
Israel queda sin ganador: Netanyahu lidera el escrutinio, pero los partidos árabes tienen la llave del Gobierno
Alejandro CabreraIsrael amaneció este miércoles sin un ganador claro.
El escrutinio confirmó que el Likud de Benjamin Netanyahu volvió a ser la fuerza individual más votada, desafiando buena parte de las encuestas previas que colocaban primero a Gadi Eisenkot.
Pero el dato decisivo está en los bloques.
Con aproximadamente 85,6% del total contabilizado, la coalición de derecha y partidos religiosos que respalda a Netanyahu suma 53 diputados. La oposición encabezada por Eisenkot reúne 48 y las dos fuerzas de mayoría árabe alcanzan 19, su mejor resultado histórico.
Para gobernar hacen falta 61.
Las claves
Bloque de Netanyahu: 53 diputados.
Bloque de Eisenkot: 48.
Partidos árabes: 19.
Mayoría necesaria: 61 de 120.
Todavía quedan cerca de 600.000 votos especiales, incluidos los de militares.
La participación alcanzó 77,7%, la mayor en más de dos décadas.
Netanyahu necesita sumar al menos ocho diputados fuera de su actual alianza.
Eisenkot podría superar 61 con apoyo árabe, pero existen fuertes resistencias políticas dentro de su propio bloque.
Si nadie consigue formar Gobierno, Israel puede volver a elecciones.
Netanyahu ganó votos, pero perdió su mayoría
La primera lectura puede parecer contradictoria.
Netanyahu obtuvo un resultado mejor de lo esperado y el Likud quedó claramente por delante de Yashar, el partido de Eisenkot. Sin embargo, los aliados que integran su actual Gobierno perdieron suficiente representación como para dejar a todo el bloque a ocho diputados de la mayoría.
Por eso Netanyahu puede reivindicar una victoria electoral sin tener garantizada la continuidad en el poder.
El primer ministro ya pidió la formación de un “Gobierno fuerte de derecha” y descartó depender de los partidos árabes.
Ese veto reduce enormemente sus posibilidades.
Para llegar a 61 tendría que convencer a alguna fuerza actualmente ubicada dentro de la oposición de romper su compromiso contra Netanyahu.
Eisenkot tiene más números posibles, pero una coalición mucho más incómoda
El escenario de Gadi Eisenkot es diferente.
Su bloque posee 48 diputados. Si consiguiera algún tipo de acuerdo con los 19 legisladores árabes, alcanzaría teóricamente 67.
La suma existe matemáticamente.
El problema es político.
Durante la campaña, Eisenkot y varios de sus socios evitaron comprometerse con un Gobierno dependiente de partidos árabes. Algunas fuerzas opositoras de centroderecha son especialmente resistentes a esa posibilidad.
Sin embargo, Israel ya tuvo antecedentes de Gobiernos sostenidos desde afuera por partidos árabes y, en 2021, Ra'am participó en la coalición que desalojó temporalmente a Netanyahu.
Por eso el escenario volvió a aparecer inmediatamente después de las elecciones.
Los árabes consiguieron el resultado que Netanyahu temía
La elevada participación árabe fue una de las grandes noticias de la jornada electoral.
Durante las últimas horas de votación, Netanyahu y dirigentes de la derecha insistieron repetidamente en que los ciudadanos árabes estaban concurriendo masivamente a las urnas y llamaron a movilizar al electorado conservador.
El resultado terminó confirmando esa tendencia.
La Lista Conjunta y Ra'am suman provisionalmente 19 escaños, una cifra que puede convertirlos en árbitros de la próxima coalición.
Paradójicamente, Netanyahu consiguió mantener al Likud como primera fuerza, pero el crecimiento del voto árabe puede impedirle alcanzar nuevamente el Gobierno.
Todavía faltan los votos de los soldados
El resultado no está cerrado.
La Comisión Electoral informó que alrededor del 93% de los votos ordinarios ya fue contabilizado, equivalente al 85,6% del total.
Quedan aproximadamente 600.000 votos emitidos mediante los llamados “sobres dobles”.
Allí se incluyen militares, diplomáticos, presos, personal sanitario y ciudadanos que por diferentes motivos votaron fuera de su mesa habitual.
Los sufragios militares son especialmente importantes porque pueden modificar uno o dos escaños dentro de una elección extremadamente ajustada.
También hay partidos pequeños todavía cerca del umbral mínimo del 3,25%. Si alguno consigue superarlo, la distribución completa de bancas puede volver a cambiar.
Cuatro escenarios para el próximo Gobierno
El primero es que Netanyahu consiga atraer diputados o algún partido del bloque opositor y alcance 61. Es el escenario que busca el Likud, aunque hasta ahora sus rivales prometieron impedirlo.
El segundo es un Gobierno encabezado por Eisenkot con apoyo de partidos árabes, ya sea incorporándolos formalmente o mediante respaldo externo. Es numéricamente posible, pero políticamente muy complejo.
El tercero sería algún tipo de Gobierno amplio o de unidad, probablemente entre sectores de centroderecha, que obligaría a romper varios de los vetos establecidos durante la campaña.
Y existe una cuarta posibilidad: que ninguno consiga formar una coalición y Israel vuelva nuevamente a elecciones.
Mientras negocian, Netanyahu sigue gobernando
Una vez publicados los resultados oficiales, el presidente Isaac Herzog consultará con todos los partidos y encargará la formación del Gobierno al diputado que considere con mayores posibilidades de reunir una mayoría.
Ese dirigente dispondrá inicialmente de 28 días para negociar, con posibilidad de una extensión.
Si fracasa, Herzog puede entregar la oportunidad a otro candidato.
Durante todo ese período, Netanyahu seguirá siendo primer ministro interino.
Por eso la crisis puede extenderse durante semanas o incluso meses.
La elección dejó un ganador partidario, pero ningún ganador político
El Likud salió primero.
Netanyahu consiguió demostrar nuevamente que mantiene una base electoral enorme incluso después del 7 de octubre, Gaza, Líbano, Irán y años de desgaste interno.
Pero eso no alcanza para responder la pregunta realmente importante.
Israel ya sabe qué partido consiguió más votos. Todavía no sabe quién podrá gobernarlo.
Con Netanyahu en 53, Eisenkot en 48 y los partidos árabes en 19, la elección terminó abriendo exactamente la negociación que ambos grandes candidatos intentaron evitar durante la campaña: quién está dispuesto a romper sus promesas para conseguir los 61 diputados que deciden el poder.


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