Javier Milei cerró la convención del IAEF en Puerto Iguazú con una definición destinada a convertirse en bandera de su campaña de 2027: “No voy a borrar con el codo lo que escribí con la mano”. La utilizó para prometer que no relajará la política fiscal ni monetaria antes de las elecciones. Pero el problema de convertir la coherencia en una virtud personal es que el archivo existe. Desde que llegó al poder, Milei restituyó un impuesto que había votado eliminar, aumentó otro después de prometer que se cortaría un brazo antes de hacerlo, pasó de querer dinamitar el Banco Central a fortalecerlo, de no comerciar con China a considerarla un socio clave, de responsabilizar a Luis Caputo por un desastre monetario a proclamarlo como el mejor ministro de Economía y de acusar a Patricia Bullrich de terrorismo a colocarla en el corazón de su gobierno. Algunos cambios fueron pragmáticos e incluso razonables. El problema no es cambiar: es construir ahora la ficción de que nunca lo hizo.