
La pobreza dejó de bajar: 1,7 millones de argentinos habrían caído bajo la línea en solo seis meses
Alejandro CabreraLa fuerte reducción de la pobreza que el gobierno de Javier Milei presentó como la principal consecuencia social de su programa económico habría encontrado un límite. Diferentes estimaciones privadas anticipan que el indicador volvió a subir durante el primer semestre de 2026 y que aproximadamente 1,7 millones de personas habrían caído por debajo de la línea de pobreza en apenas seis meses.
El dato todavía no es oficial. El Instituto Nacional de Estadística y Censos publicará el próximo 24 de septiembre las cifras correspondientes al primer semestre del año. Hasta entonces, cualquier porcentaje debe presentarse como una proyección. Sin embargo, las estimaciones conocidas muestran una coincidencia significativa: la pobreza habría aumentado entre dos y tres puntos porcentuales respecto del 28,2% registrado durante la segunda mitad de 2025.
Fuentes del propio Gobierno reconocieron que el indicador podría ubicarse entre el 30% y el 31%. La explicación oficial sostiene que se trataría de un aumento “transitorio”, provocado por la incertidumbre cambiaria, la aceleración de algunos precios después de las elecciones y el retraso con el que esas variaciones terminan impactando sobre los ingresos familiares. La Casa Rosada confía en que la continuidad de la desaceleración inflacionaria permita retomar la tendencia descendente.
La consultora ExQuanti estima que la cantidad de pobres pasó de 13,4 millones durante el segundo semestre de 2025 a alrededor de 15,1 millones en la primera mitad de 2026. Esto representa un incremento de 1,7 millones de personas. Si la comparación se realiza contra el último trimestre de 2025, cuando la pobreza habría alcanzado su nivel más bajo, el deterioro podría involucrar hasta 2,9 millones de argentinos. La Nación
El nowcast de pobreza elaborado por Martín González Rozada, de la Universidad Torcuato Di Tella, proyecta un índice del 31,6% para el primer semestre, con un intervalo estadístico de entre 30,1% y 33%. La Universidad Católica Argentina también había detectado un cambio de tendencia: después de alcanzar un mínimo durante el tercer trimestre de 2025, la pobreza habría comenzado a subir en los últimos meses de ese año y se habría mantenido cerca del 30% durante el comienzo de 2026.
El posible retroceso adquiere una relevancia política especial porque la caída de la pobreza fue utilizada por el oficialismo como la demostración más contundente de que el ajuste comenzaba a producir resultados. El indicador había trepado hasta niveles cercanos al 53% durante los primeros meses de la gestión de Milei, después de la devaluación, la liberación de precios y la fuerte licuación inicial de los ingresos. Posteriormente descendió al 31,6% en el primer semestre de 2025 y al 28,2% durante la segunda mitad del año, su nivel más bajo en siete años. El País
Desde el Gobierno llegaron a afirmar que unos 14 millones de argentinos habían salido de la pobreza desde el peor momento de la crisis. La comparación, sin embargo, tomaba como punto de partida el pico generado durante los primeros meses de la propia administración. Si el cálculo se realiza respecto del final del gobierno de Alberto Fernández, la reducción neta sería considerablemente menor: alrededor de 2,2 millones de personas.
La situación también demuestra que una inflación más baja no garantiza por sí sola una disminución permanente de la pobreza. El índice se calcula comparando los ingresos de los hogares con el valor de una canasta básica. Por lo tanto, aunque el nivel general de precios se desacelere, la pobreza puede aumentar si los salarios, las jubilaciones y los ingresos informales crecen por debajo de los alimentos, los servicios y otros gastos esenciales.
En agosto, la inflación mensual fue del 1,7%, el registro más bajo en catorce meses y un número que el Gobierno celebró como una confirmación de su estrategia de estabilización. Sin embargo, tanto la Canasta Básica Alimentaria como la Canasta Básica Total aumentaron un 2,6%, nueve décimas por encima del IPC. Una familia de cuatro integrantes necesitó aproximadamente $1.605.497 mensuales para no ser considerada pobre y $726.469 para superar la línea de indigencia. INDEC
Esta diferencia es fundamental. Para los sectores de ingresos bajos, el costo de vida no está determinado por el promedio general de la inflación, sino por el precio de los alimentos, el transporte, los alquileres, las tarifas y los servicios indispensables. Cuando esos componentes aumentan más que los ingresos, la mejora estadística del IPC pierde fuerza en la vida cotidiana.
El segundo factor detrás del cambio de tendencia es el mercado laboral. El empleo asalariado privado registrado acumularía trece meses consecutivos de caída. Desde 2023 se crearon cerca de 500.000 puestos informales o trabajos por cuenta propia, pero esas ocupaciones suelen ofrecer ingresos menores, mayor inestabilidad y menos protección social. No alcanza con que existan más personas trabajando: la evolución de la pobreza depende también de cuánto ganan, de la continuidad de esos ingresos y de la calidad del empleo.
La recuperación de los ingresos reales, además, comenzó a perder impulso durante el tercer trimestre de 2025 y luego quedó prácticamente estancada. Según las estimaciones citadas por La Nación, el ingreso real promedio de los trabajadores durante el primer trimestre de 2026 todavía se encontraba un 13% por debajo del nivel registrado en 2017. Esta comparación expone un deterioro que excede a la actual administración y que refleja casi una década de pérdida del poder adquisitivo.
El cuadro no invalida la baja de la inflación ni la mejora registrada después del impacto inicial del ajuste. La reducción desde el máximo de 2024 fue considerable y permitió que millones de personas recuperaran ingresos frente al costo de la canasta. Pero sí muestra que la estabilización monetaria tiene un límite social cuando no está acompañada por una recuperación sostenida de la actividad, el empleo formal y los salarios.
También obliga a revisar el relato de que el orden fiscal produce automáticamente una mejora social. El equilibrio de las cuentas públicas y la desaceleración de los precios pueden ser condiciones necesarias para reducir la pobreza, pero no son suficientes. Si la economía no genera empleos productivos y si la recuperación del ingreso se concentra en determinados sectores, una parte importante de la población queda expuesta ante cualquier aumento de los alimentos o caída de la actividad.
El problema resulta todavía más delicado entre los menores de edad. Incluso cuando la pobreza general llegó al 28,2%, aproximadamente el 41,3% de los niños y adolescentes continuaba viviendo en hogares pobres. Esto significa que el piso social sigue siendo extremadamente frágil y que un deterioro relativamente pequeño de los ingresos puede empujar rápidamente a cientos de miles de familias nuevamente por debajo de la línea.
La publicación del INDEC será, por lo tanto, una prueba política para el Gobierno. Si se confirma un índice cercano al 31%, la administración de Milei deberá explicar por qué la pobreza volvió a crecer mientras la inflación mensual alcanzaba su nivel más bajo en más de un año. También deberá demostrar que el aumento es efectivamente transitorio y no el comienzo de una nueva etapa de estancamiento social.
La discusión de fondo no pasa solamente por determinar si la pobreza subió dos o tres puntos. El interrogante es si el programa económico puede transformar la estabilidad alcanzada en una mejora duradera de los ingresos. Sin una reactivación del empleo formal, una recomposición salarial sostenida y canastas básicas creciendo por debajo de los ingresos, la reducción de la pobreza corre el riesgo de haber encontrado su techo.
El dato definitivo llegará el 24 de septiembre. Hasta entonces, las cifras deben manejarse con cautela. Pero la coincidencia entre las distintas proyecciones ya constituye una advertencia: después de la fuerte caída exhibida durante 2025, la pobreza habría dejado de retroceder y millones de argentinos vuelven a quedar en la zona más vulnerable de una economía que todavía no logró trasladar plenamente su estabilización a la vida cotidiana.


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