
Infantino dio marcha atrás y frenó la privatización del Mundial tras la rebelión contra la FIFA
Alejandro CabreraLa amenaza de una guerra abierta entre la UEFA y la FIFA se desactivó en cuestión de horas. Gianni Infantino anunció este viernes 31 de julio que la propuesta para incorporar capitales privados a los principales torneos organizados por la FIFA “no seguirá adelante”.
La decisión representa una fuerte derrota política para el presidente del organismo, que inicialmente había defendido el proyecto y asegurado que no implicaba “vender el fútbol”. Finalmente, la resistencia de tres de las confederaciones más poderosas convirtió la iniciativa en prácticamente inviable.
La FIFA reconoció que el proyecto había provocado divisiones que ya no resultaban compatibles con el objetivo original. Infantino aseguró que intentará volver a reunir a las confederaciones y asociaciones nacionales durante los próximos días para reconstruir consensos.
Qué quería hacer Infantino
La propuesta contemplaba la creación de FIFA Forward Enterprise, una nueva empresa que concentraría las operaciones comerciales y la organización de los principales torneos de la FIFA, incluidos el Mundial masculino, el femenino y otras competencias internacionales.
El plan consistía en vender aproximadamente el 20% de esa sociedad a inversores privados. La operación podía recaudar hasta 4200 millones de dólares y valoraba la nueva compañía en alrededor de 20.000 millones.
La FIFA sostenía que conservaría el control deportivo y que el dinero obtenido sería utilizado para aumentar los fondos destinados a las federaciones nacionales y al desarrollo del fútbol.
Sin embargo, sus críticos advirtieron que el ingreso de fondos privados podía condicionar decisiones futuras, modificar la lógica de los torneos y convertir al Mundial en un producto sometido a las expectativas de rentabilidad de inversores externos.
La rebelión que obligó a FIFA a retroceder
La UEFA fue la primera organización en confrontar abiertamente con Infantino. Sus 55 federaciones rechazaron por unanimidad el proyecto y amenazaron con no participar en las competencias organizadas por la FIFA mientras la propuesta permaneciera vigente.
El eventual boicot podía afectar desde los mundiales juveniles hasta las próximas competencias internacionales. La UEFA sostuvo que la Copa del Mundo no podía ser tratada como un producto financiero ni ponerse al servicio de fondos privados.
La Concacaf se sumó con el respaldo de sus 41 asociaciones. El organismo presidido por Victor Montagliani cuestionó la falta de transparencia, el corto plazo otorgado para analizar el acuerdo y la ausencia de una revisión previa por parte de los órganos de gobierno de la FIFA.
Además, la Concacaf pidió estudiar la utilización de las reservas que ya posee la FIFA para financiar programas de desarrollo, sin necesidad de vender una participación de sus activos comerciales.
El golpe definitivo llegó desde Asia. La Confederación Asiática expresó su solidaridad con UEFA y Concacaf y consideró alarmante que la discusión hubiera llegado al punto de poner en riesgo la participación de selecciones en los torneos internacionales.
UEFA, Concacaf y la Confederación Asiática reúnen en conjunto 143 asociaciones nacionales sobre las 211 que integran la FIFA. Infantino necesitaba el respaldo de la mayoría y, con esos tres bloques en contra, ya no tenía los votos necesarios para impulsar la iniciativa.
Qué posición tomó Conmebol
La Conmebol mantuvo una posición mucho más cauta. No se sumó públicamente al rechazo frontal encabezado por Europa, Norteamérica y Asia, y comunicó que se encontraba analizando la estructura, la gobernanza y las posibles consecuencias de FIFA Forward Enterprise.
La retirada de Infantino llegó antes de que las diez federaciones sudamericanas adoptaran una postura definitiva. De esta manera, Conmebol evitó confrontar directamente con el presidente de la FIFA, con quien Alejandro Domínguez conserva una relación política cercana.
Una derrota política para Infantino
El retroceso también estuvo condicionado por la crisis interna que provocó el proyecto. Carlos Cordeiro, asesor principal de Infantino y expresidente de la Federación de Estados Unidos, renunció y calificó la operación como un mal acuerdo para el fútbol.
También aparecieron cuestionamientos dentro de la propia estructura administrativa de la FIFA por la forma en que se diseñó y presentó la propuesta.
Infantino había intentado resistir durante las primeras horas. La FIFA publicó un comunicado en el que aseguraba que mantendría el control de la nueva empresa y que jamás consideraría vender el fútbol. Pero la acumulación de rechazos dejó al presidente sin margen político para continuar.
La guerra entre UEFA y FIFA queda momentáneamente desactivada y las selecciones europeas no ejecutarán el boicot anunciado. Sin embargo, la crisis dejó expuesta la fractura dentro del fútbol mundial y abrió una discusión más profunda sobre el liderazgo de Infantino, la transparencia de sus decisiones y el futuro de la FIFA antes de las elecciones presidenciales de 2027.


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