La economía de Milei muestra alivio financiero, pero la calle todavía no arranca

El cierre de junio deja una foto partida para el Gobierno: baja el riesgo país, suben los activos argentinos y el dólar se mantiene con brechas acotadas, pero la actividad real crece menos de lo esperado y los sectores que más empleo generan siguen débiles. La macro ordena expectativas; el consumo, la industria y el comercio todavía no terminan de reaccionar.
29 de junio de 2026Alejandro CabreraAlejandro Cabrera

La economía argentina cierra el mes con una señal que entusiasma al mercado y otra que preocupa al bolsillo. Por un lado, los bonos en dólares vuelven a subir, las acciones argentinas rebotan en Wall Street y el riesgo país cae por debajo de los 430 puntos básicos. Por el otro, la actividad económica de abril creció menos de lo esperado y volvió a dejar en evidencia que la recuperación no avanza de manera pareja.

El dato central del día es ese contraste: la Argentina financiera parece encontrar algo de aire, mientras la economía real sigue caminando con dificultad. El Gobierno puede mostrar estabilidad cambiaria, menor inflación, acumulación de reservas y mejora en la percepción crediticia. Pero todavía le cuesta transformar esos logros en consumo, empleo formal y recuperación sostenida del mercado interno.

Dólar calmo, pero más arriba

El dólar oficial cotizó este lunes 29 de junio a $1.445 para la compra y $1.495 para la venta en el Banco Nación. El blue operó a $1.515 para la venta, el mayorista a $1.477, el MEP a $1.499,30 y el contado con liquidación a $1.541,50. La brecha entre el blue y el mayorista quedó en 2,57%, un nivel bajo para los parámetros argentinos.

La calma cambiaria, sin embargo, no significa inmovilidad. El dólar oficial acumuló en junio una suba superior al 5% y alcanzó su valor más elevado desde noviembre de 2025, en un movimiento que analistas atribuyen a una combinación de factores externos y locales.

Ese dato es clave porque marca el dilema del equipo económico: dejar que el tipo de cambio corrija lo suficiente para evitar atraso, pero sin acelerar demasiado y poner en riesgo la desinflación. En otras palabras, Caputo necesita un dólar que no asfixie exportaciones ni reservas, pero tampoco uno que vuelva a meter presión sobre precios.

La estabilidad cambiaria sigue siendo el corazón del programa: si el dólar se mueve demasiado rápido, la inflación vuelve a mirar de cerca.

Mercado optimista y riesgo país en baja

En los mercados hubo una rueda positiva para los activos argentinos. Los ADR subieron hasta 4,1%, el S&P Merval avanzó hasta 2,7%, los bonos en dólares treparon hasta 1,4% y el riesgo país cayó a 428 puntos básicos, acercándose nuevamente a la zona de los 400 puntos.

La mejora responde a varios factores: expectativa de financiamiento, mejores datos macro, upgrades de calificadoras y la idea de que el Gobierno empieza a reordenar su frente político después de la salida de Manuel Adorni y el ingreso de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete. Para los inversores, la pregunta no es solo económica: también es política.

El mercado mira si Milei podrá convertir la estabilidad financiera en gobernabilidad. La baja del riesgo país abre la ilusión de un eventual regreso a los mercados internacionales, pero todavía pesa el calendario de vencimientos. El FMI dijo que confía en que Argentina seguirá pagando, aunque advirtió que la capacidad de repago sigue sujeta a riesgos excepcionales por el bajo nivel de reservas líquidas, los vencimientos cercanos y la volatilidad política de cara a 2027.

La actividad crece menos de lo esperado

El dato más incómodo llegó por el lado de la actividad. Según Reuters, con base en datos oficiales, la economía argentina creció 1,6% interanual en abril, por debajo del 2,2% esperado por analistas, y desaceleró fuerte frente al 6,2% registrado en marzo. El impulso vino sobre todo de agro, ganadería, caza, silvicultura y minería, mientras que ocho sectores mostraron caídas interanuales, entre ellos pesca, industria manufacturera y comercio mayorista y minorista.

Ahí aparece el problema de fondo: los sectores que aportan dólares no son necesariamente los que generan más empleo. Agro, energía y minería ayudan a sostener reservas, exportaciones y confianza financiera, pero comercio, industria y servicios siguen sintiendo el freno del consumo y la presión de costos.

La economía, entonces, muestra dos velocidades. Una velocidad exportadora y financiera, que permite mostrar dólares, superávit comercial y menor riesgo país. Y otra velocidad doméstica, donde las familias, las pymes y los sectores intensivos en empleo todavía no sienten una recuperación clara.

Inflación en baja, pero salarios exigidos

La inflación de mayo fue de 2,1%, acumuló 14,7% en lo que va del año y llegó a 33,2% interanual. Fue una desaceleración frente al 2,6% de abril y uno de los datos que el Gobierno usa para sostener que el programa económico empieza a ordenar las variables centrales.

El problema es que la baja de la inflación todavía convive con salarios exigidos, consumo frágil y empleo formal golpeado. El índice de salarios subió 3,7% mensual en abril y 36,9% interanual, pero la recuperación no alcanza de manera pareja a todos los sectores y convive con una economía donde parte del empleo perdido fue reemplazado por formas más precarias.

El Gobierno puede mostrar una mejora nominal: menos inflación mensual, menos brecha cambiaria y mejores expectativas de mercado. Pero la discusión social pasa por otro lado: cuánto rinde el sueldo, cuánto se vende en los comercios y cuántas empresas pueden sostener empleo formal.

Reservas, comercio exterior y el gran interrogante

El frente externo sigue siendo uno de los pilares del programa. El REM del Banco Central proyecta para 2026 exportaciones por USD 98.547 millones, importaciones por USD 78.363 millones y un superávit comercial anual esperado de USD 20.185 millones. También estima un crecimiento del PIB de 2,9% para este año y un tipo de cambio nominal promedio de $1.658 por dólar para diciembre.

Ese escenario ayuda a explicar por qué el Gobierno insiste en que la estabilización está funcionando. Si entran dólares por exportaciones, si el BCRA acumula reservas y si el riesgo país baja, la Argentina queda más cerca de financiarse mejor y de reducir la presión sobre el mercado cambiario.

Pero hay un dato que pone límites al optimismo: en el primer trimestre de 2026, Argentina registró un déficit de cuenta corriente de USD 1.651 millones, después de un superávit corregido de USD 1.922 millones en el trimestre anterior.

La macro empieza a ordenar la foto, pero todavía no ordena la vida cotidiana.

La clave del día

El perfil económico de este lunes deja una síntesis clara: Milei gana aire en los mercados, pero todavía no logra que ese alivio llegue con fuerza a la economía real. El dólar sigue bajo control, el riesgo país cae, los bonos reaccionan y la inflación muestra una tendencia descendente. Sin embargo, la actividad se desacelera, la industria y el comercio siguen débiles y la recuperación aparece concentrada en sectores que no derraman empleo masivo.

El Gobierno necesita que el segundo semestre convierta estabilidad en movimiento. Que la baja de inflación mejore salarios reales. Que el crédito vuelva sin disparar el dólar. Que la inversión salga de los anuncios y llegue a producción. Que el rebote financiero no quede encerrado en la City.

Por ahora, la economía argentina muestra una mejora ordenada desde arriba y una recuperación incompleta desde abajo. Esa es la foto del día.

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