tribunal. Con el paso de los meses, Mamdani reconoció esos límites legales, aunque mantuvo intacta su condena política hacia Netanyahu. 

Netanyahu recogió aquella promesa y la convirtió en parte de su ofensiva contra el alcalde. Desde el atril de Naciones Unidas lo acusó de difundir falsedades sobre Israel, lo calificó de antisemita y sostuvo que sus declaraciones contribuían a poner en peligro a los judíos de Nueva York. Mamdani rechaza esa caracterización y sostiene que su crítica está dirigida al Gobierno israelí y a la conducción de la guerra, no al judaísmo ni a la comunidad judía estadounidense. Esa diferencia es hoy uno de los núcleos más sensibles de toda la discusión. 

LAS CLAVES DEL ENFRENTAMIENTO

  • Mamdani llama a Netanyahu “criminal de guerra” y cuestiona duramente la actuación israelí en Gaza.
  • La Corte Penal Internacional mantiene desde noviembre de 2024 una orden de arresto contra Netanyahu por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad.
  • Mamdani prometió durante su campaña explorar su detención si llegaba a Nueva York, pero posteriormente reconoció los límites legales de la Alcaldía.
  • Estados Unidos no es miembro de la Corte Penal Internacional y Washington rechaza que el tribunal pueda imponer ese mandato sobre territorio estadounidense.
  • Netanyahu acusa al alcalde de difundir mentiras sobre Israel y de contribuir al antisemitismo.
  • Mamdani niega esas acusaciones y sostiene que criticar al Gobierno de Israel no equivale a hostilidad contra los judíos.
  • La pelea refleja una discusión cada vez más profunda dentro de Estados Unidos sobre Gaza y sobre el tradicional respaldo político a Israel.

De una discusión sobre Gaza a una pelea personal

Mamdani no apareció repentinamente en el radar de Netanyahu. Desde antes de llegar a la alcaldía había construido una posición política fuertemente crítica hacia el Gobierno israelí y había convertido la situación de los palestinos en una de sus banderas internacionales. Su planteo pertenece a una corriente cada vez más visible dentro de la izquierda estadounidense, particularmente entre votantes jóvenes y dirigentes progresistas que diferencian el reconocimiento del Estado de Israel del respaldo a las decisiones del Gobierno que lo conduce.

Netanyahu, por su parte, viene rechazando desde hace años la idea de que las operaciones israelíes en Gaza constituyan genocidio y sostiene que el objetivo de Israel es destruir la infraestructura militar de Hamas después del ataque del 7 de octubre de 2023. El Gobierno israelí argumenta además que Hamas opera entre la población civil y acusa a sus adversarios internacionales de omitir deliberadamente ese contexto.

Mamdani plantea prácticamente la interpretación opuesta. Considera que la escala de la destrucción, las muertes civiles, el desplazamiento de la población y las restricciones humanitarias convierten la actuación israelí en una violación grave del derecho internacional. Desde esa posición llegó a utilizar la palabra genocidio para referirse a Gaza.

El desacuerdo, por lo tanto, no es solamente diplomático.

Netanyahu y Mamdani parten de interpretaciones radicalmente diferentes sobre qué está haciendo Israel en Gaza y sobre cuáles deberían ser las consecuencias políticas y jurídicas de esas acciones.

La promesa de arrestarlo que convirtió el conflicto en otra cosa

El punto de quiebre llegó cuando Mamdani dejó de hablar solamente de condena política y planteó una eventual acción concreta.

Durante su campaña por la alcaldía sostuvo que respetaría el derecho internacional y que buscaría mecanismos para responder a la orden emitida contra Netanyahu por la Corte Penal Internacional si este ingresaba en Nueva York. El planteo tuvo un fuerte impacto porque Netanyahu viaja habitualmente a la ciudad para asistir a la Asamblea General y porque Estados Unidos es el principal aliado internacional de Israel.

El problema apareció inmediatamente en el terreno jurídico.

Nueva York no funciona como una jurisdicción independiente en política exterior. La detención de un jefe de Gobierno extranjero involucra legislación federal, relaciones diplomáticas, inmunidades y competencias que se encuentran fuera del control directo de un alcalde.

Además, Estados Unidos nunca ratificó el Estatuto de Roma, el tratado que creó la Corte Penal Internacional.

Eso significa que una orden de la CPI no se transforma automáticamente en una orden de detención ejecutable por cualquier policía estadounidense.

Mamdani terminó admitiendo esa realidad. Su administración podía analizar jurídicamente el asunto y expresar respaldo político al tribunal, pero no simplemente enviar a la policía de Nueva York a detener al primer ministro israelí. 

Qué dice realmente la orden contra Netanyahu

El caso también suele mezclarse con conceptos jurídicos diferentes.

La Corte Penal Internacional emitió el 21 de noviembre de 2024 una orden de arresto contra Netanyahu y contra el entonces ministro de Defensa Yoav Gallant. El tribunal sostiene que existen motivos razonables para considerar a Netanyahu presuntamente responsable de crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad vinculados con la campaña en Gaza.

Entre los delitos mencionados aparecen el presunto uso del hambre como método de guerra, ataques contra población civil y los crímenes de lesa humanidad de asesinato, persecución y otros actos inhumanos. Se trata de acusaciones y no de una condena judicial definitiva. Netanyahu las rechaza y cuestiona la jurisdicción de la CPI. 

Hay además una diferencia importante que muchas veces desaparece en el debate público.

La orden de la CPI no acusa a Netanyahu personalmente de genocidio. Esa palabra aparece en otro procedimiento internacional, relacionado con la responsabilidad del Estado de Israel y no con esta orden penal individual.

Por eso, cuando Mamdani habla de genocidio está expresando una caracterización política y jurídica propia sobre Gaza; cuando se refiere a la orden de arresto, está hablando de un procedimiento distinto por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Netanyahu decidió responder desde la ONU

La tensión podía haber quedado como una disputa entre el alcalde y el Gobierno israelí. Netanyahu eligió otra estrategia.

Durante su intervención ante Naciones Unidas transformó a Mamdani en parte de su discurso internacional.

Lo acusó de difundir mentiras sobre la actuación israelí y utilizó contra él una de las acusaciones políticamente más graves posibles en Nueva York: antisemitismo. Además, sostuvo que las declaraciones del alcalde podían incrementar los riesgos que enfrenta la comunidad judía de la ciudad. AP News

La elección del escenario fue especialmente significativa.

No estaba hablando desde Jerusalén.

Tampoco desde una conferencia partidaria.

Netanyahu estaba dentro de Naciones Unidas, en territorio neoyorquino y a pocos kilómetros de la sede del Gobierno municipal de Mamdani.

El mensaje tenía así una dimensión doble: responder a las críticas internacionales contra Israel y desafiar directamente al dirigente que había hablado de detenerlo.

¿Mamdani es antisemita?

La respuesta depende de distinguir hechos comprobables de acusaciones políticas.

Netanyahu lo acusa de antisemitismo y de contribuir a un ambiente peligroso para los judíos. Mamdani rechaza esa definición y afirma que sus críticas se concentran en el Gobierno israelí, el sionismo político y las operaciones militares en Gaza.

Son posiciones enfrentadas.

Criticar a Israel o a Netanyahu no constituye automáticamente antisemitismo, de la misma manera que una crítica a cualquier Estado no implica necesariamente hostilidad hacia una comunidad religiosa o étnica.

Pero también existe un debate real sobre dónde se encuentra el límite cuando determinadas críticas utilizan generalizaciones sobre los judíos, niegan derechos colectivos o terminan asociándose con discursos discriminatorios.

Ese es precisamente uno de los terrenos donde el enfrentamiento Netanyahu-Mamdani se vuelve más complejo.

El primer ministro israelí intenta colocar las posiciones del alcalde dentro de una tendencia que considera hostil no solamente hacia su Gobierno sino hacia los judíos en general.

Mamdani intenta separar completamente ambos planos.

Uno sostiene que el discurso contra Israel termina alimentando antisemitismo. El otro sostiene que acusar de antisemitismo a los críticos de Israel busca bloquear una discusión legítima sobre Gaza.

Nueva York vuelve todo mucho más sensible

La disputa tendría otra dimensión si Mamdani gobernara cualquier otra ciudad.

Pero gobierna Nueva York.

La ciudad alberga una de las mayores comunidades judías del mundo fuera de Israel y también importantes comunidades árabes, musulmanas y palestinas. Desde el comienzo de la guerra en Gaza ha sido escenario de manifestaciones multitudinarias, protestas universitarias, actos propalestinos, movilizaciones en respaldo a Israel y discusiones cada vez más tensas sobre antisemitismo e islamofobia.

Eso transforma cada declaración del alcalde en algo especialmente sensible.

Mamdani debe combinar sus convicciones personales y políticas con una responsabilidad institucional mucho más amplia: garantizar que judíos, musulmanes y cualquier otra comunidad puedan vivir en la ciudad sin amenazas ni discriminación.

Netanyahu conoce perfectamente ese punto débil.

Cuando acusa al alcalde de poner en riesgo a los judíos neoyorquinos, no solamente discute política exterior. Lo cuestiona en una de las obligaciones centrales de cualquier alcalde: garantizar la seguridad de sus habitantes.

Mamdani también representa un cambio generacional dentro de Estados Unidos

El conflicto posee otra dimensión que va más allá de las dos personas involucradas.

Durante décadas, el respaldo a Israel fue uno de los consensos más sólidos de la política estadounidense. Republicanos y demócratas podían discutir sobre asentamientos, negociaciones de paz o gobiernos israelíes concretos, pero el apoyo estructural a la alianza permanecía relativamente estable.

Gaza modificó parcialmente ese escenario.

Sectores progresistas, votantes jóvenes y una parte del electorado demócrata adoptaron posiciones cada vez más críticas. El debate sobre ayuda militar estadounidense, condiciones para las ventas de armas, reconocimiento palestino y conducta israelí dejó de ser marginal dentro del partido.

Mamdani es una expresión particularmente visible de ese fenómeno.

Y por eso resulta relevante para Netanyahu.

El problema para el Gobierno israelí no es solamente un alcalde. Es la posibilidad de que las ideas que expresa ese alcalde se vuelvan más influyentes dentro de uno de los dos grandes partidos estadounidenses.

Una pelea que también le sirve políticamente a Netanyahu

El enfrentamiento ocurre, además, en un contexto de fuerte discusión política dentro de Israel.

Netanyahu se presenta desde hace años como el dirigente capaz de resistir presiones internacionales y sostener los intereses israelíes incluso frente a gobiernos, tribunales y organismos multilaterales críticos.

Mamdani encaja perfectamente dentro de ese relato.

Es un dirigente de izquierda.

Critica frontalmente la guerra.

Respalda a la CPI.

Habla de arrestarlo.

Y gobierna la ciudad donde Netanyahu debe viajar para dirigirse al mundo.

Convertirlo en adversario permite al primer ministro presentar el conflicto como algo mucho más grande que una discusión sobre determinadas operaciones militares.

La narrativa pasa a ser: Israel frente a quienes intentan aislarlo internacionalmente.

Eso no demuestra que las críticas a Israel sean correctas o incorrectas. Explica por qué el enfrentamiento tiene utilidad política para ambas partes.

Mamdani refuerza su identidad como referente de una izquierda crítica de Israel.

Netanyahu refuerza su perfil como líder dispuesto a enfrentar a quienes cuestionan al Estado israelí.

Trump aparece en el medio

La situación tiene además un tercer actor fundamental: Donald Trump.

El presidente estadounidense dejó claro previamente que Netanyahu no sería detenido durante una visita a Estados Unidos, incluso frente a las declaraciones de Mamdani. Washington mantiene su rechazo a la orden de la CPI y tanto Estados Unidos como Israel están fuera del Estatuto de Roma. 

La cuestión genera una situación institucional particular.

Mamdani puede denunciar a Netanyahu y respaldar la Corte Penal Internacional.

Pero la política exterior estadounidense corresponde al Gobierno federal.

Y una visita oficial del primer ministro israelí no depende del alcalde de Nueva York.

Por eso, más allá del enorme impacto político de la promesa de arresto, la capacidad material de Mamdani para cumplirla siempre fue extremadamente limitada.

El verdadero centro de la pelea sigue siendo Gaza

El choque personal corre el riesgo de ocultar el problema que originó todo.

Gaza.

La discusión acerca de Netanyahu y Mamdani existe porque la guerra produjo una ruptura política internacional cada vez mayor.

Israel sostiene que continúa enfrentando una amenaza de seguridad derivada de Hamas y defiende la necesidad de impedir que el grupo vuelva a disponer de la capacidad militar que permitió el ataque de octubre de 2023.

Sus críticos sostienen que la magnitud de la respuesta israelí, las consecuencias sobre la población civil y las restricciones humanitarias superaron ampliamente una operación legítima de defensa.

En el medio aparecen tribunales internacionales, gobiernos extranjeros, movimientos sociales y sociedades cada vez más polarizadas.

Netanyahu y Mamdani son hoy dos de las caras más visibles de esas interpretaciones enfrentadas.

Mucho más que una pelea entre un primer ministro y un alcalde

El episodio de Naciones Unidas puede parecer una disputa personal particularmente agresiva.

Pero detrás aparece una transformación política mucho más profunda.

La relación entre Estados Unidos e Israel sigue siendo estratégica. Washington continúa siendo un socio militar, diplomático y económico decisivo para el país. Sin embargo, la discusión dentro de la sociedad estadounidense se volvió considerablemente más fragmentada.

Ya no existe la misma homogeneidad alrededor de Gaza.

La generación política representada por Mamdani cuestiona presupuestos que hace veinte años eran mucho menos discutidos. Netanyahu, en cambio, interpreta buena parte de ese cambio como una amenaza no solamente contra su Gobierno sino contra la legitimidad internacional de Israel.

Por eso el choque no terminó cuando concluyó el discurso ante Naciones Unidas.

Probablemente tampoco terminará cuando Netanyahu abandone Nueva York.

La pelea entre ambos concentra varias de las discusiones que atraviesan actualmente a Occidente: cómo juzgar la guerra de Gaza, hasta dónde llegan las instituciones internacionales, cómo diferenciar antisionismo y antisemitismo y cuánto está cambiando la relación de Estados Unidos con Israel.

Eso explica por qué una disputa aparentemente improbable entre el primer ministro israelí y el alcalde de Nueva York terminó ocupando un lugar central en la Asamblea General de Naciones Unidas.

Y también explica por qué, detrás de los insultos y las acusaciones cruzadas, lo que verdaderamente está en discusión es mucho más grande que Netanyahu y Mamdani.

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