
Caputo se prepara para un 2027 bajo tensión: arma un “escudo” financiero y advierte al mercado ante una posible corrida electoral
Alejandro CabreraLuis Caputo intenta evitar que 2027 se convierta en una repetición de otros años electorales argentinos en los que la incertidumbre política terminó acelerando la compra de dólares, deteriorando los bonos y obligando al Gobierno de turno a utilizar reservas para contener la presión financiera. Por eso, mientras Javier Milei construye su discurso alrededor de una eventual reelección, el Ministerio de Economía trabaja con un escenario alternativo mucho menos favorable: inversores que reduzcan posiciones en pesos, ahorristas que aumenten su demanda de divisas y mercados que vuelvan a elevar la prima de riesgo argentino.
La paradoja es que el ministro sostiene públicamente que considera probable la continuidad del Presidente, pero al mismo tiempo afirma que su obligación es prepararse como si esa evaluación política pudiera resultar equivocada. Esa diferencia entre expectativa electoral y administración del riesgo explica buena parte de la estrategia que el equipo económico comenzó a presentar ante inversores internacionales durante las reuniones realizadas en Nueva York y París.
LAS CLAVES
- Caputo aseguró que su escenario político base es una reelección de Javier Milei en 2027.
- Sin embargo, afirmó que Economía se prepara para una eventual dolarización de carteras antes de las elecciones.
- El equipo económico calcula un “escudo” financiero cercano a US$72.000 millones entre reservas, swaps y capacidad potencial de intervención.
- Ese monto no equivale a US$72.000 millones líquidos: cada instrumento tiene condiciones, límites y disponibilidad diferentes.
- Caputo volvió a señalar que busca acumular reservas y sumar nuevas herramientas financieras.
- Frente a quienes apuesten contra el esquema cambiario, lanzó la frase: “Les vamos a arrancar la cabeza como en octubre del año pasado”.
- El ministro reconoció que la economía está creciendo a un ritmo menor, aunque sostiene que agosto y septiembre mostrarían mejores señales.
- Proyectó un crecimiento anual de aproximadamente 2% a 2,5%.
- También celebró el desempeño electoral de Flávio Bolsonaro en Brasil y sostuvo que una eventual presidencia suya podría mejorar el diálogo bilateral.
- Caputo descartó que un mayor acercamiento entre Brasil y Estados Unidos implique una pérdida del respaldo de Washington hacia la Argentina.
El fantasma de la dolarización electoral vuelve a aparecer
La preocupación del Gobierno no es abstracta. En Argentina, los períodos preelectorales suelen aumentar la demanda de dólares porque empresas, inversores y familias intentan protegerse frente a la posibilidad de un cambio de política económica. Cuanto más competitivo aparece un proceso electoral, mayor puede ser esa cobertura preventiva.
Caputo considera que ese comportamiento puede repetirse en 2027 incluso si finalmente Milei consigue la reelección. Su objetivo es que una eventual corrida no genere una dinámica autónoma en la que la suba del dólar alimente más compras, aumente el riesgo país y termine deteriorando las expectativas económicas precisamente antes de los comicios.
El ministro resume esa estrategia en una idea: prepararse para un escenario que no considera el más probable. El Gobierno quiere llegar al año electoral con suficientes herramientas financieras como para que una salida de posiciones en pesos no obligue a modificar abruptamente su política económica.
Qué hay detrás de los US$72.000 millones
Uno de los números que comenzó a circular alrededor de la estrategia oficial es un potencial escudo financiero de aproximadamente US$72.000 millones. La cifra es impactante, pero requiere una aclaración importante porque no representa una caja con esa cantidad de dólares disponibles para vender en el mercado.
El cálculo suma instrumentos de características muy distintas: reservas que pueda acumular el Banco Central, líneas de swap y capacidad de intervención mediante contratos futuros. Algunos recursos pueden utilizarse directamente, otros requieren condiciones específicas para activarse y otros sirven principalmente para influir sobre expectativas o cubrir posiciones sin entregar inmediatamente divisas físicas.
Por eso la fortaleza real del esquema dependerá menos del número agregado que de cuánto pueda utilizar efectivamente el Gobierno, durante cuánto tiempo y frente a qué magnitud de dolarización. Una corrida limitada y temporal exige una respuesta muy diferente de una salida persistente de capitales durante varios meses.
El verdadero objetivo es evitar que el mercado condicione la campaña
La estrategia tiene una dimensión política evidente. Una fuerte devaluación o una corrida cambiaria durante 2027 podría modificar las expectativas electorales, acelerar la inflación y debilitar una de las principales banderas del oficialismo: la estabilización macroeconómica.
Caputo intenta evitar precisamente esa secuencia. Su mensaje a los inversores es que una apuesta contra el peso no encontrará a un Gobierno sin herramientas, mientras su mensaje al electorado es que Economía pretende impedir que la incertidumbre electoral vuelva a trasladarse automáticamente a precios y salarios.
La frase “les vamos a arrancar la cabeza” debe interpretarse dentro de ese contexto. No describe una medida específica ni constituye una garantía de que cualquier intervención vaya a resultar exitosa; es una expresión política utilizada por el ministro para advertir que pretende enfrentar posiciones especulativas con reservas, swaps, futuros u otras herramientas financieras.
Caputo está convencido de que Milei gana, pero admite que no puede gobernar sobre esa certeza
El ministro fue especialmente enfático cuando habló de las elecciones. “Creo que en todos los escenarios gana el Presidente”, afirmó, aunque inmediatamente aclaró que su responsabilidad como funcionario es contemplar la posibilidad de estar equivocado.
Ese reconocimiento resulta relevante porque introduce una lógica distinta de la retórica electoral. Un Gobierno puede considerar que posee buenas posibilidades políticas y, al mismo tiempo, administrar la economía bajo el supuesto de que los mercados dudarán hasta conocer el resultado definitivo.
Para los inversores financieros, el riesgo no depende exclusivamente de quién parezca mejor posicionado en una encuesta. También importa qué ocurriría con el programa fiscal, monetario y cambiario si hubiera alternancia política, cuánto respaldo legislativo tendría el próximo Gobierno y qué capacidad existiría para sostener contratos, reformas e inversiones de largo plazo.
El riesgo electoral ya está entrando en el precio de los activos argentinos
Durante sus reuniones en París, Caputo reconoció que las preguntas sobre 2027 aparecen especialmente entre los inversores financieros. Según explicó, quienes evalúan proyectos productivos de largo plazo muestran menos preocupación inmediata, mientras los administradores de activos siguen mucho más atentamente las encuestas y la evolución política.
Esa diferencia tiene lógica. Una petrolera que invierte en Vaca Muerta o una minera que desarrolla un proyecto de cobre piensa en horizontes de diez, veinte o treinta años y no puede modificar completamente su estrategia por cada elección. Un fondo que compra bonos argentinos, en cambio, puede reducir su exposición en cuestión de horas.
El riesgo país reflejó parcialmente esa tensión: después de haber descendido con fuerza desde niveles mucho más elevados, volvió a subir durante las últimas semanas en un contexto que combinó incertidumbre local con condiciones financieras internacionales más duras. Caputo atribuye parte del movimiento al escenario global, marcado por petróleo caro y mayores rendimientos de los bonos estadounidenses, mientras otros analistas incorporan también dudas sobre reservas, crecimiento y sostenibilidad política del programa económico.
El “escudo” no elimina el problema de fondo: Argentina necesita acumular reservas
La disponibilidad de swaps y futuros puede reducir la vulnerabilidad de corto plazo, pero no reemplaza una acumulación genuina y sostenida de reservas internacionales. Caputo lo reconoce y coloca precisamente la compra de divisas entre sus prioridades para llegar mejor posicionado al año electoral.
El Gobierno apuesta a que durante los próximos meses aumente la oferta de dólares proveniente del agro, la energía, la minería y las inversiones vinculadas al RIGI. El crecimiento de esos sectores podría darle al Banco Central una oportunidad para fortalecer su posición antes de que la demanda electoral de divisas aumente.
El problema es que las reservas no dependen solamente de las exportaciones. También intervienen pagos de deuda, importaciones, turismo, movimientos financieros y decisiones sobre el régimen cambiario. La verdadera prueba será cuánto de la nueva generación de dólares consigue permanecer dentro del sistema y convertirse efectivamente en capacidad de intervención.
La economía crece menos y Caputo lo admite
El ministro también reconoció que la actividad económica perdió velocidad. Su explicación combina el endurecimiento de las condiciones financieras internacionales, el aumento del precio del petróleo y una economía local que todavía atraviesa un proceso de transformación después del fuerte ajuste inicial.
Caputo discute, sin embargo, la interpretación de que Argentina haya ingresado necesariamente en una nueva recesión. El Gobierno cuestiona la volatilidad de algunas variaciones mensuales desestacionalizadas del EMAE y prefiere observar la tendencia-ciclo, que suaviza movimientos excepcionales y permite analizar períodos más largos.
Para agosto y septiembre, Economía asegura observar señales de recuperación y espera que la construcción vinculada con concesiones viales, el regreso gradual del crédito hipotecario y nuevos proyectos privados impulsen la actividad. Caputo ubicó el crecimiento posible para el año entre 2% y 2,5%, aunque la evolución final dependerá de sectores con comportamientos muy diferentes entre sí.
El debate sobre la actividad no puede reducirse a una sola serie
La discusión es importante porque mirar exclusivamente el crecimiento anual puede ofrecer una imagen diferente de observar los últimos meses. Una economía puede terminar un año con variación positiva debido al arrastre estadístico de períodos anteriores y, simultáneamente, mostrar estancamiento o retroceso en algunos trimestres.
Algo parecido ocurre con salarios, empleo y consumo. Algunos indicadores pueden mejorar mientras otros continúan deteriorados, especialmente porque energía, agro y minería tienen capacidad para impulsar el producto sin generar la misma cantidad de puestos de trabajo que comercio, industria o construcción.
Por eso, el desafío económico de 2027 no será únicamente mostrar crecimiento agregado. El oficialismo necesitará que esa recuperación se traduzca en consumo, empleo, crédito y mejora del ingreso disponible si pretende que la estabilización macroeconómica tenga un efecto político amplio.
El otro objetivo del Gobierno: que las inversiones sobrevivan a Milei
Caputo volvió a defender en París que varios proyectos actualmente en desarrollo tienen plazos que exceden a la actual administración. Para el ministro, esa característica demuestra que el Gobierno está consiguiendo inversiones que continuarán produciendo después de que Milei eventualmente deje el poder.
El argumento busca responder precisamente a una de las principales dudas de los empresarios: qué ocurre si cambia el Gobierno. Cuanto mayor sea la cantidad de proyectos con contratos, financiamiento, infraestructura construida y capital ya desembolsado, más costoso será para una administración posterior revertir completamente las reglas.
Sin embargo, los empresarios continúan reclamando previsibilidad institucional. En el último Coloquio de IDEA, grandes compañías respaldaron aspectos como equilibrio fiscal y desregulación, pero al mismo tiempo insistieron en la necesidad de sostener reglas y consensos independientemente de quién gobierne.
Brasil también apareció en la estrategia política de Caputo
La primera vuelta brasileña ocupó parte de la entrevista. Caputo celebró el resultado de Flávio Bolsonaro y consideró que una eventual presidencia del senador podría mejorar el diálogo político entre Buenos Aires y Brasilia debido a la afinidad ideológica con Javier Milei.
El ministro aclaró, sin embargo, que la relación económica continuará cualquiera sea el vencedor. La razón es estructural: Brasil es uno de los principales socios comerciales de Argentina, las cadenas industriales de ambos países están profundamente vinculadas y sectores como automotriz, energía y manufacturas dependen de una relación bilateral relativamente estable.
Una eventual victoria de Bolsonaro podría acercar políticamente a ambos gobiernos, pero las relaciones entre Argentina y Brasil no dependen exclusivamente de la afinidad presidencial. Empresas, gobiernos provinciales, comercio exterior y Mercosur construyeron durante décadas una interdependencia que continúa incluso cuando Buenos Aires y Brasilia tienen gobiernos ideológicamente enfrentados.
¿Brasil podría reemplazar a la Argentina como aliado privilegiado de Trump?
Caputo descartó esa posibilidad y calificó como un “disparate” la idea de que una eventual presidencia de Bolsonaro pueda debilitar el vínculo de Milei con Washington. El ministro sostiene que Estados Unidos considera estratégica su relación con Argentina y que la expansión de gobiernos ideológicamente cercanos en la región fortalecería, en lugar de competir con, ese alineamiento. LA NACION
Esta es, sin embargo, una evaluación política del Gobierno argentino y no una garantía institucional. Estados Unidos mantiene relaciones simultáneas con múltiples gobiernos latinoamericanos y sus prioridades pueden modificarse por comercio, seguridad, China, recursos naturales y cambios políticos internos.
Lo que sí resulta evidente es que la administración Milei intenta colocar a Argentina dentro de una reorganización regional más cercana a Washington y espera que el avance de fuerzas conservadoras en otros países refuerce ese proceso.
Caputo quiere llegar a 2027 con tres defensas
La estrategia del ministro puede resumirse en tres niveles. El primero es fiscal: sostener el superávit para evitar que el mercado vuelva a asociar las elecciones con expansión del gasto y emisión. El segundo es cambiario y financiero: acumular reservas, disponer de swaps y mantener herramientas de intervención suficientes para enfrentar una dolarización. El tercero es productivo: conseguir que energía, minería, infraestructura e inversiones comiencen a generar dólares y actividad antes de la campaña.
El éxito de ese esquema dependerá de variables que el Gobierno controla solo parcialmente. Las tasas estadounidenses, el precio del petróleo, el resultado electoral de otros países, la demanda mundial y el acceso de Argentina al crédito pueden modificar rápidamente el escenario.
También dependerá de la política doméstica, porque el mercado no observa solamente balances y reservas. Observa encuestas, aprobación presidencial, capacidad legislativa y fortaleza de la oposición.
El verdadero examen llegará cuando comience la campaña
Por ahora, 2027 todavía parece lejano, pero para el mercado financiero ya comenzó. Bonos de largo plazo y decisiones de inversión incorporan expectativas sobre gobiernos futuros mucho antes de que se presenten formalmente las candidaturas.
Ese es el motivo por el que Caputo habla cada vez más del “riesgo electoral”. El Gobierno sabe que la estabilización alcanzada durante los primeros años de Milei será puesta a prueba cuando inversores y ahorristas deban decidir si creen que las reglas actuales sobrevivirán al siguiente mandato presidencial.
El ministro apuesta a que Milei será reelecto, pero decidió preparar la economía como si pudiera ocurrir lo contrario. Esa diferencia es probablemente la parte más importante de su mensaje: el Gobierno no quiere llegar a 2027 dependiendo únicamente de una victoria electoral para mantener estable al dólar.
El desafío estará en comprobar si el escudo anunciado es suficientemente grande, líquido y creíble cuando llegue el momento de utilizarlo. Porque en Argentina las crisis cambiarias no suelen comenzar cuando se conoce el resultado de una elección, sino mucho antes, cuando millones de personas empiezan a preguntarse qué puede pasar después.


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