
Si Milei y Macri se unen y el peronismo logra cerrar filas: cómo medirían hoy las nuevas alianzas rumbo a 2027
Alejandro CabreraLos acuerdos que comenzaron a tejerse durante esta semana pueden modificar considerablemente las elecciones de 2027. La Libertad Avanza y PRO decidieron restablecer una mesa política y sus representantes acordaron volver a encontrarse cada quince días, mientras Mauricio Macri y Karina Milei explorarán hasta dónde puede llegar una confluencia electoral. En paralelo, Axel Kicillof, Sergio Massa, Máximo Kirchner, gobernadores y autoridades parlamentarias del PJ decidieron intentar permanecer dentro de un mismo frente y ampliar esa estructura hacia dirigentes provinciales que actualmente se encuentran fuera del núcleo peronista.
Si esas dos operaciones prosperaran, el mapa que hoy presentan las encuestas cambiaría de manera importante. El punto de partida más útil lo ofrece la última medición nacional de Proyección, realizada entre el 1 y el 10 de julio sobre 1817 casos. Allí La Libertad Avanza aparece con 34,8%, Fuerza Patria con 33,7%, PRO con 7,4%, el Frente de Izquierda con 4,3% y Provincias Unidas con apenas 2,1%.
La primera cuenta parece irresistible: sumar el 34,8% libertario y el 7,4% macrista produce 42,2%. Si Fuerza Patria mantuviera su 33,7%, una hipotética coalición Milei-PRO arrancaría con 8,5 puntos de ventaja.
Pero esa suma no constituye una encuesta de la alianza. Es una simulación.
Y esa diferencia resulta fundamental para comprender qué podría ocurrir realmente.
La alianza Milei-PRO tendría un techo inicial cercano al 42%
El dato más favorable para la Casa Rosada es que las distintas mediciones muestran que PRO conserva una porción relativamente pequeña pero electoralmente decisiva del electorado. En el relevamiento de Proyección de julio representa 7,4%, justamente el porcentaje capaz de transformar una carrera prácticamente empatada entre LLA y Fuerza Patria en una ventaja considerable para una coalición de centroderecha.
No es un fenómeno aislado. Un mes antes, la misma consultora había encontrado 35,9% para La Libertad Avanza, 37,2% para Fuerza Patria y 5,7% para PRO. Si en aquel escenario se sumaban mecánicamente los dos espacios hoy negociadores, LLA-PRO alcanzaban 41,6%, frente al 37,2% del peronismo.
Las dos mediciones producen entonces una conclusión interesante. Dependiendo del mes utilizado, una suma perfecta entre libertarios y macristas habría colocado a ese espacio entre 41,6% y 42,2%.
Es un piso político muy importante para Milei, pero todavía no garantiza una victoria presidencial en primera vuelta.
La Constitución establece que una fórmula gana directamente si obtiene más del 45% de los votos afirmativos válidos, o si consigue al menos 40% y supera por más de diez puntos porcentuales a la segunda.
Tomando exclusivamente el escenario de julio, un 42,2% frente a un 33,7% no alcanzaría: la diferencia sería de 8,5 puntos. Con el peronismo manteniéndose en 33,7%, el oficialismo necesitaría superar aproximadamente 43,7% para conseguir una diferencia mayor a diez puntos o, alternativamente, quebrar directamente la barrera del 45%.
Es decir, incluso suponiendo que Milei lograra retener absolutamente todos los votos actuales de PRO, todavía necesitaría aproximadamente entre dos y tres puntos adicionales para tener una posibilidad sólida de evitar el balotaje.
Pero los votos de PRO no se transfieren automáticamente
Ésta es probablemente la mayor cautela necesaria para interpretar los números.
Un votante puede identificarse con PRO y no estar dispuesto a votar a Milei. Otro puede tener una relación exactamente inversa: actualmente elegiría PRO porque compite separado, pero ante una alianza aceptaría votar una lista encabezada por el Presidente. También puede ocurrir que la coalición atraiga votantes independientes que hoy no elegirían a ninguno de los dos individualmente porque interpretan la unidad como una señal de moderación o gobernabilidad.
Por eso 34,8 más 7,4 no necesariamente dará 42,2 el día de una elección.
Hay antecedentes argentinos que muestran hasta qué punto los votos pueden reordenarse entre una elección y otra. En la primera vuelta presidencial de 2023, Milei obtuvo aproximadamente 30%, Patricia Bullrich 23,8% y Sergio Massa 36,6%. Después del respaldo de Bullrich y Mauricio Macri al libertario, Milei terminó ganando el balotaje con alrededor del 56%. La transferencia no fue matemáticamente perfecta y además incorporó votos provenientes de otras candidaturas, pero demostró que una parte muy importante del electorado de centroderecha podía confluir detrás del libertario cuando la alternativa era el peronismo.
Ese antecedente juega a favor de la hipótesis de una alianza.
Pero 2027 no será 2023. Milei ya no será un candidato opositor desconocido sino un Presidente buscando la reelección, y los votantes evaluarán cuatro años concretos de gobierno. La decisión estará mucho más relacionada con inflación, salarios, empleo, actividad económica y percepción sobre la gestión que con la simple identificación ideológica.
El peronismo tiene un problema diferente: sus votos ya aparecen parcialmente agrupados
La situación del PJ es distinta. Fuerza Patria ya aparece en numerosas encuestas como una opción unificada, aunque internamente convivan kicillofistas, kirchneristas, massistas y gobernadores.
Por eso no existe una suma tan sencilla como LLA más PRO.
En Proyección, Fuerza Patria obtuvo 37,2% en junio y 33,7% en julio. Ese movimiento de tres puntos y medio en apenas un mes demuestra además el nivel de volatilidad que todavía existe a más de un año de las elecciones.
Sin embargo, cuando las encuestas preguntan por candidatos individuales aparece claramente la importancia de conseguir la unidad.
El último relevamiento de CB Global Data, realizado el 30 y 31 de julio sobre 1252 casos, encontró a Milei con 32,4%, Cristina Kirchner con 15,2% y Kicillof con 14,7%. Es decir, dos de las principales expresiones del mismo universo peronista reunían por separado 29,9%, apenas 2,5 puntos menos que Milei.
No significa que esos votos puedan sumarse automáticamente detrás de Kicillof, Massa o cualquier otro candidato. Parte del electorado kirchnerista podría resistirse a otra figura y algunos votantes moderados que aceptarían a Kicillof podrían rechazar una candidatura asociada demasiado estrechamente con Cristina.
Pero demuestra el costo enorme que tendría para el peronismo llegar dividido.
La estrategia anunciada por José Mayans —todos dentro de un mismo frente y utilización de las PASO para resolver las diferencias— apunta precisamente a evitar ese escenario. El PJ pretende además conversar con Gustavo Sáenz, Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo, Hugo Passalacqua, Martín Llaryora e incluso mandatarios radicales para ampliar la coalición.
¿Cuánto podría sumar un peronismo realmente ampliado?
Aquí la estimación es mucho más difícil.
En la medición de Proyección de julio, Provincias Unidas registra solamente 2,1% nacional. Una suma completamente hipotética entre Fuerza Patria y todo ese electorado colocaría al espacio opositor en 35,8%. Pero sería poco serio afirmar que los votos de una fuerza encabezada por gobernadores de perfil moderado se transferirían íntegramente hacia una candidatura peronista.
Martín Llaryora, Maximiliano Pullaro, Gustavo Sáenz o dirigentes de la UCR tienen electorados provinciales diferentes y en muchos casos construyeron precisamente sus identidades diferenciándose tanto de Milei como del kirchnerismo.
El beneficio para el peronismo de sumar esos sectores podría no estar solamente en los votos nacionales que aportan directamente. También podría ofrecer estructura territorial, gobernadores, intendentes, fiscales, dirigentes locales y una imagen de amplitud que permita competir mejor entre votantes independientes.
Ese efecto es imposible de medir simplemente sumando porcentajes.
Reuters ya había informado en mayo que dirigentes peronistas buscaban precisamente una coalición más amplia alrededor de Kicillof y otras figuras opositoras, mientras algunos sondeos empezaban a mostrar una competencia mucho más ajustada con Milei.
El escenario más probable hoy: Milei primero, pero sin ganar en primera vuelta
Si tomamos las encuestas actuales y aplicamos una hipótesis razonable de alianzas, aparece un escenario bastante consistente.
La Libertad Avanza más PRO podría moverse aproximadamente alrededor de los 40 a 42 puntos, dependiendo de cuántos votantes macristas acepten efectivamente una fórmula encabezada por Milei y de cuánto consiga recuperar el Presidente durante el próximo año.
Un peronismo completamente unificado puede comenzar alrededor de 34 a 37 puntos, con capacidad para acercarse a 40 si incorpora electorado de centro, gobernadores provinciales y parte del enorme universo de votantes que hoy no tiene una identificación partidaria definida.
No son pronósticos electorales, sino rangos orientativos construidos a partir de las últimas mediciones.
Y producen una consecuencia bastante evidente: hoy la elección parece mucho más encaminada hacia un balotaje que hacia una victoria directa de cualquiera de las coaliciones.
La propia encuesta de Proyección de julio coloca a Milei y Kicillof individualmente casi empatados: 33,7% contra 32,1%. En segunda vuelta, el resultado directamente es 39,9% para cada uno, con 13,7% de votos blancos o impugnados y 6,5% de indecisos.
CB Global Data arroja una fotografía similar algunas semanas después: Milei 43% y Kicillof 41,6% en un hipotético balotaje, una diferencia de apenas 1,4 puntos.
Dos consultoras distintas llegan así al mismo resultado político: un mano a mano Milei-Kicillof sería actualmente una elección abierta.
Curiosamente, la alianza con PRO sirve más a Milei en primera vuelta que en el balotaje
Este es uno de los datos más interesantes.
En una segunda vuelta, una parte considerable del electorado PRO probablemente ya tendría que optar entre Milei y un candidato peronista aunque el partido de Macri no hubiera firmado previamente ninguna alianza.
Por eso el principal beneficio de incorporar formalmente a PRO está en la primera vuelta.
Si LLA compite sola alrededor de 34% y PRO conserva siete puntos, Milei necesariamente va al balotaje. Si ambas fuerzas aparecen juntas en una sola boleta y consiguen retener buena parte de esos electores, el Presidente puede comenzar directamente por encima del 40%.
A partir de allí cada punto adicional adquiere un valor extraordinario.
Una coalición que consiguiera 44% frente a un peronismo en 33% podría ganar directamente. Una que obtuviera 42% frente a 35% tendría que ir a segunda vuelta. La diferencia entre ambos escenarios puede depender de sectores que hoy parecen minoritarios: radicales, gobernadores provinciales, votantes de centroderecha independientes o antiguos electores de Juntos por el Cambio.
Eso explica también por qué en sectores del Gobierno reconocen que “solos no podemos ganar” y consideran necesario avanzar en acuerdos para 2027. LA NACION informó que esa percepción forma parte del debate interno libertario mientras Karina Milei prepara negociaciones con aliados.
Al peronismo la unidad le sirve exactamente para lo contrario
Para Kicillof, Massa y Máximo Kirchner el objetivo principal no parece ser ganar en primera vuelta.
Es llegar al balotaje sin desperdiciar votos en candidaturas rivales.
Si un candidato peronista consolida entre 35% y 38%, difícilmente quede afuera de una segunda vuelta en un escenario polarizado. Una vez allí, la elección deja de depender exclusivamente de la identidad peronista y pasa a convertirse en un plebiscito sobre la continuidad de Milei.
Y allí el escenario actual es mucho más favorable para la oposición.
Proyección encontró que 53% considera equivocado o muy equivocado el rumbo del país, frente a 36,3% que lo considera correcto. En la misma encuesta, 40,1% dijo que estaría dispuesto a votar a un candidato que no le guste para impedir la continuidad de Milei, mientras 37,5% manifestó disposición a hacer lo mismo para impedir el regreso del peronismo.
CB detectó otra paradoja todavía más fuerte: 54,5% quiere un cambio de gobierno y solamente 33,4% desea continuidad, pero Milei continúa siendo por lejos el candidato individual con más intención de voto.
El Presidente tiene entonces una ventaja y una amenaza simultáneas.
Su ventaja es que todavía no existe una figura opositora capaz de apropiarse de todo el deseo de cambio.
Su amenaza es que, si el peronismo consigue encontrar esa candidatura y ordenar detrás suyo a todo el espacio, el rechazo al Gobierno puede concentrarse en segunda vuelta.
El verdadero gigante electoral sigue sin pertenecer a nadie
Existe un dato de CB que quizá sea todavía más importante que todos los nombres.
Cuando preguntó con qué espacio se identificaban los votantes, LLA obtuvo 21,6%; el peronismo, 19,4%; el kirchnerismo, 9,7%; PRO, 9,2%; y la izquierda, 7%.
Pero 22,7% dijo no identificarse con ningún espacio político. Es el grupo individual más grande de toda la encuesta.
Ahí estará probablemente la elección.
No entre los votantes profundamente kirchneristas o libertarios, porque la enorme mayoría de ellos ya tiene su decisión bastante establecida, sino entre argentinos que apoyaron distintas opciones durante los últimos años, que pueden valorar la caída de la inflación y simultáneamente estar disconformes con sus ingresos, o rechazar al kirchnerismo pero tampoco sentirse satisfechos con Milei.
Ese electorado puede modificar completamente las sumas que hoy hacemos.
La economía puede mover diez puntos sin que cambie ninguna alianza
Todo ejercicio electoral realizado en agosto de 2026 tiene una limitación enorme: faltan más de catorce meses para la elección y Argentina atraviesa una situación económica extremadamente dinámica.
Las alianzas pueden darle a Milei cinco, seis o siete puntos que hoy aparecen detrás de PRO, pero la evolución de salarios, empleo, consumo e inflación puede mover una cantidad equivalente o incluso superior.
AtlasIntel midió entre el 30 de julio y el 3 de agosto una muestra nacional de 1120 casos. Los análisis publicados sobre ese estudio situaron la aprobación presidencial alrededor del 37%, con un rechazo superior al 60%, mientras otras investigaciones recientes también detectaron un deterioro en la percepción sobre el rumbo económico y las expectativas personales.
Eso significa que la alianza con Macri puede mejorar la matemática electoral del Presidente, pero no sustituye una recuperación en la valoración de su gestión.
Del mismo modo, una unidad formal del peronismo puede evitar la dispersión, pero tampoco garantiza ganar. Para capturar a los votantes que hoy rechazan a Milei pero siguen desconfiando del PJ, tendrá que presentar una propuesta suficientemente diferente de las experiencias de gobierno anteriores.
Primera simulación: todos transfieren perfectamente
Tomando el estudio de Proyección de julio, el escenario matemático más simple sería:
LLA + PRO: 42,2%.
Fuerza Patria: 33,7%.
Izquierda: 4,3%.
Provincias Unidas: 2,1%.
Resto/indecisos: aproximadamente 17,7%.
Con esos números, Milei ganaría la primera vuelta pero tendría que disputar el balotaje porque la distancia sobre el peronismo sería inferior a diez puntos.
Éste sería probablemente el escenario más favorable para la alianza libertario-macrista utilizando estrictamente los porcentajes actuales.
Segunda simulación: el peronismo también logra ampliar su frente
Si Fuerza Patria consiguiera además atraer una parte de los electores provinciales, moderados y actualmente indecisos, podría moverse hacia 36% o 38%. No existe hoy una encuesta que permita determinar exactamente cuántos de esos electores aceptarían una candidatura encabezada por Kicillof o por otra figura, por lo que cualquier cifra superior constituye una proyección y no un dato medido.
En ese escenario podríamos tener algo parecido a:
LLA-PRO: 40%–42%.
Frente peronista ampliado: 36%–39%.
Izquierda: 4%–6%.
Centro/provinciales: 3%–6%.
Indecisos/blancos: el resto.
La segunda vuelta sería prácticamente inevitable.
Tercera simulación: Milei consigue sumar también gobernadores y radicales
Éste es el escenario que más entusiasmaría a la Casa Rosada.
Si además de absorber buena parte del electorado PRO, LLA consigue acuerdos con gobernadores provinciales y sectores radicales capaces de aportarle dos o tres puntos adicionales, el oficialismo podría acercarse a 44% o 45%.
Allí aparece una posibilidad real de definición en primera vuelta.
Pero exige tres condiciones simultáneas: que PRO transfiera casi todos sus votos, que los nuevos aliados aporten electores adicionales y que el peronismo permanezca por debajo de aproximadamente 34%.
Hoy ninguna encuesta demuestra que las tres cosas vayan a ocurrir.
Lo que muestran hoy los números: ventaja de Milei para llegar primero, empate para ganar
Después de analizar las distintas mediciones, probablemente ésa sea la síntesis más precisa.
Si las nuevas alianzas se concretaran hoy, Milei sería favorito para terminar primero en la primera vuelta.
Una coalición con PRO puede ubicarlo alrededor del 40% largo y darle una ventaja inicial sobre el peronismo. Las cuentas de Proyección colocan esa suma teórica en 42,2% durante julio y 41,6% utilizando la medición de junio.
Pero Milei no sería hoy favorito claro para ganar la Presidencia sin balotaje.
Para eso todavía necesita algunos puntos adicionales o que el peronismo retroceda.
Y si existe segunda vuelta, la elección actualmente está empatada. Proyección registra 39,9% a 39,9%; CB, 43% contra 41,6% para Milei frente a Kicillof.
La paradoja es bastante clara.
La alianza con Macri podría ser exactamente lo que Milei necesita para aproximarse a una victoria en primera vuelta.
La alianza entre Kicillof, Massa, Máximo y los gobernadores podría ser exactamente lo que necesita el peronismo para impedirla y llevarlo a un balotaje donde el resultado vuelve a quedar abierto.
Por eso las reuniones de esta semana importan mucho más de lo que parece.
La pelea por 2027 probablemente no se defina solamente por quién tenga el candidato más fuerte. Puede definirse por cuál de los dos grandes bloques consiga perder menos votos propios al momento de unirse.


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