
Trump reabre la guerra por Ormuz: bloqueo total a Irán, peaje del 20% y nuevos ataques contra Teherán
Alejandro CabreraDonald Trump no se limitó a anunciar una nueva operación naval. El presidente estadounidense pretende convertir a Estados Unidos en el administrador militar del estrecho de Ormuz, bloquear por completo el comercio marítimo iraní y cobrarles a los demás países por garantizar el tránsito a través de la ruta energética más importante del planeta.
La decisión entrará formalmente en vigor el martes 14 de julio a las 20 GMT, las 17 de la Argentina. Desde ese momento, las fuerzas estadounidenses podrán interceptar, desviar e incluso capturar embarcaciones que se dirijan hacia puertos, terminales petroleras o sectores costeros controlados por Irán.
El dispositivo comprenderá toda la costa iraní y alcanzará a los barcos de cualquier bandera. Los buques que no cumplan las órdenes de detención podrán ser obligados mediante el uso de la fuerza, según la advertencia distribuida a la industria marítima. Washington aseguró que permitirá el ingreso de ayuda humanitaria bajo inspección y que no impedirá el tránsito de barcos neutrales cuyo origen o destino no sea Irán.
Trump afirmó que el estrecho permanecerá abierto “con o sin Irán” y dijo que Estados Unidos se convertirá en su “guardián” o incluso en su “ángel de la guarda”. La Casa Blanca sostiene que la operación evitará que Teherán utilice ataques contra cargueros y petroleros para condicionar el comercio mundial.
Pero el anuncio contiene un segundo elemento mucho más polémico: Trump quiere que Estados Unidos reciba una compensación equivalente al 20% de todas las cargas que atraviesen la zona para financiar los costos de seguridad.
Todavía no explicó si ese porcentaje funcionará como un peaje, una tarifa marítima, un tributo sobre el valor declarado de la mercadería o una contribución negociada con los gobiernos del Golfo. El propio vocero del Comando Central estadounidense evitó confirmar que las Fuerzas Armadas vayan a encargarse de cobrarlo y derivó las consultas a la Casa Blanca.
Qué significa realmente el nuevo bloqueo
La operación no implica, al menos en su formulación inicial, que Estados Unidos vaya a impedir el paso de todos los barcos por Ormuz.
El objetivo declarado es aislar a Irán: ningún buque podría entrar o salir de sus puertos, cargar petróleo iraní o prestar servicios a instalaciones marítimas del país sin autorización estadounidense. Al mismo tiempo, Washington promete proteger el tránsito de embarcaciones vinculadas con Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Irak y otros productores del Golfo.
En términos prácticos, la Marina estadounidense deberá distinguir entre barcos neutrales y embarcaciones que comercien con Irán, inspeccionar documentos, identificar el origen de las cargas y vigilar posibles operaciones de transferencia entre buques.
El sistema será difícil de aplicar. Durante los últimos meses, numerosos petroleros apagaron sus transpondedores, modificaron sus nombres, cambiaron de bandera o transfirieron la carga en alta mar para ocultar el origen del petróleo.
Las fuerzas estadounidenses advirtieron que los barcos que intenten violar el bloqueo podrán ser interceptados, desviados o capturados. Las normas comunicadas por Washington también contemplan la utilización de fuerza contra aquellas embarcaciones que se resistan después de recibir una advertencia.
La medida es, por lo tanto, mucho más amplia que una escolta naval. Estados Unidos se propone controlar qué barcos pueden comerciar con Irán y cuáles pueden atravesar una de las principales rutas marítimas internacionales.
Trump había impuesto un bloqueo similar en abril, después del fracaso de las primeras negociaciones. La operación fue suspendida progresivamente como parte del entendimiento alcanzado en junio. Su restablecimiento confirma que Washington considera prácticamente agotada aquella etapa diplomática.
Nuevos bombardeos y una respuesta iraní en todo el Golfo
El bloqueo llega acompañado por una intensificación de los ataques estadounidenses.
Durante el domingo, el Comando Central informó que había alcanzado alrededor de 140 objetivos dentro de Irán. Las operaciones se dirigieron contra lanzadores de misiles y drones, depósitos de municiones, radares, sistemas de comunicación y posiciones de defensa aérea.
El lunes comenzó una nueva ronda de bombardeos. Estados Unidos aseguró que atacó instalaciones navales, pequeñas embarcaciones, centros de mantenimiento, equipos de misiles y una posición vinculada con un submarino iraní.
La Marina estadounidense también utilizó embarcaciones no tripuladas Corsair para golpear la base naval de Bandar Abbas. De acuerdo con el Comando Central, fue la primera utilización en combate de drones navales estadounidenses para atacar directamente una instalación enemiga.
Tres de esas embarcaciones impactaron contra un centro de mantenimiento en el que se encontraba un submarino iraní. La operación mostró que Washington no solamente pretende escoltar cargueros: busca reducir la capacidad de la Guardia Revolucionaria para operar en el estrecho.
Irán respondió ampliando el conflicto fuera de sus fronteras.
Durante el fin de semana y el lunes se registraron ataques contra instalaciones y territorios de Bahréin, Kuwait, Qatar, Jordania y Omán, países que alojan fuerzas estadounidenses o participan de la arquitectura militar de Washington en la región.
Las sirenas se activaron varias veces en Bahréin, sede de la Quinta Flota de Estados Unidos. Jordania informó que interceptó cuatro misiles iraníes sin que se produjeran víctimas, mientras Kuwait denunció ataques contra puestos fronterizos, una plataforma petrolera y su representación consular en Irak.
La Guardia Revolucionaria sostiene que los países que faciliten operaciones estadounidenses serán considerados parte del conflicto. Esa doctrina expone a bases, aeropuertos, puertos, refinerías e infraestructura energética de todo el Golfo.
La confrontación, por lo tanto, dejó de desarrollarse exclusivamente entre Estados Unidos e Irán. Cada nueva ronda de ataques aumenta la posibilidad de que una acción iraní provoque víctimas en un país árabe y genere una respuesta militar directa de ese gobierno.
El estrecho está abierto, cerrado o bajo dos controles paralelos
Washington y Teherán ofrecen versiones completamente opuestas.
Trump afirma que Ormuz está abierto y que Estados Unidos garantizará la navegación. Irán sostiene que el estrecho permanece cerrado después de que varias embarcaciones utilizaran una ruta que Teherán considera no autorizada.
La Guardia Revolucionaria aseguró haber detenido dos buques durante la noche del domingo, aunque no reveló sus nombres. Además, un portacontenedores fue alcanzado por un proyectil, sufrió un incendio en la sala de máquinas y dejó al menos un tripulante desaparecido.
Estados Unidos intenta mantener funcionando un corredor más cercano a la costa de Omán. Esa vía meridional fue ampliada para permitir el tránsito en ambos sentidos y busca reducir la capacidad iraní para controlar las embarcaciones.
Teherán considera que ese recorrido viola el entendimiento firmado en junio y atacó barcos que intentaron utilizarlo. Estados Unidos, en cambio, sostiene que se trata de una ruta internacional sobre la que Irán no puede imponer autorizaciones.
En los hechos, ninguna de las dos potencias controla completamente el estrecho.
Irán conserva misiles costeros, drones, minas, submarinos pequeños y embarcaciones rápidas con capacidad para atacar el tráfico comercial. Estados Unidos posee una superioridad aérea y naval muy amplia, pero no puede garantizar que cada petrolero atraviese la zona sin riesgos.
El resultado es un sistema de controles paralelos. Irán intenta decidir qué buques pueden cruzar y por dónde deben hacerlo. Estados Unidos pretende imponer otra ruta, bloquear los puertos iraníes y escoltar al resto del tráfico.
Esa superposición aumenta la posibilidad de errores. Un petrolero que no responda inmediatamente, una lancha que se aproxime demasiado o una interpretación incorrecta de una maniobra pueden desencadenar un enfrentamiento directo.
El tráfico marítimo se desplomó
Más allá de los anuncios políticos, las compañías ya comenzaron a retirarse.
El movimiento de petroleros y buques gaseros cayó al nivel más bajo desde el 25 de mayo. Solamente seis petroleros fueron detectados cruzando el estrecho durante el domingo, mientras que no se observó el paso de ningún carguero de gas natural licuado durante el fin de semana.
La cifra real podría ser algo mayor porque muchos barcos desconectaron sus sistemas de identificación automática para evitar ser localizados. Sin embargo, los datos satelitales confirman una reducción marcada del tránsito.
Algunas empresas están evitando ingresar al Golfo Pérsico y realizan transferencias de petróleo frente a las costas de Omán. Un barco proveniente de los puertos del Golfo descarga en otro petrolero que espera en el golfo de Omán, lo que permite completar la exportación sin que ambos buques atraviesen Ormuz.
El procedimiento es más lento, caro y riesgoso. También requiere suficientes barcos, condiciones climáticas adecuadas y una coordinación compleja.
Las aseguradoras pueden convertirse en el factor determinante. Aunque la Marina estadounidense ofrezca protección, un ataque contra un carguero puede elevar abruptamente las primas o provocar que las empresas retiren la cobertura.
El estrecho puede permanecer técnicamente abierto y, al mismo tiempo, resultar comercialmente inutilizable si los propietarios, las tripulaciones y las aseguradoras consideran que el riesgo es demasiado elevado.
Cómo se destruyó el acuerdo firmado en junio
La nueva escalada desarma el Memorando de Islamabad, un documento de 14 puntos firmado en junio con la mediación de Pakistán.
El acuerdo declaró el final de la guerra, dispuso la reapertura del estrecho y estableció un período de 60 días para negociar una solución definitiva. No obstante, dejó varias cláusulas redactadas de manera ambigua.
El artículo quinto señaló que Irán utilizaría sus “mejores esfuerzos” para garantizar durante 60 días el paso seguro y gratuito de los barcos comerciales entre el Golfo Pérsico y el mar de Omán.
Teherán interpretó esa redacción como un reconocimiento temporal de su derecho a administrar todo el estrecho. Washington y los gobiernos árabes sostuvieron que Irán solamente se había comprometido a facilitar la navegación, sin recibir autoridad para aprobar rutas, exigir permisos o detener embarcaciones.
La diferencia nunca fue resuelta.
Irán comenzó a disparar contra barcos que, según sus autoridades, navegaban por corredores no autorizados. Estados Unidos respondió con bombardeos y con la creación de un recorrido cercano a Omán.
El segundo quiebre se produjo con el petróleo iraní.
El acuerdo obligaba a Washington a emitir exenciones para permitir la exportación de crudo, los pagos bancarios, los seguros y el transporte. Estados Unidos otorgó inicialmente una licencia que debía permanecer vigente hasta el 21 de agosto.
El 7 de julio, después de una serie de ataques contra petroleros, Washington revocó ese permiso y fijó el 17 de julio como fecha final para abandonar las operaciones autorizadas. Irán calificó la decisión como una violación directa del memorando.
También quedaron congelados alrededor de 6000 millones de dólares depositados en cuentas de Qatar. El documento preveía habilitar esos fondos, pero Washington pretendía controlar su utilización y destinarlos principalmente a la compra de alimentos estadounidenses. Teherán rechazó esa condición.
El programa nuclear tampoco fue resuelto. Las partes postergaron para la segunda etapa las discusiones sobre el enriquecimiento de uranio, el material acumulado, las inspecciones y el futuro de las instalaciones atacadas.
Trump declaró que la tregua estaba “terminada”, aunque los mediadores de Pakistán, Qatar y Egipto continúan intentando reactivar las conversaciones. Por ahora no existe una fecha confirmada para una nueva reunión.
El cuestionado peaje del 20%
La propuesta de Trump contradice la posición que Estados Unidos defendía hasta hace pocas semanas.
El 25 de junio, el secretario de Estado Marco Rubio aseguró que ningún país apoyaba el cobro de tarifas en Ormuz y recordó que se trata de una vía utilizada para la navegación internacional.
Ahora Trump propone cobrar el 20% del valor de las cargas, una cantidad extraordinariamente superior a cualquier tasa portuaria o costo habitual de escolta.
Irán aprovechó la contradicción. Su canciller, Abbas Araghchi, ironizó que Trump tenía razón al decir que quien garantiza el paso seguro debe recibir una compensación, pero afirmó que Irán fue siempre el verdadero guardián del estrecho y prometió que Teherán cobraría una tarifa “más justa”.
La Organización Marítima Internacional rechazó los dos planteos.
El organismo dependiente de la ONU señaló que el tránsito debe ser libre, ininterrumpido y no discriminatorio. También aseguró que no existe una base jurídica para imponer peajes obligatorios a los barcos que simplemente atraviesan un estrecho internacional.
La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar establece el derecho de paso en tránsito para todos los barcos y aeronaves que atraviesen estrechos utilizados para la navegación internacional. Esa circulación no debería ser impedida por los Estados costeros.
El bloqueo a los puertos de un país enemigo pertenece a otra categoría jurídica. Las reglas aplicables a los conflictos navales admiten bloqueos si son declarados, comunicados, efectivos, aplicados de manera imparcial y permiten la asistencia humanitaria.
Sin embargo, controlar el comercio iraní no otorga automáticamente a Estados Unidos el derecho a cobrarles a terceros países por atravesar Ormuz. Esa es la parte más controvertida de la propuesta de Trump.
El petróleo vuelve a transmitir el costo de la guerra
Ormuz transportaba antes del conflicto alrededor de una quinta parte del petróleo y los derivados consumidos en el planeta, además de aproximadamente el 20% del comercio mundial de gas natural licuado.
También concentraba más de una cuarta parte de todo el comercio marítimo mundial de petróleo. Qatar depende especialmente del estrecho para exportar gas, mientras Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak e Irán lo utilizan para buena parte de sus ventas energéticas.
Los mercados reaccionaron inmediatamente al anuncio.
El Brent subió aproximadamente un 9,6% y llegó a los 83,30 dólares por barril, mientras el crudo estadounidense avanzó un 9,4% hasta los 78,14 dólares. Las bolsas retrocedieron, el dólar se fortaleció y aumentaron los rendimientos de los bonos estadounidenses por el temor a una nueva aceleración de la inflación.
Los precios todavía permanecen por debajo de los máximos alcanzados durante los peores momentos de la guerra, cuando el Brent superó los 120 dólares y posteriormente llegó a ubicarse por encima de 126.
La diferencia es que las reservas disponibles para enfrentar una nueva crisis son menores.
Durante los últimos meses, Estados Unidos y otros países liberaron importantes volúmenes de sus reservas estratégicas para compensar la caída de las exportaciones del Golfo. Un nuevo cierre prolongado encontraría al mercado con menos capacidad de respuesta.
Arabia Saudita y Emiratos poseen oleoductos que permiten evitar Ormuz, pero la capacidad adicional disponible se estima en unos 2,6 millones de barriles diarios. Esa infraestructura solamente puede reemplazar una fracción del petróleo que normalmente atravesaba el estrecho.
Los países asiáticos serían los más expuestos. En 2024, el 84% del crudo y el 83% del gas natural licuado que atravesaron Ormuz tuvieron como destino Asia. China, India, Japón y Corea del Sur concentraron la mayor parte de esas compras.
El riesgo político para Trump
La guerra también comienza a generar costos internos para la Casa Blanca.
Una encuesta de Reuters/Ipsos reveló que el 79% de los estadounidenses cree que la intervención militar se prolongará, frente al 65% que pensaba lo mismo en marzo. Solamente el 18% espera que el conflicto termine en cuestión de semanas.
El apoyo a los bombardeos se ubica en el 37%, mientras el 60% teme que la guerra empeore el precio de la nafta y la mitad considera que los costos no justificaron la intervención.
Estados Unidos reconoció hasta ahora la muerte de 14 militares y más de 400 heridos desde el inicio del conflicto. La mayoría de las bajas se produjo durante las primeras semanas, aunque los nuevos ataques iraníes contra bases regionales mantienen elevado el riesgo.
Trump debe demostrar que puede reabrir Ormuz sin quedar atrapado en una guerra indefinida. Al mismo tiempo, cualquier aumento sostenido de la energía puede perjudicar al Partido Republicano antes de las elecciones legislativas de noviembre.
Esa combinación explica la aparente contradicción de su estrategia: intensifica los ataques y anuncia un bloqueo total, pero mantiene formalmente abierta la posibilidad de volver a negociar.
Hacia dónde puede ir la crisis
El escenario más favorable para Washington sería una presión controlada.
Estados Unidos aplicaría el bloqueo, reduciría drásticamente las exportaciones iraníes y permitiría que el resto de los cargueros utilice el corredor cercano a Omán. Frente al deterioro económico, Teherán podría aceptar una nueva negociación y renunciar temporalmente a controlar las rutas.
El problema es que Irán necesita demostrar que todavía puede causar daños. Si permite que Estados Unidos administre el estrecho sin responder, perdería su principal herramienta de presión y quedaría aislado detrás del bloqueo.
Por eso es probable que continúen los ataques limitados contra barcos, bases o infraestructura de países aliados de Washington. El objetivo iraní sería elevar el precio de la operación sin provocar una invasión directa.
El segundo escenario es una especie de conflicto administrado: ataques periódicos, tránsito marítimo reducido, precios altos y negociaciones intermitentes. Un modelo similar al que durante años afectó al mar Rojo por las acciones de los hutíes, pero en una ruta energética mucho más importante.
El tercer escenario es una escalada regional abierta.
Podría desencadenarse si un ataque iraní causa un número elevado de víctimas estadounidenses, si Washington intenta destruir instalaciones estratégicas de la Guardia Revolucionaria o si algún país árabe decide responder directamente.
Trump ya anticipó nuevas rondas de bombardeos y mencionó la posibilidad de atacar Pickaxe Mountain, una instalación fortificada vinculada con el complejo nuclear de Natanz. Una operación de esa magnitud podría convertir la actual confrontación naval en una nueva fase de la guerra.
Las próximas horas serán decisivas.
El primer momento crítico llegará cuando Estados Unidos comience a hacer cumplir el bloqueo el martes. Será necesario observar si intenta detener efectivamente barcos, si Irán escolta sus exportaciones y si las grandes compañías aceptan navegar bajo protección estadounidense.
El segundo será la reacción iraní. Teherán puede responder atacando buques, bases del Golfo o instalaciones petroleras, o limitarse a mantener una amenaza que eleve los costos comerciales.
El tercero será el discurso nacional que Trump anunció para el jueves. Aunque no anticipó su contenido, la intervención llega después del anuncio del bloqueo, los nuevos ataques y la ruptura de la tregua.
La disputa ya no consiste solamente en mantener abierto el estrecho de Ormuz. Estados Unidos e Irán intentan demostrar quién tiene autoridad para regularlo.
Trump quiere convertir a Washington en el guardián militar de la ruta, aislar económicamente a Teherán y cobrar por la protección. Irán busca preservar su capacidad de condicionar la navegación y utilizar el estrecho como garantía frente a futuros ataques.
Mientras ninguno de los dos acepte renunciar a ese control, el acuerdo de junio seguirá existiendo únicamente en los documentos y la región permanecerá a un error de distancia de una nueva guerra total.


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