
Tragedia y horror en Ciudad Evita: joven mamá fue asesinada delante de su bebé
Alejandra Larrea
La mañana en Ciudad Evita se tiñó de dolor cuando Priscila Maidana, una chica de 19 años, cayó víctima de un femicidio brutal. La violencia, que ya había marcado sus días, estalló de manera letal dentro de su propia casa: recibió un disparo en la cara disparado por su pareja, un joven de apenas 17 años, con quien compartía un vínculo signado por tensiones y temor. El tiro ocurrió frente al bebé de seis meses que la madre acababa de amamantar. En un instante, su hogar se convirtió en una escena de horror.
El agresor huyó mientras su madre descubría lo ocurrido. Sin dudar, tomó el cuerpo de Priscila y lo llevó hasta el Hospital Paroissien, donde la joven ingresó sin signos vitales. Nadie aún sabe cómo, pero la casa —testigo de tantos días de complicidad y amor— se llenó de confusión, violencia y, sobre todo, ausencia. La madre del agresor se encuentra bajo intensa sospecha por encubrir al hijo y limpiar la escena, lo que añade heridas adicionales a la herida profunda. La familia de Priscila, devastada, dejó en claro que el vínculo con el joven ya venía marcado por el miedo.
El caso ya está bajo investigación. Se ordenó un pedido de captura para Ariel Juárez, de 17 años, imputable por la gravedad del crimen. Hasta ahora, el hecho está caratulado como homicidio agravado por el vínculo. Las autoridades judiciales deben ahora definir si se encuentra un mecanismo para que el adolescente sea juzgado como adulto o si continúa en la justicia juvenil. El operativo de búsqueda se extiende por Ciudad Evita y zonas aledañas, con la urgencia creciente de hallar a quien arrojó sobre una familia la herida más cruel.
Las preguntas se multiplican: ¿Cuántas señales anteriores se desoyeron? ¿Cuántas veces la violencia doméstica fue naturalizada o permitida en silencio? La familia reconoce que Priscila había sufrido agresiones previas, nunca denunciadas. No solo en su hogar, sino en la comunidad, hay quien sabe que algo estaba mal; lo que nadie esperaba era esta tragedia consumada en instantes.
Encontrar justicia no recompondrá lo que se rompió: una vida joven, un futuro interrumpido, un bebé sin su mamá. Pero sí es un deber comenzar por nombrar el horror, reconocer el dolor y cambiar el mecanismo que permite que esto ocurra. Esta muerte no puede ser una estadística más. Tiene nombre, contexto y consecuencias. No debe olvidarse.


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