
Trump abre una oportunidad gigante para la carne argentina: EE.UU. importará 300.000 toneladas sin aranceles
Alejandro CabreraDonald Trump volvió a sacudir el comercio internacional, pero esta vez la noticia podría tener un efecto favorable para una de las principales cadenas exportadoras argentinas. El presidente estadounidense anunció que durante los próximos 90 días su país permitirá el ingreso de hasta 300.000 toneladas métricas de carne vacuna destinada fundamentalmente a la elaboración de carne molida sin cobrar los elevados aranceles correspondientes a las importaciones que exceden las cuotas habituales.
La medida responde a un problema que se volvió cada vez más importante para la Casa Blanca: el precio de la carne vacuna en Estados Unidos. La reducción del stock ganadero norteamericano, años de liquidación de vientres, problemas climáticos y una oferta insuficiente frente a una demanda que continúa siendo elevada llevaron los valores de la carne a niveles históricamente altos.
Trump aseguró que consiguió además un compromiso para que la carne importada bajo el nuevo esquema llegue al mercado a valores aproximadamente 25% inferiores a los precios actuales. “Este acuerdo reducirá los precios para los estadounidenses y, al mismo tiempo, permitirá que nuestra gran cabaña ganadera estadounidense vuelva a crecer”, afirmó el mandatario al anunciar la decisión.
Para la Argentina, la magnitud del anuncio resulta difícil de ignorar. Las 300.000 toneladas que Estados Unidos pretende habilitar de manera extraordinaria equivalen a tres veces el actual contingente anual de 100.000 toneladas con el que cuenta la carne argentina para ingresar al mercado estadounidense bajo condiciones arancelarias favorables.
Pero hay una diferencia fundamental: hasta ahora Washington no informó qué países podrán participar ni cómo se distribuirá ese volumen. Por eso, las 300.000 toneladas no pueden considerarse automáticamente una nueva cuota para Argentina.
El Gobierno argentino está buscando precisiones sobre la instrumentación de la medida y los frigoríficos exportadores comenzaron a analizar el anuncio con enorme expectativa.
Estados Unidos ya se convirtió en un mercado clave para la carne argentina
La noticia llega en un momento excepcionalmente favorable para el vínculo comercial entre ambos países en materia de carne vacuna.
Durante décadas, Argentina contó con una cuota anual de apenas 20.000 toneladas de carne deshuesada para ingresar a Estados Unidos con tratamiento arancelario preferencial. Pero este año ese volumen fue ampliado en otras 80.000 toneladas como consecuencia de los entendimientos alcanzados entre los gobiernos de Javier Milei y Donald Trump.
De esa manera, el acceso potencial argentino llegó a 100.000 toneladas durante 2026.
El efecto sobre las exportaciones fue inmediato. En el primer semestre del año la Argentina exportó al mundo 411.705 toneladas equivalentes res con hueso, 10% más que durante el mismo período de 2025, por US$2202 millones. El valor de las ventas externas aumentó nada menos que 44,7%.
China continúa siendo el principal comprador, con aproximadamente el 53% de los embarques, pero Estados Unidos escaló rápidamente hasta el segundo lugar y ya representa alrededor del 19,5% de las exportaciones argentinas de carne, por encima de Israel y de la Unión Europea.
La expansión norteamericana fue particularmente fuerte. Durante el primer semestre, los embarques físicos hacia ese destino alcanzaron unas 55.500 toneladas por aproximadamente US$448 millones, según datos difundidos por entidades del sector exportador. En volumen significaron un crecimiento cercano al 185% frente al mismo período del año anterior.
La demanda fue tan intensa que la porción adicional correspondiente al tercer trimestre se agotó prácticamente en la primera semana de julio. Los exportadores argentinos deberán esperar ahora la habilitación correspondiente al último trimestre para continuar utilizando buena parte del cupo extraordinario acordado para este año.
Por eso el anuncio de Trump llega en un momento especialmente sensible.
Si Argentina consiguiera participar de manera importante en estas 300.000 toneladas adicionales sin aranceles, podría extender el fuerte crecimiento que ya está experimentando en Estados Unidos e incluso consolidar definitivamente a ese país como uno de los dos grandes mercados para la carne nacional.
El presidente del Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas, Mario Ravettino, confirmó que paralelamente continúan las conversaciones para que Estados Unidos mantenga durante 2027 el contingente total de 100.000 toneladas vigente este año.
El objetivo argentino es demostrar que puede cumplir con las 80.000 toneladas extraordinarias concedidas en 2026 y utilizar ese antecedente para conseguir que el beneficio deje de ser excepcional.
Los frigoríficos también preparan una nueva misión comercial para septiembre. Dieciséis empresas viajarán a Miami, Houston y Atlanta para reunirse con compradores, brokers y clientes estadounidenses.
¿Por qué Estados Unidos necesita tanta carne extranjera?
La explicación está principalmente en su rodeo ganadero.
Estados Unidos continúa teniendo una de las mayores industrias vacunas del planeta, pero atravesó durante los últimos años un intenso proceso de reducción de existencias. Sequías prolongadas, costos elevados de alimentación y una etapa de liquidación ganadera redujeron especialmente la cantidad de vacas destinadas a producción de carne.
Los últimos datos del Departamento de Agricultura estadounidense mostraron que al 1° de julio había 94,2 millones de bovinos y terneros en el país. Aunque el rodeo total empezó a estabilizarse, la cantidad de vacas para producción de carne era de 28,5 millones, todavía 1% inferior a la registrada un año atrás. La producción de terneros prevista para este año también cayó 2%.
Reconstruir un rodeo requiere tiempo. Cuando un productor decide retener una ternera para convertirla en futura madre, ese animal deja de ir momentáneamente al frigorífico. Por eso, paradójicamente, el comienzo de una recuperación ganadera puede reducir todavía más la disponibilidad inmediata de carne.
Estados Unidos necesita entonces importar producto mientras reconstruye sus existencias.
El Departamento de Agricultura proyectaba antes del anuncio importaciones de aproximadamente 6.059 millones de libras de carne durante 2026, equivalentes a unos 2,75 millones de toneladas. Brasil, Australia, Canadá, México y Nueva Zelanda aparecen entre los grandes proveedores, pero los embarques argentinos también vienen creciendo rápidamente.
Las 300.000 toneladas anunciadas por Trump representan aproximadamente el 11% de todas las importaciones de carne que Estados Unidos esperaba realizar durante el año. Es decir, no se trata de una apertura marginal.
Representan además algo más del 2% del consumo total estadounidense proyectado para este año, suficiente para generar una presión adicional sobre el mercado de carne destinada a hamburguesas y carne picada.
Precisamente allí aparece una ventaja para países ganaderos como Argentina, Australia, Brasil, Uruguay y Nueva Zelanda.
Estados Unidos produce una gran cantidad de carne proveniente de animales terminados a grano, que suele tener porcentajes relativamente altos de grasa. Para fabricar hamburguesas y carne picada con determinados niveles de contenido graso, la industria necesita mezclarla con carne más magra.
Esa carne magra importada tiene por eso un papel estratégico dentro del sistema industrial estadounidense.
La oportunidad para Argentina también puede tener una contracara
Desde el punto de vista exportador, una mayor demanda estadounidense es una muy buena noticia. Significa más mercados, mejores posibilidades para los frigoríficos, mayor ingreso de dólares y menor dependencia de China, que durante años llegó a concentrar alrededor de tres cuartas partes de determinados embarques argentinos.
Diversificar mercados fortalece además la posición negociadora del país.
Estados Unidos compra un producto diferente al que absorben otros destinos y suele ofrecer valores elevados. Europa demanda principalmente cortes premium; China compra una proporción importante de carne congelada y cortes de menor valor; Israel tiene características específicas derivadas de la faena kosher; y Estados Unidos necesita grandes cantidades de carne magra destinada a la industria.
Pero una expansión muy fuerte de las exportaciones también puede tener consecuencias sobre el mercado interno.
Si los frigoríficos reciben precios más atractivos para vender determinados productos al exterior, aumenta la competencia por la hacienda argentina. Eso puede fortalecer el valor del ganado y mejorar los márgenes del productor, aunque eventualmente también trasladar parte de esa presión al precio doméstico.
No significa que un aumento de las exportaciones provoque automáticamente una suba equivalente de la carne en las carnicerías. Argentina exporta productos y cortes diferentes de los que consume mayoritariamente el mercado local y existen numerosos factores que intervienen en el precio final.
Pero tampoco puede suponerse que ambos mercados funcionan de manera completamente independiente.
La cuestión adquiere particular importancia porque el consumo argentino de carne vacuna viene atravesando niveles históricamente bajos. La tradicional dieta argentina fue incorporando más pollo y cerdo mientras el precio de la carne vacuna y la pérdida de capacidad adquisitiva redujeron el consumo de cortes bovinos.
Por eso, si Estados Unidos comienza a absorber todavía más producción argentina, el desafío será conseguir que el crecimiento exportador se produzca principalmente a partir de una mayor producción ganadera y no simplemente mediante una disputa por una oferta relativamente estancada.
Ese es el verdadero objetivo de largo plazo: producir más animales y más kilos de carne.
Argentina dispone de recursos naturales, conocimiento ganadero, genética y capacidad industrial suficiente para aumentar significativamente su producción, pero el rodeo nacional lleva décadas prácticamente estancado y permanece muy por debajo de los máximos históricos alcanzados durante el siglo pasado.
El nuevo escenario internacional vuelve a colocar esa discusión sobre la mesa.
Estados Unidos necesita carne. China continúa siendo un gigantesco comprador. Europa paga precios elevados por cortes premium. Israel mantiene una demanda consolidada y otros mercados comienzan a crecer.
El problema argentino ya no parece ser encontrar quién compre, sino conseguir suficiente producción para abastecer simultáneamente al mercado interno y aprovechar una coyuntura exportadora excepcional.
El anuncio de Trump podría convertirse entonces en una oportunidad muy importante para Argentina. Pero todavía falta conocer la letra chica.
Washington deberá definir qué países tendrán acceso a las 300.000 toneladas, cuáles serán los productos habilitados, qué condiciones sanitarias y comerciales deberán cumplirse y de qué manera funcionará exactamente la eliminación temporal de los aranceles.
Si Argentina consigue quedarse con una parte significativa del nuevo negocio, 2026 podría terminar siendo uno de los años de mayor expansión de la carne argentina en Estados Unidos en décadas.
Y hay un dato que explica por qué los frigoríficos están mirando con tanta atención hacia Washington: el mercado que hasta hace poco tenía una cuota argentina de apenas 20.000 toneladas ahora podría abrir, aunque sea durante 90 días, una ventana extraordinaria de 300.000 toneladas adicionales.
La oportunidad es enorme. La pelea ahora será por quedarse con una parte.


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