
Milei, la deuda y el empleo: dónde está la trampa detrás del relato del “desendeudamiento” y la llegada de inversiones
Alejandro CabreraLa narrativa económica del gobierno de Javier Milei se apoya en dos pilares discursivos fuertes: por un lado, la idea de que la Argentina está “desendeudándose” porque baja la deuda en relación al PBI; por otro, que la economía se está reactivando con inversiones externas que generarían empleo. Sin embargo, cuando se baja al detalle de los datos oficiales —los que publican organismos como el Instituto Nacional de Estadística y Censos, el Ministerio de Economía de la Nación o el Banco Central de la República Argentina— la historia no es lineal, y aparecen varias “trampas estadísticas” que cambian completamente la lectura.
El punto central es que no hay una sola forma de medir la deuda, ni el empleo, ni la inversión. Y dependiendo de qué indicador se use, el resultado puede ser completamente distinto.
La deuda: baja en porcentaje, sube en términos reales
La primera afirmación del oficialismo es que la deuda pública bajó. Técnicamente, esto es cierto… pero solo si se mide como porcentaje del Producto Bruto Interno (PBI). Ahí aparece la primera clave. La deuda pública sobre PBI es una relación entre dos variables: el stock de deuda (todo lo que el Estado debe) y el tamaño de la economía (el PBI). Si el PBI crece más rápido que la deuda, el porcentaje baja. Pero eso no significa necesariamente que el país deba menos.
En números concretos, el stock de deuda de la Administración Central ronda actualmente los 480 mil millones de dólares. Si se compara con el final del gobierno anterior, ese número no bajó: subió en términos absolutos.
Entonces, ¿por qué el Gobierno dice que bajó?
Porque el PBI en pesos creció muy fuerte producto de la inflación. Y como el cálculo se hace en moneda local, el denominador se agranda más rápido que el numerador. Es decir: la deuda pesa menos en proporción, pero no porque haya menos deuda, sino porque la economía se “infla” en términos nominales.
Ahí aparece la primera trampa conceptual: bajar la deuda/PBI no es lo mismo que bajar la deuda.
A eso se suma otro factor clave: la devaluación. Cuando el tipo de cambio salta, la deuda en pesos medida en dólares puede caer automáticamente, sin que el Estado haya pagado nada. Es un efecto contable, no real.
También hay otra cuestión menos visible: no existe una única “deuda pública”. Se puede medir como deuda bruta, deuda neta, deuda consolidada con el Banco Central, deuda sin organismos del Estado, entre otras variantes. Cada una da un número distinto.
Por eso, cuando se afirma que “la deuda bajó”, la pregunta clave es:
¿qué deuda, medida cómo y contra qué?
El empleo: menos trabajo formal, más monotributo
El segundo eje del discurso oficial es el empleo. El Gobierno sostiene que hay recuperación, pero los datos muestran otra dinámica.
Si se toma el trabajo registrado total, el número cayó desde la asunción de Milei. En términos aproximados, se perdieron cerca de 470 mil puestos registrados entre fines de 2023 y comienzos de 2026.
Pero el dato más relevante no es el total, sino la composición.
El empleo asalariado privado —el más estable y mejor remunerado— cayó en torno a 190 mil puestos. Al mismo tiempo, el empleo público también se redujo, con decenas de miles de puestos menos en la administración nacional.
Entonces, ¿dónde aparece la “recuperación”?
En el monotributo.
El número de trabajadores independientes registrados creció. Pero eso no implica necesariamente más empleo genuino, sino muchas veces una reconversión: personas que antes tenían empleo formal pasan a trabajar como autónomos o cuentapropistas.
Esto implica un cambio en la calidad del empleo: menos estabilidad, menos derechos laborales, menos ingresos previsibles.
Ahí aparece la segunda trampa narrativa: puede subir el trabajo registrado total mientras cae el empleo formal de calidad.
Además, hay otra dificultad metodológica: los datos de empleo provienen de distintas fuentes. El sistema previsional mide empleo registrado; la encuesta de hogares mide empleo total (incluyendo informalidad). No son comparables directamente.
Cuando se mezclan sin aclaración, se construyen conclusiones engañosas.
Consumo e inversión: el relato choca con los datos
El tercer punto del discurso oficial es que la economía se reactiva gracias a inversiones externas. Sin embargo, los datos duros no acompañan esa narrativa.
Las ventas en supermercados —una de las mejores variables para medir el consumo— muestran caídas interanuales en términos reales. Es decir, descontando la inflación, se vende menos.
Esto refleja una contracción del poder adquisitivo, que impacta directamente en el comercio.
Al mismo tiempo, en el frente externo, la Argentina mantiene superávit comercial. Pero esto no necesariamente implica una economía fuerte: muchas veces responde a una caída de las importaciones por recesión.
Respecto a la inversión extranjera, hay otro punto clave: no es lo mismo un anuncio que una inversión real.
Los anuncios pueden ser millonarios, pero lo que importa es el ingreso efectivo de capitales. Y ahí los datos oficiales muestran niveles bajos, incluso con períodos en los que el flujo neto es negativo.
Esto significa que, aunque haya proyectos en carpeta, no necesariamente se traducen en actividad económica inmediata.
Ahí aparece la tercera trampa: confundir expectativas o anuncios con hechos concretos.
La clave: cómo se construye el relato económico
El análisis completo muestra que no hay necesariamente falsedad en los datos que utiliza el Gobierno, pero sí una selección muy específica de indicadores.
Se elige la deuda sobre PBI y no el stock total.
Se muestra el empleo total y no el empleo asalariado.
Se destacan anuncios de inversión y no los flujos reales.
Se habla de superávit comercial sin analizar el consumo interno.
Cada uno de esos recortes construye una narrativa coherente, pero parcial.
La economía, en cambio, muestra tensiones: una deuda que no desaparece, un mercado laboral que se precariza y un consumo que no termina de reaccionar.
Entender estos matices es clave para no quedarse solo con el titular.
Porque en economía, más que nunca, el dato nunca habla solo: depende de cómo se lo mida, con qué se lo compare y, sobre todo, qué parte se decide contar


YPF y el mayor RIGI de Vaca Muerta: el proyecto de US$ 25.000 millones que busca convertir a la Argentina en potencia exportadora de petróleo

La inflación porteña bajó a 2,5% en abril, pero el alivio todavía no llega del todo al bolsillo

El mundo financiero respira por una tregua posible: bolsas en récord, petróleo en baja y el dólar bajo presión

Bonos en alza y dólar contenido: el mercado le dio aire al Gobierno tras la mejora de Fitch


Bolivia explota entre bloqueos, crisis económica y una nueva disputa por el poder

La gripe empieza a crecer en Argentina y anticipa una temporada respiratoria con más consultas y presión sobre guardias

Adorni demora su declaración jurada y estira la explicación más sensible sobre su patrimonio

Dólares termosellados, drogas y contratos bajo sospecha: el caso Facundo Leal sacude a ARSAT y al ORSNA


