
Israel vota el martes: Netanyahu enfrenta su elección más difícil y las encuestas anticipan un Parlamento dividido
Alejandro CabreraIsrael se prepara para unas elecciones que pueden marcar el cierre de una etapa política. Después de casi cuatro años de gobierno, Benjamin Netanyahu enfrentará este martes una votación atravesada por el desgaste de su administración, las consecuencias de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y el impacto de las guerras que transformaron la situación de Medio Oriente.
Las últimas encuestas muestran un escenario complicado para el primer ministro. Su partido, el Likud, mantiene una base electoral considerable, pero las fuerzas opositoras consiguieron construir alternativas competitivas alrededor de figuras con experiencia militar y política.
El principal desafío llega de Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor israelí y dirigente del partido centrista Yashar, quien busca disputar a Netanyahu uno de sus principales atributos políticos: la capacidad para garantizar la seguridad nacional.
Sin embargo, la elección no se definirá únicamente por quién consiga más votos, sino por quién pueda construir una mayoría parlamentaria después de conocer los resultados.
Las claves de las elecciones en Israel
ELECCIONES ISRAELÍES 2026
Cuándo se vota: martes 27 de octubre.
Qué se elige: los 120 integrantes de la Knéset, el Parlamento israelí.
Mayoría necesaria: 61 diputados.
Principal candidato oficialista: Benjamin Netanyahu, del Likud.
Principal adversario: Gadi Eisenkot, del partido Yashar.
Últimas encuestas: las principales alianzas aparecen por debajo de los 61 escaños.
Temas centrales: seguridad, Gaza, Irán, responsabilidades por el 7 de octubre y servicio militar de los ultraortodoxos.
Netanyahu llega debilitado, pero conserva una base electoral importante
Benjamin Netanyahu es el primer ministro que más tiempo ha gobernado Israel. Durante su trayectoria construyó una imagen política asociada con la firmeza militar, la confrontación con Irán y la defensa de los intereses estratégicos del país.
Sin embargo, los acontecimientos posteriores al 7 de octubre de 2023 modificaron profundamente el escenario.
Los ataques de Hamás provocaron cuestionamientos sobre las fallas de inteligencia y seguridad que permitieron aquella operación. La posterior ofensiva israelí sobre Gaza, las consecuencias humanitarias del conflicto y las tensiones diplomáticas internacionales también incrementaron la presión sobre el Gobierno.
A estos problemas se suman las controversias judiciales que afectan personalmente al primer ministro y los enfrentamientos internos de su coalición.
Netanyahu continúa apoyándose en sectores conservadores, nacionalistas y religiosos, pero necesita algo más que conservar a sus votantes tradicionales: debe conseguir que sus aliados alcancen una mayoría suficiente para sostenerlo en el poder.
Quién es Gadi Eisenkot, el militar que desafía al primer ministro
La aparición de Eisenkot constituye una de las principales novedades electorales.
El exjefe militar construyó su candidatura sobre la necesidad de modificar la conducción política del país, investigar las responsabilidades por los ataques de 2023 y recuperar la confianza en las instituciones.
Su trayectoria en las Fuerzas de Defensa de Israel le permite cuestionar las decisiones de Netanyahu sin abandonar una posición firme en materia de seguridad.
Esto resulta importante porque una parte del electorado israelí considera necesario un cambio de liderazgo, pero no necesariamente desea modificar los principales objetivos militares del país.
Eisenkot tampoco representa una alternativa de izquierda tradicional. Sus posiciones sobre Hamás, Irán y la seguridad israelí mantienen coincidencias con las de otros dirigentes conservadores.
La diferencia central de su candidatura está en la conducción política y en la relación entre el Gobierno, las Fuerzas Armadas y las instituciones del Estado.
Además de Eisenkot, la oposición incluye al ex primer ministro Naftali Bennett, a Yair Lapid, a Avigdor Lieberman y a sectores progresistas encabezados por Yair Golan.
El problema es que desplazar a Netanyahu no significa que todos estos dirigentes compartan un programa de gobierno.
Qué dicen las últimas encuestas: una elección sin mayoría asegurada
Los sondeos publicados durante los últimos días muestran una competencia ajustada.
Una encuesta de Maariv difundida antes de los comicios asignó aproximadamente 54 escaños al bloque opositor y 48 al bloque de Netanyahu, mientras que otros partidos, incluidos los árabes, obtendrían las bancas restantes.
Otra medición de Canal 13 proyectó alrededor de 54 diputados para las principales fuerzas opositoras y 50 para el oficialismo.
Los números cambian según la consultora y la metodología utilizada. Algunas encuestas muestran un resultado más favorable al Likud, pero el panorama general sigue siendo de fragmentación.
El dato fundamental es que ninguna de las principales alianzas alcanza automáticamente los 61 diputados necesarios para formar gobierno.
Además, varios partidos pequeños se encuentran cerca del umbral electoral del 3,25%. Que consigan ingresar o queden fuera del Parlamento puede modificar considerablemente la distribución final de escaños.
Por eso, las encuestas no permiten concluir que Netanyahu ya perdió el poder ni que Eisenkot tiene asegurada una mayoría alternativa.
El resultado también dependerá de los acuerdos que puedan negociarse una vez terminada la votación.
El papel de los partidos árabes: la clave que puede complicar a la oposición
Uno de los elementos más importantes del sistema político israelí es la representación parlamentaria de la población árabe con ciudadanía israelí, que constituye aproximadamente una quinta parte de los habitantes del país.
Las principales listas árabes podrían conseguir alrededor de 14 o 15 diputados, según diferentes sondeos.
En un Parlamento dividido, esa representación puede resultar decisiva para impedir la continuidad de Netanyahu o facilitar la formación de una mayoría alternativa.
Sin embargo, existe un obstáculo político considerable: varios dirigentes de la oposición judía rechazan integrar un gobierno junto con partidos árabes.
La diferencia entre recibir apoyo parlamentario y compartir formalmente una coalición podría convertirse en uno de los principales temas de negociación después de las elecciones.
La paradoja es que Netanyahu podría perder respaldo electoral sin que sus adversarios consigan reunir una mayoría capaz de reemplazarlo.
Israel ya atravesó períodos de bloqueo parlamentario que derivaron en elecciones sucesivas. El escenario actual vuelve a colocar esa posibilidad sobre la mesa, aunque todavía no puede anticiparse el resultado.
Gaza, Irán y Estados Unidos: qué está en juego para Medio Oriente
Las elecciones israelíes también tendrán consecuencias internacionales.
El próximo Gobierno deberá administrar las relaciones con Estados Unidos, la situación de Gaza, las tensiones con Irán y el creciente cuestionamiento internacional a determinadas políticas israelíes en Cisjordania.
Aunque Netanyahu y Eisenkot mantienen diferencias políticas importantes, sus posiciones sobre seguridad presentan coincidencias que obligan a evitar una interpretación demasiado simplificada.
Un cambio de primer ministro no significaría necesariamente el abandono de las operaciones militares ni un reconocimiento inmediato del Estado palestino.
Las diferencias podrían aparecer en la composición del gabinete, la relación con Washington, la conducción de las negociaciones regionales y las políticas sobre los asentamientos.
También será importante observar qué lugar ocuparán los sectores ultranacionalistas que actualmente integran el Gobierno.
La composición de la próxima coalición puede resultar tan relevante para la política exterior como el nombre del primer ministro.
¿Puede terminar la era Netanyahu?
La elección del martes abre tres escenarios: la continuidad de Netanyahu mediante una nueva coalición, la formación de un gobierno alternativo o un Parlamento fragmentado que obligue a negociaciones prolongadas.
La decisión final dependerá de los resultados y de la capacidad de los partidos para llegar a acuerdos.
El desgaste del actual primer ministro es evidente en una parte del electorado, pero también lo es su capacidad histórica para conservar aliados y recuperar posiciones políticas.
Eisenkot consiguió construir una alternativa electoral competitiva, aunque todavía debe demostrar que esa fuerza puede transformarse en una mayoría parlamentaria estable.
Israel llega así a una elección en la que la continuidad de Netanyahu está en discusión, pero el futuro Gobierno sigue siendo una incógnita.
El martes se conocerá cómo votaron los israelíes. La respuesta sobre quién gobernará el país podría llegar bastante después, cuando comiencen las negociaciones entre partidos.
Y de esas conversaciones dependerá no solamente el futuro político de Netanyahu, sino también una parte importante de la orientación que adoptará Israel frente a los conflictos que atraviesan Medio Oriente.


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