María Corina Machado, entre Washington y Caracas: siete intentos de regreso, el acercamiento Trump-Delcy y una oposición que teme quedar fuera de la transición

María Corina Machado intentó regresar tres veces a Venezuela en apenas 24 horas y acumula siete operaciones fallidas desde que salió del país. Mientras tanto, Delcy Rodríguez fue recibida por Donald Trump en Nueva York, habló ante Naciones Unidas, prometió futuras elecciones sin fijar una fecha y consolidó su condición de interlocutora de Washington.
Mundo27 de septiembre de 2026Alejandro CabreraAlejandro Cabrera

María Corina Machado pasó buena parte de los últimos años construyendo su liderazgo alrededor de una promesa: regresar a Venezuela, disputar políticamente el poder y acompañar una transición que terminara desembocando en elecciones competitivas. Después de la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en enero de 2026, ese escenario parecía mucho más cercano. Nueve meses después, la situación es considerablemente más compleja. Maduro ya no gobierna, pero Machado tampoco consiguió volver; Delcy Rodríguez continúa en Miraflores y Washington construyó con ella una relación de trabajo cada vez más estrecha.

La contradicción alcanzó su máxima expresión esta semana. Mientras Rodríguez viajaba a Nueva York, participaba de la Asamblea General de la ONU y mantenía su primer encuentro personal con Donald Trump desde la caída de Maduro, Machado intentaba regresar desde Panamá por tierra, mar y aire sin conseguirlo. Su equipo afirma que fueron tres intentos en 24 horas y siete desde que salió clandestinamente de Venezuela a finales de 2025. Reuters confirmó los tres episodios recientes y que Washington había pedido previamente a Machado postergar su retorno después de los terremotos de junio, aunque no pudo establecer quién impidió específicamente cada uno de los últimos viajes. 

No es solamente una historia sobre una dirigente que no consigue cruzar una frontera. Detrás aparece una disputa mucho más importante sobre quién conducirá políticamente la transición venezolana, cuándo habrá elecciones y cuánto está dispuesto Estados Unidos a alterar el actual equilibrio de poder para incorporar plenamente a la oposición encabezada por Machado.

LAS CLAVES DEL NUEVO ESCENARIO VENEZOLANO

  • Machado acumula siete intentos fallidos de regresar, tres de ellos durante la semana de la Asamblea General de la ONU. 
  • Funcionarios estadounidenses habían pedido en privado que postergara su regreso después de los terremotos de junio. Washington sostiene públicamente que tiene derecho a volver.
  • Delcy Rodríguez se reunió con Donald Trump en Nueva York y se consolidó como principal interlocutora venezolana de Washington. 
  • Rodríguez prometió ante la ONU que “habrá elecciones”, pero no anunció fecha. 
  • Las conversaciones políticas respaldadas por Estados Unidos no incluyen hasta ahora al movimiento de Machado. 
  • La aprobación de Machado seguía siendo la más alta entre las principales figuras venezolanas relevadas por una encuesta citada por Reuters, aunque pasó del 72% en julio al 53% en agosto, en un contexto de incertidumbre por su regreso y por el rumbo de la transición. 

Tres intentos en 24 horas y una pregunta sin respuesta: ¿quién impide que vuelva?

El episodio comenzó el lunes 21 de septiembre. De acuerdo con el relato del equipo de Machado recogido por El País, estaba previsto que la dirigente saliera desde Panamá en una embarcación con destino a Venezuela. La empresa responsable canceló el viaje alegando problemas mecánicos. Al día siguiente se organizó un segundo intento: volar hasta Aruba y continuar desde allí por mar, pero el avión tampoco despegó. Horas más tarde apareció un tercer plan, esta vez vía Curazao, que tampoco se concretó. 

Su asesor internacional, Pedro Urruchurtu, denunció públicamente que no estaban permitiendo que Machado regresara a su país. Reuters confirmó con un portavoz de la dirigente que los tres intentos ocurrieron, pero señaló un elemento clave: no existe hasta ahora una explicación pública y documentada que permita atribuir todos los últimos bloqueos a un mismo actor. Estados Unidos no respondió inmediatamente a las consultas de la agencia sobre esos episodios. 

Sí existe un antecedente más claro. Después de los terremotos que golpearon Venezuela en junio, funcionarios estadounidenses pidieron en privado a Machado que no regresara todavía y se opusieron a un intento de reingreso, según personas familiarizadas con esas conversaciones citadas por Reuters. La preocupación de Washington, de acuerdo con esas fuentes, era que su llegada pudiera alterar una transición que Estados Unidos intenta administrar de manera gradual.

Eso obliga a separar dos afirmaciones que suelen aparecer mezcladas. Está acreditado que Washington desalentó algunos intentos anteriores de regreso; no está acreditado públicamente que Estados Unidos haya ordenado bloquear cada uno de los tres movimientos realizados esta semana.

El pasaporte panameño y otra polémica alrededor del regreso

Uno de los documentos vinculados al intento vía Curazao agregó una nueva controversia: Machado figuraba en el plan de vuelo con documentación panameña.

Sectores del chavismo presentaron rápidamente ese dato como señal de una supuesta nueva nacionalidad que podría tener consecuencias sobre una futura candidatura. Sin embargo, personas conocedoras del documento citadas por El País aseguraron que no se trata de una adquisición de nacionalidad panameña, sino de un documento especial de viaje que Panamá puede otorgar por razones humanitarias a determinados extranjeros.

El problema original es que el pasaporte venezolano de Machado está vencido desde hace años y las autoridades venezolanas no se lo han renovado, según el mismo reporte. La controversia refleja hasta qué punto incluso los aspectos logísticos de su regreso están atravesados por la disputa política. 

Mientras Machado intentaba volver, Delcy se reunía con Trump

La simultaneidad de las imágenes explica buena parte del impacto político.

El martes, mientras el equipo de Machado intentaba organizar su regreso, Donald Trump recibió a Delcy Rodríguez en una recepción vinculada con la Asamblea General de Naciones Unidas. Participaron también Marco Rubio, Scott Bessent y altos funcionarios de la Casa Blanca. Fue la primera reunión personal entre ambos desde que fuerzas estadounidenses capturaron a Maduro en enero.

Rodríguez calificó el encuentro como un paso histórico para reconstruir las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos. La delegación venezolana viajó además a Nueva York buscando acuerdos sobre petróleo, minería, deuda y financiamiento internacional, y mantuvo conversaciones con autoridades estadounidenses, empresas y organismos multilaterales. 

La escena supone un cambio extraordinario respecto del mapa político de apenas un año atrás. Rodríguez fue vicepresidenta de Maduro y durante años formó parte del núcleo más confrontativo del chavismo frente a Washington. Ahora es la dirigente venezolana con acceso directo al presidente estadounidense.

Reuters señala que Trump construyó una relación operativa con ella después de la salida de Maduro, mientras críticos de esa política sostienen que Washington desplazó a la oposición para priorizar estabilidad, petróleo e inversiones. Esa última interpretación es una crítica atribuida; la administración estadounidense afirma que continúa reclamando reformas políticas y futuras elecciones. 

El gran dilema de Machado: Trump pasó de aliado indispensable a problema político

Durante años, Machado invirtió una parte importante de su estrategia internacional en construir una relación estrecha con Estados Unidos y particularmente con el entorno político de Donald Trump.

Después de la caída de Maduro, sin embargo, Washington eligió una estrategia diferente a la que buena parte de la oposición esperaba. En lugar de desplazar inmediatamente a toda la estructura chavista y transferir el poder a sus adversarios, Estados Unidos respaldó una transición encabezada provisionalmente por Rodríguez, mientras negocia reformas graduales y acuerdos económicos.

Ahí aparece la encrucijada.

Machado necesita garantías de Washington para regresar con seguridad y participar de cualquier proceso político nacional. Pero criticar frontalmente a Trump podría deteriorar precisamente la relación con el único gobierno extranjero que posee capacidad decisiva para presionar a Caracas. Al mismo tiempo, permanecer en silencio frente al acercamiento entre Trump y Rodríguez puede erosionar su liderazgo entre opositores que esperaban una transición mucho más rápida. 

Reuters informó el 16 de septiembre que la aprobación de Machado había caído del 72% en julio al 53% en agosto, aunque continuaba encabezando las mediciones entre las principales figuras políticas relacionadas con Venezuela. Analistas consultados por la agencia vincularon parte de esa caída con la frustración porque los cambios esperados después de enero todavía no se habían materializado. 

Eso no significa que Machado haya perdido su base política. Sí significa que el tiempo comenzó a convertirse en una variable en su contra.

Delcy promete elecciones, pero nadie sabe cuándo

Rodríguez llevó a Naciones Unidas una promesa relevante: aseguró que Venezuela celebrará elecciones como parte de una transición hacia lo que definió como una “democracia plena”.

“Habrá elecciones en Venezuela.”

La frase fue explícita. La fecha, no.

Hasta este fin de semana no existe siquiera un calendario tentativo oficialmente anunciado, y tanto sectores opositores como funcionarios estadounidenses insisten en la necesidad de avanzar hacia elecciones libres y competitivas. Rodríguez aseguró además que todas las fuerzas políticas podrán participar y que el Gobierno comenzó conversaciones con la oposición. 

El problema para Machado es que su propio movimiento no participa de esas negociaciones.

Reuters informó que las conversaciones respaldadas por Estados Unidos incluyen a otros sectores opositores y que Machado incluso propuso liderarlas personalmente, pero Washington apoyó a otros interlocutores. Su organización política permanece, hasta ahora, al margen de esa mesa. 

El contraste resulta evidente: Rodríguez promete que todas las fuerzas podrán competir, mientras Machado continúa fuera del país y Reuters señala que todavía existen dirigentes opositores inhabilitados. Analistas consultados por la agencia remarcaron precisamente esa contradicción. 

Washington quiere elecciones, pero tampoco parece tener apuro

La posición estadounidense contiene su propia ambigüedad.

Trump manifestó este mes que todavía era demasiado pronto para organizar elecciones democráticas inmediatas en Venezuela, mientras Marco Rubio reconoció que Machado tiene derecho a regresar y elogió su papel político. Al mismo tiempo, funcionarios estadounidenses consideran que una llegada precipitada podría alterar el proceso de transición que intentan negociar con Rodríguez. 

La estrategia parece priorizar primero la estabilización institucional y económica, después la reconstrucción de determinadas instituciones electorales y finalmente la convocatoria a elecciones.

Sus críticos argumentan que ese calendario beneficia a Rodríguez porque le concede tiempo para consolidar poder. Los defensores de una transición gradual sostienen que una ruptura inmediata podría generar inestabilidad dentro de un Estado todavía controlado en gran medida por instituciones y funcionarios provenientes del chavismo.

Por ahora no existe evidencia pública suficiente para saber cuál de esas hipótesis terminará predominando.

Delcy volvió de Nueva York con visibilidad, pero sin los grandes acuerdos que buscaba

El viaje de Rodríguez tampoco terminó exactamente como Caracas esperaba.

Llegó a Nueva York buscando mostrar que Venezuela había vuelto a ser un país internacionalmente invertible y esperaba conseguir avances concretos en deuda, energía, minería y financiamiento. Regresó con fotografías junto a Trump y con una visibilidad diplomática inédita, pero sin anuncios importantes de acuerdos cerrados ni una fecha electoral definida. 

Reuters describió el balance como políticamente importante pero económicamente modesto. El Banco Interamericano de Desarrollo analiza un posible préstamo puente de US$2.500 millones, pero enfrenta resistencias internas; además, varios acuerdos empresariales que se esperaba anunciar durante la visita finalmente no fueron formalizados.

La conclusión tampoco favorece completamente a Rodríguez: su acercamiento con Washington la fortaleció como interlocutora internacional, pero también aumentó la presión para explicar cuándo y cómo los venezolanos volverán a votar. 

Machado corre otro riesgo: convertirse en símbolo antes que en protagonista

El exilio genera una dificultad política conocida: cuanto más tiempo permanece un dirigente fuera del territorio que pretende conducir, más compleja resulta su capacidad para controlar la dinámica cotidiana.

Machado conserva una estructura política importante y su nombre continúa concentrando altos niveles de apoyo opositor. Pero la transición comenzó a producir hechos sin ella: Washington negocia con Rodríguez, otros sectores opositores participan de conversaciones institucionales y las principales discusiones económicas se desarrollan entre Caracas, Estados Unidos y organismos financieros. 

Esa situación explica la urgencia de regresar.

No se trata solamente de cumplir una promesa personal. Volver significaría recuperar presencia física dentro del conflicto político, movilizar a sus seguidores y reclamar un lugar central en cualquier negociación sobre elecciones.

Algunas fuentes de la oposición citadas por Reuters aseguran que Machado regresará, aunque todavía no existe una fecha establecida. Una persona cercana afirmó que su objetivo será presionar precisamente para conseguir elecciones competitivas. Reuters

Pero volver también implica riesgos

La otra cara de la decisión es la seguridad.

Machado vivió durante meses en la clandestinidad antes de abandonar Venezuela a finales de 2025. Regresar sin garantías podría exponerla nuevamente a medidas judiciales o de seguridad, dependiendo de las condiciones acordadas con el Gobierno interino. Esa es una de las razones por las que Washington ha mantenido reservas sobre el momento adecuado para su regreso.

La situación es especialmente delicada porque Rodríguez necesita demostrar simultáneamente dos cosas contradictorias: que puede garantizar apertura política suficiente para conservar el respaldo internacional y que mantiene control sobre un aparato estatal todavía atravesado por figuras provenientes del chavismo.

La presencia de Machado en Caracas pondría ambas afirmaciones a prueba.

Una transición con una gran ausente

Después de nueve meses, la Venezuela posterior a Maduro comienza a tomar una forma que pocos anticipaban el 3 de enero.

Delcy Rodríguez continúa gobernando. Donald Trump negocia directamente con ella. Estados Unidos impulsa inversiones y acuerdos petroleros. Hay conversaciones con una parte de la oposición. Se habla abiertamente de futuras elecciones. Pero María Corina Machado, una de las dirigentes opositoras de mayor apoyo público, permanece fuera del país y su organización no integra la principal mesa de negociación respaldada por Washington. 

Ese es el núcleo de la actual encrucijada venezolana.

El debate ya no consiste simplemente en chavismo contra oposición, como ocurrió durante buena parte de los últimos veinte años. Ahora existen tres centros de poder diferentes: el Gobierno interino de Rodríguez, la administración Trump —con una influencia extraordinaria sobre el proceso— y una oposición fragmentada en la que Machado conserva un enorme capital político pero no el control de las negociaciones. 

Para Rodríguez, la prioridad es ganar tiempo, estabilizar el país y conseguir reconocimiento suficiente para administrar la transición hasta unas futuras elecciones.

Para Washington, según sus declaraciones públicas y las conversaciones conocidas, el objetivo combina estabilidad, intereses económicos y una transformación política gradual.

Para Machado, el desafío es considerablemente más urgente: regresar antes de que la transición termine construyéndose sin ella, pero hacerlo sin romper con Estados Unidos, el actor del que depende buena parte de las garantías para ese mismo regreso.

Los tres intentos fallidos de esta semana mostraron que esa contradicción ya dejó de ser teórica.

María Corina Machado quiere volver a Venezuela. Delcy Rodríguez promete que habrá elecciones. Donald Trump sostiene que todavía hace falta tiempo.

La gran pregunta es cuál de esos tres calendarios terminará imponiéndose.

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