La relación entre Washington y Seúl atraviesa una transformación profunda. Donald Trump ordenó reducir los ejercicios militares conjuntos, reclama que Corea del Sur asuma una mayor parte de su propia defensa y cuestionó su falta de apoyo en el conflicto con Irán. Al mismo tiempo, busca reactivar el diálogo con Kim Jong-un. Corea del Sur acepta ganar autonomía militar, pero intenta evitar quedar arrastrada automáticamente a los conflictos de Estados Unidos contra China o en Medio Oriente. Detrás aparecen 28.500 soldados estadounidenses, un acuerdo comercial por US$350.000 millones, submarinos nucleares y el futuro de una alianza construida después de la Guerra de Corea.