
La economía cayó fuerte en febrero y expone el límite del rebote
Alejandro CabreraLa caída de febrero no es un movimiento aislado ni un efecto estadístico menor. Se da inmediatamente después de un enero apenas positivo, con una suba del 0,4%, y marca un quiebre en la dinámica que insinuaba una leve recuperación. El retroceso mensual es significativo porque devuelve el nivel de actividad a valores similares a los de fines de 2025, mientras que la caída interanual confirma que la economía sigue operando por debajo de su propio pasado reciente.
Un freno que corta un rebote débil
El dato tiene peso porque corta una recuperación que ya era frágil. La mejora de enero no había logrado consolidar una tendencia, y febrero confirma que ese repunte fue apenas transitorio. Cuando se mira el primer bimestre completo, el resultado es prácticamente neutro, con una leve contracción acumulada, lo que refuerza la idea de que la economía no está creciendo, sino moviéndose en una zona de estancamiento con oscilaciones.
Ese comportamiento es típico de economías en transición, donde el orden macroeconómico empieza a aparecer, pero la actividad real todavía no responde.
Una economía partida en dos
El dato muestra una fuerte heterogeneidad. Algunos sectores crecieron con fuerza en la comparación interanual, especialmente los vinculados a recursos naturales, como la pesca, la minería y actividades asociadas al agro.
Sin embargo, ese crecimiento no alcanza para compensar el deterioro de los sectores que tienen mayor peso en la actividad general. La industria manufacturera volvió a caer con fuerza, al igual que el comercio, que sigue afectado por la debilidad del consumo.
El resultado es una economía desequilibrada: sectores exportadores que traccionan, pero un núcleo interno que sigue deprimido.
Industria y consumo: el problema de fondo
El núcleo del problema sigue siendo la demanda interna. La industria acumula caídas importantes y no logra encontrar un piso, mientras que el consumo continúa debilitado por la pérdida de poder adquisitivo y la falta de crédito.
Este punto es central porque define el ritmo de la recuperación. Sin mejora en el consumo, la industria no repunta, el comercio no se recupera y la actividad general queda estancada.
El costo del modelo económico
El dato también refleja el impacto del programa económico. El Gobierno logró avanzar en la estabilización de variables clave como la inflación y el déficit fiscal, pero ese proceso tiene un efecto contractivo sobre la actividad.
La economía se ordena desde lo macro, pero se enfría desde lo real. Esa tensión entre estabilizar y crecer es la característica principal del momento actual.
Un rebote que todavía no aparece
Más allá de las expectativas oficiales sobre una recuperación en los próximos meses, los datos muestran que el rebote todavía no se consolida. La actividad sigue condicionada por la debilidad del mercado interno y por la falta de dinamismo en sectores clave.
El primer bimestre del año deja una señal clara: la economía no está en expansión.
El dato que define el momento
La caída del 2,6% mensual no es solo un número. Es una señal del estado actual de la economía: no hay colapso, pero tampoco hay crecimiento.
Hay un freno.
Y ese freno marca el verdadero punto en el que está hoy la economía argentina: una transición donde el ajuste todavía pesa más que la recuperación.


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