
Contaminación en San Juan: muerte masiva de peces, vecinos con manchas en la piel y la sospecha que vuelve a sacudir al Río Jáchal
Alejandro Cabrera
El amanecer en Iglesia trajo una postal dolorosa: peces flotando boca arriba en el Dique Cuesta del Viento, un agua que parecía normal pero escondía un olor extraño y vecinos que empezaban a mostrar marcas rojizas en brazos y piernas después de acercarse al río. Las imágenes de la mortandad circularon primero por grupos de WhatsApp, luego por redes y finalmente llegaron a las autoridades.
Lo que empezó como un episodio aislado se transformó en cuestión de horas en un escenario inquietante: muerte masiva de fauna, gente con irritaciones en la piel, y un cauce —el Río Jáchal— que vuelve a quedar bajo sospecha. La región conoce de memoria ese temor. No es la primera vez que la palabra “derrame” aparece, y esta vez la reacción comunitaria fue inmediata: había que buscar explicaciones antes de que la versión oficial llegara tarde.
El epicentro: Cuesta del Viento y el tramo del Río Jáchal que conecta dos pueblos
El fenómeno se concentró en el Dique Cuesta del Viento, un espejo de agua clave para el turismo, la pesca y los deportes náuticos. Desde allí, las señales del impacto comenzaron a avanzar río abajo hacia el Río Jáchal, que atraviesa y da nombre al departamento vecino.
En cuestión de horas, pescadores, arrieros y habitantes locales registraron la presencia de peces agonizando o sin vida a la vera del cauce, algunos parcialmente descompuestos, otros con marcas visibles en el cuerpo. El olor químico era tenue, pero constante.
Las localidades afectadas —Iglesia y Jáchal— reaccionaron con una mezcla de preocupación y enojo. No sólo por el episodio en sí, sino porque la región arrastra una larga historia de tensiones ambientales que hizo que muchos interpretaran esta nueva mortandad como un síntoma de algo mayor.
Los síntomas en la gente: manchas, ardor y consultas en los centros de salud
A medida que crecían los reportes de peces muertos, comenzaron a llegar los primeros testimonios de personas con irritaciones. Vecinos que habían estado en las orillas del dique o en sectores del río describieron:
- Manchas rojizas en brazos y piernas
- Ardor persistente
- Picazón
Una sensación de irritación que aparecía incluso sin haber tocado directamente el agua
Los centros de salud de Iglesia y Jáchal atendieron a varios pacientes con estos síntomas, aunque ninguno requirió internación. Aun así, la coincidencia temporal entre los casos humanos y la mortandad acuática encendió una señal de alarma: algo estaba alterando el equilibrio del agua o del aire cercano al cauce.
Los equipos médicos recomendaron evitar por completo el contacto con el río, no acercarse a peces muertos ni permitir que niños y mascotas ingresen al área afectada.
La intervención clave: la Universidad Nacional de Cuyo entra en escena
Ante la falta de respuestas inmediatas y la desconfianza que arrastran episodios anteriores en la provincia, el municipio solicitó la participación de técnicos de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO).
Los especialistas realizaron muestreos en distintos puntos del dique y la cuenca del Río Jáchal. Lo primero que detectaron sorprendió a muchos: los niveles de oxígeno disuelto eran normales. Eso dejaba en duda la versión de una mortandad causada por un descenso abrupto del oxígeno, algo que suele usarse como explicación rápida en este tipo de crisis.
Pero el análisis avanzó y surgieron datos que renovaron el miedo. Los técnicos detectaron presencia elevada de cloro, un componente que no debería aparecer en esas proporciones y que podría estar vinculado a un vertido químico. Aunque el estudio continúa y no se descartó ningún compuesto, el dato puso en tensión la explicación oficial inicial.
La intervención de la UNCUYO aportó algo que la comunidad exigía: un análisis externo, técnico y menos condicionado por estructuras estatales locales. Para muchos habitantes, esa presencia académica fue el primer indicio de que esta vez podría haber respuestas más claras.
¿Qué pudo pasar? Las hipótesis que se manejan en San Juan
La investigación se mueve sobre tres líneas principales. No se descarta ninguna:
1. Derrame químico desde actividades industriales o mineras
La zona posee emprendimientos que manejan sustancias sensibles. Un error operativo, una filtración o un vuelco no declarado podría liberar compuestos que afectan de inmediato la fauna acuática.
2. Descarga irregular de líquidos remanentes
En épocas de menor control, se han detectado maniobras clandestinas para deshacerse de residuos químicos o efluentes industriales. La presencia de cloro en niveles anormales alimenta esta sospecha.
3. Un fenómeno combinado
En ocasiones, vertidos pequeños pero acumulativos reaccionan con otros elementos naturales del agua y provocan efectos tóxicos repentinos.
Los especialistas remarcan que el patrón —muerte masiva en poco tiempo, síntomas en personas, concentración en un tramo específico— es compatible con la introducción repentina de una sustancia tóxica.
El impacto: un ecosistema alterado y una comunidad que ya no tolera más silencios
Más allá de lo que determinen los análisis finales, el daño ambiental ya es visible. La mortandad de peces implica una pérdida directa para la biodiversidad del dique y del río. La pesca artesanal está paralizada, el turismo frenado y la confianza de la población nuevamente golpeada.
Los habitantes de Iglesia y Jáchal exigen respuestas más rápidas y precisas que en episodios anteriores. Aseguran que no aceptarán explicaciones vagas ni informes diluidos. Los grupos ambientales de la zona reclaman monitoreos permanentes, cámaras de control en zonas industriales y acceso inmediato a datos en tiempo real sobre calidad del agua.
La sensación es clara: el río volvió a dar una señal de alarma, y esta vez la sociedad quiere que no quede enterrada en burocracia ni tecnicismos.
Una pregunta que vuelve desde hace años
Cada episodio en el Río Jáchal, independientemente de su origen, actualiza una pregunta que nunca termina de cerrarse:
¿Quién controla a quienes manejan sustancias peligrosas en la región?
La respuesta todavía no está a la vista. Pero los vecinos quieren que esta sea la vez en que la verdad no quede atrapada entre informes, comunicados y silencios.


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