
“Lo sabe Dios”: dudas sobre las reservas del BCRA para sostener el dólar hasta octubre
Alejandro Cabrera
El debate sobre la sostenibilidad del esquema de bandas cambiarias sumó un condimento inesperado con las declaraciones de Juan Carlos de Pablo, uno de los economistas de mayor confianza del presidente Javier Milei. Consultado sobre si las reservas alcanzarán para mantener al dólar dentro del rango hasta las elecciones legislativas del 26 de octubre, respondió con ironía: “Lo sabe Dios”.
La frase refleja el nivel de incertidumbre en torno al mercado cambiario, justo después de que la divisa oficial tocara el techo de la banda y obligara al Banco Central a vender 53 millones de dólares para frenar la presión. Para De Pablo, el dilema es evidente: si no se consigue financiamiento fresco, las reservas podrían no alcanzar y el Gobierno quedaría expuesto a un escenario crítico.
En su análisis, el economista planteó que las alternativas son limitadas. “El Gobierno va a tener que intentar colocar bonos frescos, si no convence a los actuales tenedores y si no declara el default, no hay muchas alternativas”, señaló. La advertencia no solo apunta al mercado local, sino también a la relación con el Fondo Monetario Internacional, que monitorea de cerca el cumplimiento de las metas de acumulación de divisas.
Las palabras de De Pablo generan impacto político porque provienen de alguien cercano al Presidente y a su núcleo de confianza. No se trata de un opositor ni de un analista externo, sino de un economista que ha acompañado a Milei en distintos momentos de su carrera y que comparte el diagnóstico de disciplina fiscal como única salida para la Argentina.
El escenario electoral agrega tensión. Con el dólar rozando los límites del esquema, la inflación aún en niveles altos y el riesgo país en alza, la capacidad del Gobierno de transmitir estabilidad se pone en cuestión. La duda sobre las reservas, explicitada en público por De Pablo, reaviva la discusión sobre si el plan económico puede resistir hasta octubre sin un cimbronazo mayor.
Mientras tanto, el mercado observa con atención la estrategia oficial. El Banco Central ya demostró que está dispuesto a intervenir, pero la incógnita es cuánto tiempo podrá sostener esa dinámica sin erosionar más su posición externa. La referencia al default, aunque presentada como una posibilidad extrema, muestra la magnitud del desafío y coloca al Gobierno en una encrucijada de alta sensibilidad política y financiera.


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