
Los demócratas ven una oportunidad para quitarle el Congreso a Trump: precios, Irán y caída de popularidad golpean a los republicanos
Alejandro CabreraHace apenas unos meses, hablar de que los demócratas podían recuperar las dos cámaras del Congreso de Estados Unidos sonaba, incluso dentro del propio partido, como un escenario bastante más difícil que probable. Hoy el clima cambió. No porque exista una elección definida de antemano —faltan semanas de campaña y muchas de las contiendas decisivas siguen siendo muy cerradas—, sino porque una sucesión de encuestas comenzó a mostrar un deterioro del Partido Republicano en terrenos donde Donald Trump había sido particularmente fuerte en 2024. El costo de vida, el precio de la gasolina, el desgaste de la guerra con Irán y una aprobación presidencial cercana a sus mínimos del segundo mandato están alimentando una expectativa que dirigentes demócratas expresan cada vez con menos cautela. El líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, llegó a decir al Washington Post que si las elecciones se celebraran actualmente considera que su partido tendría posibilidades de conseguir una mayoría, aunque esa afirmación representa la evaluación política del propio dirigente y no una proyección independiente del resultado electoral.
Los números nacionales ayudan a explicar el cambio. Una encuesta Reuters/Ipsos publicada el 14 de septiembre ubicó la aprobación de Trump en 35%, apenas dos puntos por encima del mínimo de 33% registrado previamente. En esa misma medición, ante una pregunta genérica sobre qué partido preferirían para el Congreso, 44% eligió a los demócratas y 37% a los republicanos, una diferencia de siete puntos. Otra encuesta, realizada por The New York Times y Siena University entre el 8 y el 13 de septiembre entre 1.503 votantes probables, encontró una ventaja todavía mayor: 51% dijo que apoyaría al candidato demócrata de su distrito y 43% al republicano. Son fotografías nacionales y no sustituyen las encuestas distrito por distrito que finalmente determinan quién controla cada cámara, pero muestran una modificación del ambiente electoral respecto de comienzos de año.
Uno de los cambios más importantes está ocurriendo en la economía, un área donde los republicanos llegaron al poder con una ventaja importante entre los votantes. La encuesta Times/Siena mostró que los demócratas ahora tenían ventaja sobre los republicanos en la confianza para manejar el costo de vida, por 51% a 43%, además de ventajas en salud e incluso inmigración. El deterioro también aparece dentro de la propia base republicana: una medición citada esta semana por el Washington Post señaló que en enero el 72% de los votantes republicanos consideraba que la economía estaba mejor que un año antes; nueve meses después, esa proporción había caído al 29%. El dato no implica automáticamente un cambio de voto, pero explica la preocupación de candidatos republicanos que necesitan movilizar a electores que apoyaron a Trump en 2024 y hoy manifiestan una percepción económica mucho más negativa.
La paradoja es que Estados Unidos no está atravesando una recesión clásica. El desempleo ronda niveles relativamente bajos y existen sectores de fuerte inversión, especialmente alrededor de inteligencia artificial y tecnología. Pero el problema electoral está concentrado en la asequibilidad de la vida cotidiana. Los precios acumulados continúan muy por encima de los niveles de años atrás, las tasas hipotecarias se acercan nuevamente al 7% y la guerra con Irán produjo una fuerte presión sobre los combustibles. El Wall Street Journal señaló este viernes que los salarios han tenido dificultades para acompañar los últimos aumentos de precios y que incluso hogares de ingresos medios y altos expresan una creciente percepción de pérdida de poder adquisitivo. Ese tipo de sensación económica suele ser políticamente más relevante que la lectura técnica del PBI o del mercado laboral, porque el votante la experimenta directamente cuando paga alimentos, vivienda, crédito o combustible.
La guerra con Irán se convirtió así en otro factor electoral inesperado. Trump había llegado a la Casa Blanca presentándose como un presidente capaz de evitar guerras prolongadas, pero el conflicto lleva más de seis meses y continúa afectando los mercados energéticos y la política exterior estadounidense. Reuters señaló este viernes que Washington enfrenta desgaste militar, presión diplomática y aumentos en los precios de la energía mientras todavía no ha logrado todos los objetivos planteados al comienzo de la ofensiva. El propio Trump sostuvo esta semana durante un acto en Carolina del Norte que el encarecimiento del combustible era “un precio muy barato” frente a lo conseguido en Irán. Esa declaración generó incomodidad entre candidatos republicanos que están intentando construir precisamente una campaña basada en demostrar que comprenden el problema del costo de vida.
Esa incomodidad ya empieza a verse en algunos distritos. La representante republicana María Elvira Salazar, en Florida, lanzó un anuncio en el que cuestiona directamente aspectos de la política migratoria de Trump y sostiene que parte de los votantes hispanos que ayudaron al presidente en 2024 se sienten traicionados. En Iowa, la candidata republicana al Senado Ashley Hinson buscó destacar su perfil bipartidista mientras evitaba aparecer junto al vicepresidente JD Vance durante una visita de campaña. En Kansas, donde Trump ganó por 16 puntos en 2024, Vance tuvo que viajar para respaldar al senador republicano Roger Marshall frente a una competencia más estrecha de lo esperado. Ninguno de esos movimientos demuestra por sí mismo una ruptura generalizada con Trump, pero muestran que algunos candidatos republicanos en estados o distritos competitivos están intentando diferenciar su identidad electoral de la Casa Blanca.
La Cámara de Representantes aparece como el terreno donde los demócratas ven más oportunidades porque la mayoría republicana es estrecha y una cantidad relativamente pequeña de distritos puede alterar el control de la institución. El problema para los demócratas es que el mapa no es idéntico al de 2018, cuando una ola contra Trump les permitió recuperar la Cámara durante su primer mandato. La redistribución de distritos impulsada por legislaturas republicanas redujo la cantidad de escaños claramente competitivos en algunas regiones y el Partido Republicano sostiene que varios candidatos demócratas elegidos en primarias son vulnerables. Además, los republicanos mantienen una poderosa estructura nacional de financiamiento y publicidad. El Washington Post informó que el comité republicano de campaña de la Cámara tiene anuncios coordinados previstos en 39 distritos, frente a 14 donde el comité demócrata planeaba hacerlo en ese momento.
El Senado, en cambio, presenta una matemática mucho más exigente. Los republicanos tenían 53 senadores a mediados de julio, frente a 45 demócratas y dos independientes que se organizan con ellos, por lo que los demócratas necesitan obtener al menos cuatro escaños netos para controlar la cámara. Además, tendrían que competir con éxito en varios estados que Trump ganó cómodamente en 2024. El propio Washington Post advierte que al menos dos de los escaños necesarios deberían provenir de estados donde Trump obtuvo ventajas de dos dígitos. Al mismo tiempo, los republicanos intentan capturar escaños actualmente demócratas en Michigan y New Hampshire, y el Cook Political Report trasladó recientemente la elección de New Hampshire desde “Lean Democrat” a la categoría de contienda abierta. Por eso el creciente optimismo demócrata respecto del Senado debe interpretarse como una mejora en sus oportunidades, no como una mayoría asegurada.
Ohio demuestra hasta qué punto algunas elecciones que parecían previsibles se volvieron costosas y disputadas. Allí el republicano Jon Husted compite contra el exsenador demócrata Sherrod Brown por el asiento que quedó vacante cuando JD Vance llegó a la vicepresidencia. Reuters informó este viernes que organizaciones republicanas vinculadas con Trump, Elon Musk, la red Koch y dirigentes partidarios lanzaron alrededor de US$14 millones en nueva publicidad para respaldar a Husted. La carrera ya acumula aproximadamente US$298 millones en gasto publicitario y Brown había recaudado US$38,6 millones frente a US$14,3 millones de Husted. Las últimas encuestas citadas por Reuters muestran márgenes estrechos favorables a Brown, pero todavía dentro de una campaña altamente competitiva.
Los republicanos conservan además una ventaja financiera importante en varias de las carreras clave. Según AdImpact, citado por el Washington Post, el gasto publicitario republicano reservado para las nueve contiendas más competitivas supera en alrededor de US$140 millones al demócrata durante la recta final. Texas ofrece el ejemplo más extremo: los republicanos habían reservado US$39,6 millones en publicidad frente a unos US$5,1 millones del lado demócrata. Dirigentes republicanos también sostienen que su organización territorial, la estructura de sus distritos y una mayor capacidad de gasto pueden compensar un ambiente nacional desfavorable. El líder republicano del Senado, John Thune, reconoció públicamente que su partido enfrenta “vientos en contra”, pero destacó que varias de las elecciones decisivas continúan siendo cerradas.
Existe, además, otra variable difícil de medir: la participación electoral. Las elecciones de mitad de mandato suelen tener una composición del electorado distinta de las presidenciales y la intensidad de cada base puede alterar considerablemente los resultados. En este momento, diferentes sondeos muestran a los votantes demócratas particularmente movilizados por su oposición a Trump. El senador republicano Ted Cruz reconoció esta semana que existe una elevada motivación del electorado progresista y que el ambiente representa un desafío para su partido. Trump, consciente del problema, pidió a sus seguidores que actúen como si su propio nombre estuviera en la boleta y está participando personalmente en campañas de estados donde el Partido Republicano esperaba enfrentar inicialmente carreras menos competitivas.
El escenario que muestran las encuestas actuales, entonces, es bastante diferente del que existía al comenzar 2026. Los demócratas aparecen por delante en varias mediciones nacionales, recuperaron ventaja en cuestiones económicas que habían perdido durante los años anteriores y consideran que el costo de vida, la guerra con Irán y el desgaste personal de Trump están cambiando la campaña. Los republicanos, por su parte, reconocen dificultades, pero conservan ventajas importantes de financiamiento, una geografía electoral que les permite competir incluso perdiendo el voto nacional y oportunidades propias para capturar escaños actualmente demócratas.
Por eso, más que afirmar que Estados Unidos se dirige inevitablemente hacia una nueva “ola azul”, el dato político de esta semana es otro: los demócratas pasaron de preguntarse si podían recuperar alguna cámara a organizar su campaña alrededor de la posibilidad de disputar ambas. Del otro lado, dirigentes republicanos que meses atrás hablaban de ampliar sus mayorías ahora reconocen públicamente un ambiente complicado. Las elecciones de noviembre resolverán si ese cambio de clima se traduce efectivamente en bancas. Hasta entonces, las encuestas describen una tendencia y las campañas intentan modificarla; no constituyen por sí mismas un resultado electoral.


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