
¿Hay realmente una “epidemia” de cáncer en los adultos más jóvenes?
Alejandra Larrea
El trabajo —publicado en Annals of Internal Medicine— matiza la alarma de los últimos años: entre los adultos menores de 50 la incidencia sube de forma sostenida en seis tipos de cáncer —tiroides, riñón, endometrio, colorrectal, mama y leucemia—, pero no en el conjunto de los tumores. En datos promedio anuales, el estudio estima incrementos de +3,6% en tiroides, +2,21% en riñón, +1,66% en endometrio, +1,45% en colorrectal, +0,89% en mama y +0,78% en leucemia. La propia García-Closas subraya que todos, salvo el colorrectal, también están aumentando en mayores de 50, por lo que hablar de “epidemia juvenil” solo encajaría, con cautela, para el colorrectal de aparición temprana.
La investigación comparó, por primera vez a gran escala, la evolución en menores y mayores de 50 en paralelo. En los mayores, las tendencias son del mismo signo: tiroides (+3% anual), riñón (+1,65%), endometrio (+1,20%), mama (+0,86%) y leucemia (+0,61%). En colorrectal, la subida media es más modesta (+0,37%) y solo aparece en aproximadamente la mitad de los países analizados. El patrón común de los seis tumores en ascenso es su relación con la obesidad y el sobrepeso a lo largo del curso de vida, aunque el equipo advierte que la mejora diagnóstica y la mayor vigilancia también pueden explicar parte del aumento.
El estudio también identifica descensos en adultos jóvenes para estómago (-1,62% anual), esófago (-0,92%), cavidad oral (-0,42%) e hígado (-0,14%). La interpretación de los autores es prudente: una menor exposición a factores como el alcohol en determinados países podría estar influyendo en esas caídas, sin descartar el papel de diagnósticos más precisos. La conclusión central es que el cáncer sigue siendo, en términos absolutos, una enfermedad que afecta sobre todo a adultos mayores, y enfocarse solo en los menores de 50 puede inducir a desviar recursos de prevención e investigación.
El artículo de García-Closas dialoga con dos referencias clave que popularizaron la idea de una “epidemia” juvenil. Por un lado, el grupo de Shuji Ogino (Universidad de Harvard) había descrito incrementos en 13 tumores de aparición temprana entre 2002 y 2012, pero sin evaluar en paralelo a los mayores de 50, lo que podía sesgar la lectura hacia un fenómeno “exclusivo” de jóvenes. Por otro, un análisis reciente en Estados Unidos liderado por Gilbert Welch mostró que, aunque la incidencia de varios cánceres en menores de 50 se duplicó desde 1992, la mortalidad agregada no cambió de manera equivalente, un indicio de sobrediagnóstico en algunos contextos. El nuevo trabajo de Annals integra esas piezas y ofrece un panorama más equilibrado.
¿En qué queda el debate? En que sí hay señales preocupantes —sobre todo el colorrectal de inicio temprano—, pero el término “epidemia” generalizada no se sostiene con la evidencia comparativa internacional. La prioridad, plantean los autores, es doble: reforzar prevención primaria (peso saludable, actividad física, dieta, menor consumo de alcohol) y ajustar las estrategias de cribado donde la evidencia lo justifique, sin descuidar que la mayor carga de enfermedad seguirá concentrada en los mayores. En síntesis: menos titulares alarmistas y más políticas sostenidas, guiadas por datos y por la comparación honesta entre cohortes y edades.



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