
Ceuta bajo presión: el rumor que movilizó a miles, el silencio de Marruecos y el respaldo de Trump a Mohamed VI
Alejandro CabreraLa crisis de Ceuta ya no puede explicarse únicamente como un episodio migratorio. La llegada masiva de decenas de miles de personas, la aparente pasividad inicial de las fuerzas marroquíes, el silencio del Gobierno de Rabat y la reacción de Donald Trump transformaron el drama humanitario en un conflicto diplomático que involucra a España, Marruecos, Estados Unidos y la Unión Europea.
El detonante inmediato fue un mensaje que comenzó a circular por TikTok, Facebook, Instagram y grupos de mensajería: “La frontera española está abierta y se puede pasar sin papeles”. La afirmación era falsa, pero fue interpretada por miles de jóvenes marroquíes como una oportunidad excepcional para entrar en territorio europeo.
Más de 50.000 personas consiguieron cruzar hacia Ceuta por tierra o por el mar, aunque algunas estimaciones sitúan el movimiento total cerca de las 60.000. La mayoría regresó posteriormente a Marruecos, pero el episodio dejó al menos 72 muertos. Autoridades locales ceutíes informaron que la morgue llegó a recibir 88 cuerpos, una diferencia que refleja que el balance todavía no está completamente cerrado.
El mensaje que convirtió la desesperación en un éxodo
Las convocatorias digitales no se limitaron a anunciar una supuesta apertura fronteriza. Algunas cuentas compartieron mapas, horarios, lugares con menor vigilancia y comercios donde podían comprarse trajes de neopreno, flotadores, aletas y bolsas impermeables para proteger teléfonos y documentos.
Uno de los grupos más activos, identificado como “Hrig Sebta”, reunió a más de 20.000 seguidores antes de desaparecer. La palabra hrig hace referencia a “quemar los papeles” y es utilizada por jóvenes marroquíes para describir la salida clandestina hacia Europa.
El origen de la operación digital continúa sin esclarecerse. Las cuentas que difundieron las consignas fueron borradas y existen sospechas de que se emplearon perfiles automatizados para multiplicar los mensajes. No hay, hasta el momento, pruebas públicas que permitan determinar si fue una campaña organizada por traficantes de personas, actores políticos, grupos espontáneos o una combinación de distintos intereses.
La convocatoria se apoyó en una interpretación distorsionada de una sentencia del Tribunal Supremo español. El fallo establecía límites para determinadas devoluciones inmediatas de migrantes interceptados en el mar, pero no abría la frontera ni garantizaba residencia, documentación o traslado hacia la España continental.
Las imágenes y mensajes difundidos en las redes transformaron esa decisión judicial en una falsa promesa: quien lograra alcanzar Ceuta podría permanecer en España. Muchos de los migrantes que regresaron a Marruecos reconocieron que viajaron convencidos de que encontrarían alojamiento, protección y una vía para continuar hacia Europa.
La crisis social que existe detrás de las redes
La desinformación fue el detonante, pero no explica por sí sola por qué decenas de miles de personas estuvieron dispuestas a arriesgar la vida.
En Marruecos, más de 1,5 millones de jóvenes de entre 15 y 25 años no estudian ni trabajan. La cifra supera los cuatro millones cuando se amplía el rango hasta los 35 años. El desempleo, la desigualdad territorial, los bajos salarios y la falta de expectativas crearon el terreno sobre el que actuaron las convocatorias digitales.
Un análisis citado por medios marroquíes sostiene que el país no consiguió crear los aproximadamente 215.000 puestos de trabajo anuales que necesitaba para estabilizar su mercado laboral entre 2000 y 2024. Mientras la población aumentó un 47% durante ese período, la cantidad de personas incorporadas al empleo creció apenas un 20%.
La crisis también expuso la distancia entre la imagen internacional que pretende proyectar Marruecos y la realidad de parte de su población. Rabat invierte en infraestructura, defensa, turismo y en la organización del Mundial de 2030, pero millones de jóvenes consideran que no tienen oportunidades dentro del país.
El silencio de Marruecos y las sospechas sobre la frontera
El Gobierno marroquí evitó dar explicaciones públicas durante los primeros días de la crisis. La jefatura del Gobierno, el Ministerio del Interior y la Cancillería no ofrecieron un balance propio sobre los muertos, los heridos, los cruces ni la actuación de sus fuerzas de seguridad.
La única explicación oficial relevante provino de la embajadora marroquí en Madrid, Karima Benyaich. La diplomática sostuvo que la crisis fue una situación “no querida” por Marruecos y responsabilizó a las mafias que trafican con personas. También destacó la cooperación posterior entre Rabat y Madrid.
La versión deja, sin embargo, una pregunta central: ¿cómo pudieron movilizarse decenas de miles de personas sin que los servicios de inteligencia y las fuerzas fronterizas detectaran o frenaran previamente las convocatorias?
Marruecos había demostrado en septiembre de 2024 que tenía capacidad para vigilar las redes, detener a quienes convocaban cruces colectivos y desplegar preventivamente fuerzas en la frontera. En esta oportunidad, las autoridades no emitieron una alerta proporcional a la magnitud de los mensajes que circulaban.
Tampoco existe evidencia pública de que el rey Mohamed VI haya ordenado enviar migrantes hacia Ceuta. Pero la ausencia de pruebas sobre una orden directa no elimina las sospechas de permisividad política, negligencia o relajación deliberada de los controles.
El antecedente de 2021 continúa pesando. Durante una crisis diplomática provocada por la hospitalización en España del dirigente saharaui Brahim Gali, Marruecos permitió el ingreso de alrededor de 10.000 personas en Ceuta. La presión migratoria funcionó entonces como una herramienta de respuesta política.
Trump culpa a España y evita cuestionar a Rabat
La crisis adquirió una dimensión geopolítica con la intervención de Donald Trump.
El presidente estadounidense acusó al Gobierno de Pedro Sánchez de permitir una “invasión” debido a sus leyes migratorias y presentó lo ocurrido como una advertencia para los votantes de Estados Unidos. Durante su intervención no responsabilizó a Marruecos ni cuestionó el comportamiento de sus fuerzas fronterizas.
El Departamento de Estado condenó la vulneración de la soberanía española, pero atribuyó la crisis a las políticas de Madrid para facilitar la migración irregular. La declaración tampoco incluyó una crítica directa al Gobierno marroquí.
La posición contrasta con el vínculo que Trump mantiene con Mohamed VI. Estados Unidos reconoció durante su primer mandato la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental. A cambio, Marruecos normalizó sus relaciones con Israel mediante los Acuerdos de Abraham.
Desde entonces, Washington fortaleció la cooperación militar, económica y diplomática con Rabat. El secretario de Estado, Marco Rubio, definió recientemente a Marruecos como un “pilar de estabilidad y seguridad regional”, incluso cuando ya se conocían los primeros cruces hacia Ceuta.
La relación con España es muy diferente. Trump cuestionó a Sánchez por su negativa a elevar el gasto militar al 5% del producto interno bruto, por las restricciones al uso de las bases de Rota y Morón durante la guerra contra Irán y por las críticas españolas al Gobierno de Israel.
Ceuta y Melilla vuelven al centro de la disputa
La crisis migratoria reabrió además el debate sobre la soberanía de Ceuta y Melilla.
España considera ambas ciudades parte integral de su territorio. Marruecos nunca reconoció plenamente esa soberanía y sectores políticos y mediáticos próximos a Rabat las describen como enclaves coloniales que deberán integrarse al reino.
Un informe vinculado al Congreso estadounidense llegó a situar Ceuta y Melilla en territorio marroquí “bajo administración española” y propuso que Washington promoviera un diálogo sobre su futuro. El texto generó preocupación en Madrid y reforzó la percepción de que Marruecos ha ganado influencia dentro del sistema político estadounidense.
La crisis deja por ahora tres certezas. Los rumores difundidos por internet fueron decisivos para movilizar a miles de personas. La falta de oportunidades en Marruecos proporcionó la base social del éxodo. Y la actuación de Rabat continúa rodeada de interrogantes que su silencio oficial no hace más que profundizar.
La teoría de que Mohamed VI ordenó personalmente una “invasión” no está demostrada. Pero tampoco puede cerrarse la discusión afirmando que todo fue completamente espontáneo: la magnitud de la movilización, los antecedentes diplomáticos y la conducta inicial de las autoridades marroquíes justifican una investigación independiente sobre lo ocurrido en la frontera.


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