Santiago Caputo viajó a Estados Unidos entre advertencias por China, la reelección de Milei y las dudas sobre Adorni

El principal asesor político de Javier Milei mantuvo reuniones en Washington con funcionarios de la administración Trump, en una agenda marcada por la geopolítica, la inquietud norteamericana por el avance chino en sectores estratégicos de la Argentina y el seguimiento de la situación interna del Gobierno. El viaje vuelve a ubicar a Caputo en el centro del dispositivo libertario, justo cuando crecen las tensiones con Karina Milei, las dudas sobre Manuel Adorni y la necesidad de blindar el vínculo con Estados Unidos.
 
Política15 de mayo de 2026Alejandro CabreraAlejandro Cabrera

Santiago Caputo volvió a Washington en un momento de máxima sensibilidad para el Gobierno de Javier Milei. El asesor presidencial viajó a Estados Unidos para mantener reuniones con funcionarios de la administración de Donald Trump, en una agenda que combinó política exterior, seguridad hemisférica, inversiones estratégicas, preocupación por el avance chino en América Latina, seguimiento de la economía argentina y dudas sobre el impacto político del caso Manuel Adorni.

El viaje tiene una carga simbólica fuerte. Caputo ya había estado en Washington después del triunfo presidencial de Milei en 2023, cuando el libertario buscaba sellar un alineamiento sin matices con Estados Unidos y con el trumpismo. Aquella primera foto respondía a una lógica de celebración y expectativa. Esta nueva visita se da en un contexto mucho más complejo: el oficialismo muestra desgaste, la interna entre sectores libertarios se vuelve más visible, la imagen presidencial enfrenta señales de caída y la Casa Rosada necesita sostener el respaldo externo como garantía política y económica.

En Washington, Caputo mantuvo reuniones en la Casa Blanca, el Capitolio y el Departamento de Estado. Entre los contactos mencionados aparece Michael Jensen, director para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional, además de Brian Mast, presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, y Reed D. Rubinstein, asesor legal de Marco Rubio. El embajador argentino Alec Oxenford acompañó parte de la agenda.

El eje declarado fue geopolítico. Estados Unidos quiere reforzar la relación con la Argentina de Milei, pero también busca que ese alineamiento se traduzca en decisiones concretas frente al avance de China en áreas sensibles: minerales críticos, infraestructura, telecomunicaciones, energía, gas, tecnología y la estación espacial china en Neuquén. Washington mira a la Argentina no solo como aliado ideológico, sino como una pieza estratégica dentro de la disputa global con Pekín.

China, minerales críticos y la presión de Washington

La preocupación por China fue uno de los temas centrales de las conversaciones. Estados Unidos observa con inquietud el crecimiento de la influencia china en Sudamérica y, particularmente, en sectores argentinos considerados estratégicos. La agenda incluyó minerales críticos, uranio, infraestructura tecnológica, comunicaciones, gas, inversiones bajo el RIGI y la posibilidad de ampliar la presencia norteamericana en áreas donde China ya construyó posiciones de largo plazo.

La estación espacial china en Neuquén volvió a aparecer como un punto especialmente delicado. Desde sectores vinculados a la seguridad estadounidense se la considera una instalación sensible por su potencial uso dual, científico y estratégico. Washington quiere limitar el margen de Pekín en territorio argentino, pero la Casa Rosada enfrenta un problema: hay acuerdos bilaterales vigentes y cualquier ruptura abrupta podría tener costos diplomáticos y económicos.

Ese es el dilema que Milei deberá administrar. Su alineamiento con Trump es explícito, ideológico y político. Pero la Argentina ya tiene compromisos heredados con China, dependencia comercial en varios rubros y vínculos económicos difíciles de cortar sin consecuencias. Estados Unidos no solo pide gestos discursivos: quiere decisiones sobre infraestructura crítica, inversiones, tecnología y recursos naturales.

En ese marco, Caputo aparece como enviado político y como traductor del mileísmo frente al poder norteamericano. No es canciller, no es ministro formal y no ocupa un cargo tradicional dentro del gabinete, pero su peso real en la arquitectura del Gobierno lo convierte en un interlocutor clave para Washington. Estados Unidos no buscó hablar solamente con la diplomacia formal. Buscó escuchar a quien entiende como uno de los cerebros del dispositivo presidencial.

La reelección de Milei como interés estratégico

Otro dato fuerte del viaje es la preocupación norteamericana por la continuidad política de Milei. En Washington consideran importante que el Presidente argentino pueda sostener su proyecto y llegar competitivo a 2027. La mirada estadounidense no es solamente económica: es geopolítica. Milei es visto como una barrera frente al regreso del kirchnerismo y como un aliado regional de Trump en una América Latina atravesada por la disputa con China.

Ese punto muestra hasta qué nivel la política interna argentina dejó de ser un asunto puramente doméstico. Para la administración Trump, la continuidad de Milei significa tener en la región un aliado ideológico, un socio diplomático, un defensor del alineamiento occidental y un gobierno dispuesto a confrontar con China, Venezuela, Cuba e Irán. La reelección, entonces, no aparece solo como una aspiración del oficialismo libertario, sino como un interés estratégico del trumpismo.

Pero la preocupación existe porque el Gobierno atraviesa un momento de desgaste. La economía todavía no trasladó la baja inflacionaria a una recuperación clara del bolsillo, las encuestas muestran señales de caída, la conflictividad social sigue activa y la interna oficialista empieza a filtrarse hacia afuera. Washington mira todo ese tablero con atención porque sabe que el proyecto Milei depende tanto de la estabilización económica como de la capacidad política para sostener gobernabilidad.

Caputo fue a escuchar y a explicar. En Estados Unidos querían conocer de primera mano el estado real del Gobierno, la fortaleza del Presidente, la situación de las internas y las perspectivas electorales. En el lenguaje diplomático, el viaje fue una reunión de coordinación. En términos políticos, fue una evaluación del experimento libertario argentino.

El caso Adorni llegó a Washington

La situación de Manuel Adorni también apareció como uno de los temas sensibles. El jefe de Gabinete quedó bajo la lupa por cuestionamientos vinculados a su evolución patrimonial, gastos, propiedades, refacciones y viajes. En la Argentina, el caso ya impacta en la agenda política del Gobierno. En Estados Unidos también genera inquietud por su efecto sobre la imagen presidencial y sobre la estabilidad interna del oficialismo.

El problema para Milei es que Adorni no es un funcionario más. Fue vocero, se convirtió en una figura central de la comunicación oficial y luego escaló a una posición de peso dentro del gabinete. Su defensa por parte del Presidente fue cerrada. Milei lo presentó como víctima de ataques y se negó a convalidar presiones para desplazarlo. Pero el caso abrió una zona de incomodidad porque toca una bandera sensible del oficialismo: la promesa de transparencia frente a la “casta”.

Desde el entorno de Caputo intentaron minimizar la relevancia del tema en la agenda norteamericana y remarcar que el foco principal fue geopolítico. Sin embargo, el hecho de que la situación de Adorni aparezca mencionada en distintas reconstrucciones muestra que Washington no mira solamente los acuerdos comerciales o la disputa con China. También observa la consistencia política del Gobierno argentino y los riesgos que pueden afectar la continuidad del proyecto.

La pregunta de fondo es si el oficialismo puede sostener su narrativa anticasta cuando una figura central del dispositivo queda bajo sospecha pública. En política internacional, la confianza no depende solo de alineamientos ideológicos. También depende de previsibilidad, estabilidad interna y capacidad para resolver crisis sin erosionar al liderazgo presidencial.

Caputo, Karina y una interna que también se exporta

El viaje de Santiago Caputo ocurre en paralelo a su momento más tenso dentro del poder libertario. La relación con Karina Milei atraviesa desde hace tiempo una zona de fricción, y los movimientos recientes dentro del Gobierno reforzaron la lectura de que la hermana del Presidente busca consolidar control sobre áreas sensibles.

La ausencia del asesor en algunas mesas políticas recientes también alimentó interpretaciones sobre pérdida relativa de influencia. Sin embargo, su viaje a Washington muestra que sigue siendo un actor de enorme peso. Si Estados Unidos lo recibe, lo convoca o lo escucha, es porque lo considera parte del núcleo real de decisión. Esa validación externa puede fortalecerlo en la interna, pero también puede aumentar la tensión con otros sectores del Gobierno.

Karina Milei controla el armado político, el sello, la estructura partidaria y el acceso cotidiano al Presidente. Caputo conserva influencia estratégica, vínculos con las llamadas “Fuerzas del Cielo”, llegada al mundo comunicacional y peso en la arquitectura de poder más informal del mileísmo. La tensión entre ambos no es solo personal. Es una disputa por método, control y futuro del proyecto libertario.

Washington, en ese contexto, intenta entender quién decide realmente en la Argentina. Quién ordena la política. Quién habla por Milei. Quién puede garantizar compromisos. Y quién tiene capacidad de sostener el alineamiento geopolítico más allá de los ruidos internos.

Adentro y afuera: el mismo problema de gobernabilidad

La visita de Caputo deja una conclusión clara: la agenda externa y la interna ya no pueden separarse. Estados Unidos quiere que Milei sea un aliado firme contra China, pero para eso necesita que el Presidente conserve estabilidad política. Quiere inversiones en infraestructura, minerales, telecomunicaciones y gas, pero esas inversiones requieren previsibilidad. Quiere un socio regional de largo plazo, pero observa internas, casos judiciales, desgaste de imagen y tensiones dentro del Gobierno.

Milei, a su vez, necesita el respaldo de Trump para fortalecer su posición internacional, atraer capitales y sostener la narrativa de que la Argentina volvió al eje occidental. Pero ese respaldo no es gratis. Implica decisiones concretas sobre China, comercio, patentes, recursos estratégicos, telecomunicaciones y seguridad hemisférica.

El desafío argentino es evitar que el alineamiento automático se convierta en pérdida de margen propio. Estar cerca de Estados Unidos puede abrir puertas financieras y geopolíticas, pero también puede generar costos si Washington exige movimientos que choquen con intereses económicos ya instalados o con la necesidad de mantener relaciones comerciales diversificadas.

Caputo viajó justamente a ese cruce. No fue solo una misión diplomática. Fue una conversación sobre el futuro del gobierno de Milei, sobre la reelección, sobre China, sobre Adorni, sobre la interna libertaria y sobre el lugar que Estados Unidos espera que ocupe la Argentina en la nueva disputa global.

La foto que deja el viaje es potente: el asesor más enigmático del Presidente, en Washington, hablando con funcionarios de Trump mientras en Buenos Aires crecen las dudas sobre el gabinete, la relación con Karina, el caso Adorni y la capacidad del oficialismo para sostener el poder.

El mensaje de fondo es que la Argentina de Milei ya no se juega solo en la Casa Rosada.

También se juega en Washington, donde Estados Unidos empieza a mirar al experimento libertario no solo como una afinidad ideológica, sino como una pieza estratégica que necesita durar.

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