
El desempleo subió en 2025 y cerró el año en 7,5%: señales de alerta en el mercado laboral
Alejandro CabreraEl mercado laboral argentino volvió a encender señales de alerta en 2025. El desempleo cerró el año en 7,5%, consolidando una tendencia de deterioro que se fue profundizando a lo largo de los últimos meses en paralelo con la caída de la actividad económica y el proceso de ajuste impulsado por el Gobierno.
El dato refleja un aumento respecto a períodos anteriores y confirma que la recuperación económica aún no logra traducirse en una mejora sostenida del empleo. Por el contrario, distintos sectores comenzaron a mostrar signos de contracción, con impacto directo en la generación de puestos de trabajo.
Detrás del número hay una realidad más compleja: no solo creció la desocupación, sino también la precarización. El empleo informal y los trabajos de menor calidad volvieron a ganar terreno en un contexto donde muchas empresas ajustaron sus estructuras para adaptarse a la nueva situación económica.
Quiénes son los más afectados
El impacto del aumento del desempleo no es homogéneo. Los datos muestran que los sectores más golpeados son los jóvenes y las mujeres, dos grupos que históricamente presentan mayores dificultades de inserción laboral y mayor exposición a la informalidad.
En el caso de los jóvenes, la tasa de desempleo suele duplicar la media general. Esto responde, en parte, a la falta de experiencia laboral, pero también a la menor oferta de empleos formales en sectores que tradicionalmente absorben mano de obra joven, como el comercio y los servicios.
Las mujeres, por su parte, enfrentan una doble barrera: mayores tasas de informalidad y una menor participación en el mercado laboral, lo que se traduce en más dificultades para acceder a empleos estables. En contextos de crisis o ajuste, suelen ser uno de los primeros grupos afectados.
El contexto económico detrás de la suba
El incremento del desempleo no puede analizarse de forma aislada. Está directamente vinculado al contexto económico de 2025, marcado por una fuerte reestructuración del Estado, recortes en el gasto público y una caída inicial de la actividad en varios sectores clave.
La industria y la construcción, dos motores tradicionales del empleo, registraron retrocesos que impactaron en la demanda de trabajadores. A esto se sumó la desaceleración del consumo, que afectó al comercio y a los servicios, reduciendo la necesidad de personal.
En paralelo, muchas empresas optaron por no reemplazar trabajadores o directamente reducir sus plantillas, en un intento por sostener sus costos en un escenario de incertidumbre. Este fenómeno, conocido como “ajuste por cantidad”, es típico de períodos de transición económica.
Un mercado laboral en transformación
Más allá del dato puntual, el 7,5% de desempleo también refleja una transformación más profunda del mercado laboral. El crecimiento del trabajo independiente, el avance de plataformas digitales y la flexibilización de las condiciones laborales están redefiniendo el concepto de empleo.
Sin embargo, esta transformación no siempre implica mejores condiciones. En muchos casos, se traduce en menor estabilidad, ausencia de derechos laborales y mayor volatilidad en los ingresos, lo que aumenta la vulnerabilidad de amplios sectores de la población.
El desafío hacia adelante será lograr que la eventual recuperación económica se traduzca en empleo de calidad. Para eso, será clave la reactivación de sectores productivos, el incentivo a la inversión y la generación de condiciones que favorezcan la contratación formal.
Mientras tanto, el dato del desempleo funciona como un termómetro social que expone las tensiones de una economía en transición, donde los efectos del ajuste todavía se sienten con fuerza en el día a día de millones de argentinos.


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