
Putin consolida su control del Parlamento: Rusia Unida logra casi el 58% y amplía su mayoría en plena guerra
Alejandro CabreraRusia terminó de votar mientras drones ucranianos sobrevolaban Moscú, explotaba una refinería en las afueras de la capital y la guerra que comenzó en febrero de 2022 ingresaba en su quinto año. En ese escenario, Rusia Unida volvió a imponerse ampliamente en las elecciones legislativas y reforzó el dominio político de Vladimir Putin sobre la Duma Estatal.
Con más del 95% de las mesas escrutadas, el partido oficialista obtenía 57,83%, casi ocho puntos más que el 49,82% conseguido en 2021. Las proyecciones oficiales le asignaban 355 de los 450 diputados, suficientes no sólo para aprobar leyes ordinarias sin aliados, sino también para conservar una mayoría superior a los dos tercios de la Cámara.
Los números que dejó la elección
- Rusia Unida: 57,83% y una proyección de 355 diputados.
- Partido Comunista: 13,81%.
- LDPR: 8,98%.
- Nueva Gente: 7,96%.
- Participación: alrededor del 59,3%, según los datos oficiales.
- Rusia Unida lideró además en 208 de las 225 circunscripciones uninominales.
- En 2021, el oficialismo había obtenido 49,82%, por lo que esta vez amplió considerablemente su porcentaje nacional.
La elección fortalece institucionalmente a Putin: Rusia Unida podrá seguir controlando la agenda legislativa sin depender de otros partidos.
Una elección atravesada por Ucrania
Estos fueron los primeros comicios para renovar completamente la Duma desde que Rusia lanzó la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022. Durante la campaña, Putin presentó la votación como una prueba de respaldo a la conducción del país en tiempos de guerra, mientras Rusia Unida colocó la continuidad de la operación militar y el apoyo a las Fuerzas Armadas en el centro de su discurso.
El resultado permite al Kremlin argumentar que conserva una base electoral amplia después de cuatro años y medio de conflicto, sanciones occidentales, importantes pérdidas militares y crecientes ataques ucranianos sobre territorio ruso.
Pero existe una diferencia importante entre una victoria electoral del oficialismo y poder medir con precisión el apoyo social a la guerra.
DW recoge datos del Centro Levada, organización independiente de estudios de opinión, según los cuales un 59% de los rusos se inclina por terminar las hostilidades y avanzar hacia negociaciones. Es decir, votar por Rusia Unida no puede interpretarse automáticamente como una adhesión uniforme a todos los objetivos militares del Kremlin.

Una competencia fuertemente restringida
La contundencia del resultado debe analizarse también dentro de las características particulares del sistema político ruso.
La principal fuerza abiertamente pacifista, Yábloko, no pudo competir con su lista nacional después de quedar excluida del proceso. Varios candidatos críticos de la guerra tampoco llegaron a las papeletas, mientras otros opositores se encuentran presos, en el exilio o sujetos a restricciones judiciales.
Las cuatro principales fuerzas que consiguieron representación junto a Rusia Unida —comunistas, LDPR, Nueva Gente y Rusia Justa— discrepan con el Gobierno en distintos aspectos internos, pero ninguna representa actualmente una oposición frontal a la conducción de Putin comparable a los movimientos liberales o antibélicos excluidos o debilitados durante los últimos años.
Associated Press describe la elección como un proceso desarrollado bajo un fuerte control estatal, con escasa competencia opositora y sin la presencia de observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, la OSCE.
Rusia Unida ganó con claridad. La discusión internacional está en cuánto puede utilizarse ese resultado como medida de una competencia política plenamente abierta.
La oposición denuncia fraude; el Kremlin habla de una elección limpia
La Comisión Electoral Central rusa sostuvo que las irregularidades detectadas fueron menores y no alteraron el resultado general.
Yábloko, dirigentes opositores y organizaciones críticas denunciaron, en cambio, obstáculos para sus observadores, presión sobre candidatos y problemas relacionados con el voto electrónico. También cuestionaron que en determinados centros los electores tuvieran dificultades para utilizar papeletas físicas.
El voto electrónico vuelve a ocupar un lugar central en las críticas. Sectores opositores consideran que el sistema reduce la posibilidad de auditar de manera independiente el escrutinio, mientras las autoridades electorales defienden su funcionamiento y niegan que haya sido utilizado para alterar los resultados.
El ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, afirmó que Rusia había conseguido frustrar intentos occidentales de interferir en el proceso y cuestionar su legitimidad. La oposición sostiene exactamente lo contrario: que las principales limitaciones a la competencia fueron internas.
También se votó en territorios ucranianos ocupados
La elección incluyó por primera vez para una renovación completa de la Duma las zonas controladas por Rusia dentro de Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón, regiones ucranianas cuya anexión Moscú declaró en 2022.
También se votó en Crimea, anexada por Rusia en 2014.
Ucrania rechaza la legitimidad de esas votaciones. La anexión rusa de esos territorios tampoco es reconocida por la mayor parte de la comunidad internacional, y AP señaló que los comicios celebrados allí profundizan las objeciones externas sobre el proceso.
En algunas de esas regiones la participación oficial llegó aproximadamente al 80%, muy por encima del promedio nacional informado por las autoridades electorales.
Moscú votó bajo el mayor ataque de drones de la guerra
La última jornada electoral tuvo además una escena imposible de separar del contexto bélico.
Ucrania lanzó durante la madrugada del domingo el mayor ataque con drones sufrido hasta ahora por Moscú, según las propias autoridades rusas. El Gobierno informó que unos 450 aparatos fueron dirigidos contra la capital dentro de una ofensiva mucho más amplia sobre territorio ruso.
Una refinería de Moscú fue alcanzada, cientos de vuelos debieron ser demorados o cancelados y autoridades locales reportaron muertos y heridos en la región.
El alcalde de Moscú y dirigente de Rusia Unida, Serguéi Sobianin, atribuyó la operación a un intento ucraniano de alterar las elecciones. Esa interpretación pertenece al Gobierno ruso; Ucrania no ha presentado públicamente una explicación que permita determinar que ése haya sido el objetivo central del ataque.
Moscú anunció posteriormente que incrementará sus ataques sobre objetivos militares en Kyiv como respuesta a la ofensiva ucraniana.
Así, las urnas y la guerra terminaron mezclándose de una manera particularmente simbólica: mientras Putin buscaba mostrar normalidad y respaldo interno, una infraestructura estratégica de su propia capital ardía como consecuencia de una guerra que durante mucho tiempo había permanecido mucho más alejada de Moscú.
El resultado supera incluso al de 2021
La magnitud de la victoria tiene otro componente relevante. Rusia Unida no se limitó a conservar su predominio: mejoró claramente el porcentaje obtenido en las últimas elecciones parlamentarias.
En 2021 había conseguido 49,82%. Ahora ronda el 58%. Además, la proyección de 355 bancas constituiría un nuevo máximo para el partido dentro de la actual configuración parlamentaria.
Eso garantiza a Putin un Parlamento sin riesgos inmediatos de bloqueo.
La Constitución rusa exige una mayoría de dos tercios para determinadas reformas constitucionales. Con aproximadamente 355 diputados, Rusia Unida permanecería ampliamente por encima de ese umbral de 300 bancas.
Por eso, aunque Putin no aparecía personalmente en la boleta, el resultado tiene consecuencias directas para el Kremlin.

Kadyrov obtuvo casi el 100% en Chechenia
En paralelo con las legislativas nacionales se celebraron numerosas elecciones regionales y de gobernadores.
Uno de los resultados más llamativos se produjo en Chechenia, donde Ramzan Kadyrov obtuvo oficialmente 99,85% de los votos y consiguió un quinto mandato.
Kadyrov gobierna la república del Cáucaso con una gran autonomía interna a cambio de mantener su alianza con Putin y garantizar estabilidad política en una región que protagonizó dos guerras contra Moscú durante las décadas de 1990 y 2000.
Organizaciones internacionales de derechos humanos han acusado durante años a su Gobierno de persecuciones, detenciones arbitrarias y represión de periodistas y minorías. Kadyrov rechaza esas acusaciones.
La oposición intentó convertir el voto en una protesta
Con escasas posibilidades de alterar la composición nacional de la Duma, sectores opositores en el exilio intentaron utilizar las elecciones como una oportunidad para demostrar rechazo al Kremlin.
Miles de rusos residentes fuera del país acudieron a consulados y embajadas dentro de una campaña de protesta simbólica. En varias ciudades europeas y del Cáucaso se organizaron concentraciones contra la guerra y contra Putin.
En Moscú, opositores llamaron a presentarse simultáneamente al mediodía en los centros de votación dentro de la acción denominada “Mediodía por la Paz”.
DW informó que se registraron filas en distintos colegios electorales a esa hora.
El impacto sobre el resultado fue limitado, pero demuestra que sigue existiendo un sector contrario a la guerra pese al endurecimiento de las normas sobre críticas a las Fuerzas Armadas.
Putin sale con una Duma todavía más controlada
El efecto institucional de la votación es bastante claro.
Putin tendrá durante los próximos años un Parlamento donde el oficialismo dispone de margen suficiente para aprobar presupuestos, legislación militar, reformas internas y determinadas modificaciones constitucionales sin necesitar apoyo opositor.
Rusia Unida domina la Duma desde comienzos de este siglo y continúa siendo el principal instrumento político institucional del Kremlin.
Pero la elección también muestra una característica particular de la Rusia de 2026: el sistema político aparece cada vez más consolidado alrededor del poder presidencial justamente cuando la situación militar y económica resulta más incierta.
Los drones ya llegan a Moscú. Las refinerías rusas sufren ataques periódicos. La guerra continúa consumiendo recursos. Y una parte significativa de la población aparece en encuestas favorable a una negociación.
Sin embargo, ninguno de esos factores consiguió traducirse este fin de semana en una amenaza electoral para Rusia Unida.
Putin no necesitaba ganar personalmente estas elecciones. Necesitaba demostrar que, después de cuatro años y medio de guerra, conserva un Parlamento capaz de acompañar sin obstáculos su estrategia. Los resultados oficiales le entregan exactamente eso.
¿Qué cambia ahora?
A corto plazo, muy poco en la estructura del poder ruso.
La nueva Duma continuará dominada por Rusia Unida y no aparece dentro del Parlamento una fuerza con capacidad suficiente para modificar la política sobre Ucrania o enfrentar al Kremlin.
Lo que sí cambia es el argumento político disponible para Putin.
El presidente podrá utilizar los resultados como evidencia de respaldo institucional y electoral cuando Rusia se aproxima a una nueva etapa de la guerra y simultáneamente negocia con Estados Unidos posibles condiciones para un acuerdo con Ucrania. Reuters señaló que el Kremlin había presentado estas elecciones precisamente como una prueba del respaldo social a su política de guerra.
Los críticos responderán que esa lectura debe ponderarse frente a las restricciones sobre candidatos, medios y organizaciones opositoras, además de la ausencia de observación electoral occidental independiente.
Esas dos interpretaciones convivirán durante los próximos meses.
Una elección que muestra poder, pero no termina con las preguntas
Las cifras oficiales dejan pocas dudas sobre quién controla el sistema político ruso: Rusia Unida tendrá alrededor de cuatro de cada cinco diputados de la nueva Duma.
Lo que las cifras no pueden responder por sí solas es cuánto de ese apoyo representa entusiasmo activo por la guerra, cuánto responde a la popularidad de Putin, cuánto a la ausencia de alternativas competitivas y cuánto a las características de un sistema electoral cada vez más cerrado.
Ese será el punto central para interpretar el resultado.
Rusia sale de las elecciones con Putin políticamente fortalecido dentro de las instituciones, una oposición antibélica reducida al mínimo en el Parlamento y una mayoría oficialista incluso mayor que antes.
Pero también sale con una guerra que llegó físicamente a Moscú durante la propia jornada electoral, con una economía sometida a crecientes costos militares y con negociaciones internacionales cuyo desenlace sigue siendo incierto.
Rusia Unida ganó las elecciones. La cuestión que queda abierta es qué capacidad tendrá esa enorme mayoría parlamentaria para resolver el problema que dominó la campaña y que continuará dominando el próximo mandato de la Duma: una guerra que ya lleva más de cuatro años y medio sin un final definido.


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