UEFA amenaza con romper con la FIFA: qué quiere privatizar Infantino y por qué Europa se planta

Las 55 federaciones europeas anunciaron que no participarán en competiciones organizadas por la FIFA mientras siga vigente el proyecto para incorporar inversores privados al negocio del Mundial. No se trata todavía de una salida institucional de la UEFA, sino de un boicot que podría dejar a las principales selecciones fuera de los torneos internacionales.
 
Deporte30 de julio de 2026Alejandro CabreraAlejandro Cabrera

El fútbol mundial quedó al borde de una fractura sin antecedentes. La UEFA y sus 55 federaciones nacionales resolvieron este jueves rechazar de manera unánime el proyecto comercial impulsado por Gianni Infantino y amenazaron con retirar a todas las selecciones europeas de las competiciones organizadas por la FIFA.

La decisión podría alcanzar a los Mundiales masculinos y femeninos, los torneos juveniles, el Mundial de Clubes y cualquier otra competencia bajo control del organismo internacional. La primera afectada podría ser la Copa Mundial Femenina Sub-20, prevista en Polonia desde el 5 de septiembre.

Sin embargo, hablar de una “salida de la UEFA de la FIFA” requiere una precisión. Las integrantes formales de la FIFA son las 211 federaciones nacionales, no las confederaciones continentales como bloques. UEFA es una de las seis confederaciones reconocidas por el estatuto de la FIFA, pero las asociaciones de España, Inglaterra, Francia, Alemania, Italia y los demás países europeos mantienen individualmente su afiliación internacional. Lo anunciado hasta ahora es un boicot coordinado, no una desafiliación jurídica definitiva.

La amenaza, de todos modos, es extraordinariamente poderosa. Un Mundial sin las selecciones europeas perdería a buena parte de sus campeones históricos, de sus principales figuras, de sus mercados televisivos más rentables y de los equipos que suelen ocupar una proporción decisiva de las últimas instancias.

El conflicto no nació por una modificación del reglamento ni por la distribución de plazas. UEFA se opone a que la FIFA permita que fondos de inversión compren una participación en la empresa que administraría comercialmente el Mundial y otras competiciones internacionales.

Qué quiere hacer la FIFA

El proyecto de Infantino consiste en crear una empresa denominada FIFA Forward Enterprise, conocida por sus iniciales FFE.

La nueva sociedad concentraría la explotación comercial de las principales competiciones de la FIFA. Allí quedarían derechos vinculados con los Mundiales, patrocinios, licencias, contenidos, plataformas digitales, venta de entradas, hospitalidad y otros activos comerciales que hoy constituyen la principal fuente de ingresos del organismo.

La empresa tendría una valuación estimada cercana a los 20.000 millones de dólares. La FIFA proyecta vender aproximadamente un 20% a inversores privados, lo que podría aportar alrededor de 4.000 millones de dólares de capital inicial. El grupo inversor sería encabezado por Thrive Eternal, una firma vinculada con Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump. J.P. Morgan fue contratado para colaborar con la operación.

La FIFA sostiene que los inversores tendrían una participación minoritaria y sin control. Según su versión, no podrían votar en el Consejo de la FIFA ni intervenir directamente en reglamentos, formatos deportivos, calendarios o decisiones disciplinarias.

Infantino afirma que la FIFA conservaría la mayoría del directorio de FFE y la autoridad exclusiva sobre las cuestiones futbolísticas. Los socios privados aportarían capital, conocimiento empresarial y capacidad para aumentar los ingresos comerciales.

El dinero obtenido se utilizaría, según la FIFA, para incrementar los fondos destinados a las federaciones nacionales.

Cada una de las 211 asociaciones miembro tenía prometidos alrededor de 10 millones de dólares para los próximos cuatro años. Infantino ofreció duplicar esa suma hasta los 20 millones en caso de que se apruebe la nueva estructura. También proyectó que cada federación podría recibir 86 millones hasta 2038, frente a los aproximadamente 36 millones previstos con el esquema actual.

El presidente de la FIFA presenta el plan como una democratización de los recursos. Su argumento es que las federaciones pequeñas, que no cuentan con grandes contratos televisivos ni campeonatos comercialmente poderosos, podrían construir estadios, centros de entrenamiento y programas juveniles gracias a esos fondos.

Para numerosos países de África, Asia, Oceanía, Centroamérica y el Caribe, la financiación de la FIFA representa una parte importante de su presupuesto futbolístico. Esa dependencia le otorga a Infantino una base política considerable dentro del Congreso que reúne a las 211 federaciones.

Lo que UEFA no quiere que haga la FIFA

La oposición europea no se limita a quiénes serían los inversores. UEFA rechaza que cualquier actor privado pueda convertirse en propietario, aunque sea minoritario, de una empresa cuyo valor depende directamente de la Copa del Mundo.

Para las federaciones europeas, la FIFA no es dueña del Mundial en el mismo sentido en que una compañía es propietaria de una marca comercial. Administra temporalmente una competencia construida durante generaciones por selecciones, jugadores, federaciones y aficionados.

El argumento central es que la Copa del Mundo pertenece al sistema del fútbol y no debería convertirse en un activo financiero susceptible de ser dividido en participaciones y vendido a fondos privados.

UEFA teme que, aunque los inversores no tengan votos formales sobre las decisiones deportivas, su presencia modifique las prioridades de la FIFA. Una empresa que recibe miles de millones de dólares debe producir rentabilidad para quienes pusieron el capital.

Esa obligación podría generar presión para organizar más partidos, ampliar nuevamente los torneos, crear nuevas competiciones, reducir los períodos de descanso, aumentar el precio de las entradas y elegir formatos o sedes según su rendimiento comercial.

En el papel, la FIFA conservaría el control del calendario. En la práctica, UEFA considera difícil imaginar que un socio propietario del 20% permanezca completamente ajeno a las decisiones que determinan cuánto vale su inversión.

Cuantos más partidos se disputen, más derechos televisivos, entradas, patrocinios y contenidos podrán venderse. El riesgo señalado por Europa es que las necesidades de jugadores, clubes, ligas y aficionados queden subordinadas a la obligación de aumentar los ingresos.

La FIFA ya amplió el Mundial masculino a 48 equipos y 104 partidos, extendió el Mundial de Clubes y multiplicó sus proyectos de nuevas competencias. Para UEFA, la entrada de fondos privados convertiría esa expansión en una exigencia permanente y no solamente en una política deportiva discutible.

El organismo europeo también teme perder influencia sobre el calendario internacional. Los clubes europeos aportan la mayoría de las principales figuras a los Mundiales, pero deben cederlas a las selecciones mientras continúan afrontando sus ligas, copas nacionales, Champions League, Europa League y Conference League.

Una FIFA presionada para producir más eventos comerciales podría profundizar el conflicto por la disponibilidad de los futbolistas.

El temor a que el Mundial quede condicionado por accionistas

La discusión contiene una diferencia importante entre propiedad y control.

La FIFA sostiene que vender una participación minoritaria no significa entregar el Mundial. Los inversores no podrían modificar las reglas, elegir campeones, nombrar árbitros ni determinar qué selecciones participan.

UEFA responde que la influencia económica no necesita adoptar la forma de un voto formal.

Un fondo puede exigir crecimiento, rentabilidad y cumplimiento de objetivos desde su posición contractual. Puede negociar garantías, reclamar información, condicionar futuras inversiones o ejercer presión para que la empresa aumente su valor.

Además, la inversión no estaría respaldada por una fábrica, inmuebles o una tecnología independiente. El valor de FFE dependería de la explotación comercial de competencias como el Mundial.

Por esa razón, cada decisión deportiva tendría consecuencias financieras. Cambiar el número de participantes, agregar partidos, modificar las fechas, establecer pausas comerciales o trasladar los torneos hacia mercados con mayor capacidad de pago repercutiría directamente en los ingresos de la empresa.

UEFA no quiere que la FIFA venda una parte del incentivo económico que existe detrás de esas decisiones.

Su posición es que el organismo internacional debe administrar los torneos como una institución sin fines de lucro perteneciente a las federaciones y no como una plataforma de inversión obligada a satisfacer accionistas externos.

Las sospechas sobre el procedimiento

El segundo gran cuestionamiento está relacionado con la forma en que Infantino desarrolló el proyecto.

UEFA denunció que el plan fue preparado en secreto y presentado cuando ya se encontraba cerca de su aprobación, sin una consulta significativa con las confederaciones, los clubes, las ligas, los jugadores o las asociaciones de aficionados.

La FIFA niega que exista una decisión cerrada. Explica que la propuesta deberá ser respaldada por la mayoría de las federaciones nacionales y que el Consejo de la FIFA tendrá que aprobar las modificaciones regulatorias correspondientes.

Pero el ofrecimiento económico generó todavía más desconfianza.

Las federaciones tienen hasta el 19 de septiembre para aceptar la posibilidad de recibir 20 millones de dólares. Para UEFA, vincular la aprobación del proyecto con una duplicación inmediata de los fondos no constituye una consulta neutral, sino un mecanismo de presión sobre asociaciones que dependen financieramente de la FIFA.

En otras palabras, las mismas federaciones que deben decidir si permiten el ingreso de inversores privados reciben la promesa de una suma extraordinaria en caso de votar afirmativamente.

UEFA definió el procedimiento como un ultimátum y acusó a la conducción de gobernar mediante intimidación. Su exigencia no es renegociar el porcentaje o elegir otros inversores: reclama que el proyecto sea abandonado completamente.

También exige garantías vinculantes para impedir que la FIFA vuelva a intentar en el futuro la apertura de sus competiciones o de su estructura de gobierno a propietarios privados.

¿Puede existir un Mundial sin Europa?

En términos formales, la FIFA podría continuar organizando competiciones sin las federaciones europeas.

La UEFA reúne 55 votos dentro de un Congreso de 211 miembros. Por sí sola no tiene la mayoría necesaria para bloquear el proyecto. Infantino conserva una influencia importante entre asociaciones beneficiarias de los programas de desarrollo.

Pero la viabilidad deportiva y comercial de un Mundial sin Europa sería profundamente cuestionable.

En la edición de 2026, España y Argentina disputaron la final, mientras Inglaterra y Francia completaron los cuatro primeros puestos. La ausencia europea eliminaría a selecciones como Alemania, Italia, Francia, España, Inglaterra, Portugal, Países Bajos, Bélgica y Croacia.

También afectaría a patrocinadores, cadenas de televisión, plataformas y organizadores que pagan cifras enormes por una competencia con alcance verdaderamente mundial.

El boicot podría extenderse al Mundial de Clubes. En ese caso quedarían afuera Real Madrid, Barcelona, Bayern Múnich, Manchester City, Liverpool, Paris Saint-Germain, Inter, Juventus y el resto de los grandes equipos europeos.

La amenaza de UEFA no implica que ya exista una ruptura irreversible. Funciona como una herramienta de presión destinada a obligar a Infantino a retirar el proyecto antes de la votación.

Existe un antecedente. En 2021, la FIFA abandonó la idea de organizar un Mundial cada dos años después de que UEFA amenazara con no participar.

Una pelea por el dinero, pero también por el poder

UEFA presenta su posición como una defensa del patrimonio colectivo del fútbol. Sin embargo, el conflicto también es una disputa por influencia y recursos entre dos organizaciones poderosas.

El fútbol europeo concentra las ligas, clubes, contratos televisivos y jugadores más valiosos. UEFA administra la Champions League, una de las competiciones deportivas con mayores ingresos del mundo.

La FIFA intenta aumentar sus propios torneos de clubes y selecciones para obtener una proporción mayor de ese mercado. Cada nueva competencia internacional ocupa fechas, atrae patrocinadores y compite por el interés de las audiencias.

UEFA teme que FFE otorgue a la FIFA una capacidad financiera mucho mayor para expandirse sobre espacios que actualmente dominan las confederaciones, las ligas nacionales y los clubes.

Infantino, por su parte, puede argumentar que Europa pretende conservar un sistema que concentra buena parte del dinero mundial dentro de sus propios campeonatos.

La discusión, por lo tanto, no enfrenta simplemente a quienes defienden el fútbol contra quienes quieren comercializarlo. UEFA también administra un negocio multimillonario y mantiene acuerdos comerciales con grandes empresas.

La diferencia está en el límite que ahora pretende establecer: comercializar derechos, patrocinios y entradas no sería equivalente a vender la propiedad parcial de la estructura que explota esas competiciones.

Qué puede pasar ahora

El anuncio europeo coloca a Infantino ante tres alternativas.

Puede retirar el proyecto, renegociarlo hasta alcanzar un acuerdo con UEFA o avanzar con una votación entre las 211 federaciones y arriesgarse a una ruptura.

La FIFA necesita una mayoría para crear la nueva estructura. Los 55 votos europeos no son suficientes para bloquearla, pero el rechazo comenzó a extenderse hacia otras confederaciones. La Confederación Asiática también cuestionó la falta de consultas y advirtió que una operación de semejante dimensión no puede prosperar sin respaldo continental amplio.

El conflicto también puede afectar el futuro político de Infantino. La FIFA elegirá presidente nuevamente en marzo de 2027 y el plazo para presentar candidatos vencerá el 18 de noviembre. Hasta hace pocos días parecía encaminado hacia otra reelección sin competencia, pero el enfrentamiento abrió la posibilidad de que UEFA impulse un candidato alternativo.

Por ahora, Europa no abandonó legalmente la FIFA. Pero declaró que no aceptará participar en sus torneos mientras exista la posibilidad de que inversores privados adquieran una parte del negocio mundialista.

Lo que UEFA no quiere es que la Copa del Mundo deje de ser solamente una competencia administrada por federaciones y se transforme también en un activo con accionistas, expectativas de rentabilidad y obligaciones comerciales permanentes.

La FIFA asegura que conservará el control. UEFA responde que, una vez vendido el primer porcentaje, el fútbol habrá cruzado una frontera difícil de deshacer.

La pelea recién comienza, pero el ultimátum europeo ya dejó planteado el escenario más extremo: una FIFA con el dinero de los inversores, pero sin las selecciones y los clubes que generan buena parte del valor que pretende vender.

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