
Hallaron un bosque petrificado de 50 millones de años cerca de Bariloche: la llamada desde una estancia que abrió una ventana al pasado
Alejandro CabreraUna comunicación inesperada desde una estancia situada en el interior de Río Negro terminó abriendo una puerta hacia un mundo desaparecido hace aproximadamente 50 millones de años. Lo que inicialmente parecía ser la presencia aislada de algunos restos extraños sobre el terreno terminó confirmado como un antiguo bosque petrificado.
Especialistas que llegaron hasta el establecimiento identificaron trece troncos fósiles correspondientes a diferentes especies vegetales. El hallazgo se produjo en las cercanías de Pilcaniyeu, a unos 80 kilómetros al sur de San Carlos de Bariloche, en una región donde se combinan sierras, formaciones rocosas y grandes mesetas de origen volcánico.
El descubrimiento no solamente resulta llamativo por la antigüedad de los ejemplares. También puede aportar información inédita sobre el clima, la vegetación y las transformaciones geológicas que experimentó la Patagonia mucho antes de adoptar su aspecto actual.
Una llamada que activó el operativo
La investigación comenzó después de que se alertara sobre la posible existencia de restos fósiles dentro de un establecimiento rural.
A partir de esa información, integrantes de la Asociación Paleontológica de Bariloche se trasladaron hasta el lugar acompañados por una patrulla ambiental del Escuadrón 34 de la Gendarmería Nacional.
El ingreso se realizó con la autorización del propietario del campo. Una vez en el lugar, los investigadores recorrieron el área, registraron los restos visibles y confirmaron que no se trataba de simples rocas con formas particulares.
Eran troncos petrificados.
En total se localizaron trece ejemplares pertenecientes a diferentes grupos vegetales, entre ellos coníferas y angiospermas, nombre utilizado para identificar a las plantas que producen flores.
Las primeras evaluaciones permitieron ubicar los restos en el Eoceno, una etapa de la historia geológica que se extendió aproximadamente entre 56 y 34 millones de años atrás.
Los árboles encontrados crecieron en la Patagonia millones de años antes de la aparición de los seres humanos y cuando la región presentaba condiciones ambientales completamente diferentes.
Los especialistas consideran que se trata de una formación que hasta ahora no había sido registrada en ese sector de Río Negro. Esa característica aumenta el valor científico del descubrimiento y abre la posibilidad de encontrar más ejemplares en futuras campañas.
Una Patagonia cubierta de bosques
El paisaje actual de buena parte del territorio rionegrino está caracterizado por la estepa, los suelos áridos, los fuertes vientos y una vegetación baja adaptada a la escasez de agua.
Hace 50 millones de años, sin embargo, la situación era muy distinta.
Durante el Eoceno, el planeta atravesó períodos de temperaturas elevadas y en amplias regiones de la Patagonia predominaban condiciones más cálidas y húmedas. En lugar de las extensas planicies semidesérticas actuales, existían ambientes capaces de sostener bosques diversos.
Las coníferas convivían con plantas con flores y otras especies que formaban ecosistemas complejos. Los cambios climáticos, los movimientos del terreno y la intensa actividad volcánica fueron modificando progresivamente esa geografía.
Los trece troncos encontrados cerca de Pilcaniyeu constituyen restos materiales de aquel ambiente desaparecido.
El análisis de la madera puede permitir identificar con mayor precisión qué especies crecían en el lugar, cuáles eran las temperaturas predominantes y qué cantidad de humedad existía en la zona.
También podría ayudar a comprender la transición entre las áreas cercanas a la cordillera y las grandes planicies del interior patagónico.
La ubicación del yacimiento resulta especialmente interesante porque se encuentra en una zona de contacto entre sierras y mesetas basálticas. Esa combinación puede conservar registros de distintos episodios geológicos y ambientales.
Cómo un árbol puede convertirse en piedra
La petrificación es un proceso extraordinariamente lento que necesita condiciones muy específicas.
Cuando un árbol muere, normalmente su madera se descompone por la acción del oxígeno, las bacterias, los hongos y otros organismos. Para que pueda fosilizarse, debe quedar cubierto rápidamente por sedimentos que lo aíslen de esos factores.
Después del enterramiento, el agua cargada de minerales comienza a circular por el interior de los tejidos vegetales.
Con el paso de miles y millones de años, esos minerales se depositan dentro de los poros y reemplazan progresivamente parte de la materia orgánica original.
La madera termina convirtiéndose en roca, pero puede conservar la forma externa del tronco, sus anillos de crecimiento e incluso detalles microscópicos de su estructura.
El resultado no es una piedra que simplemente se parece a un árbol, sino el registro mineralizado de un organismo que realmente vivió hace millones de años.
La historia volcánica de la Patagonia favoreció especialmente estos procesos. Las erupciones generaron cenizas y depósitos ricos en minerales capaces de cubrir rápidamente la vegetación y facilitar su conservación.
Por ese motivo, la región posee algunos de los bosques petrificados más relevantes de América del Sur.
Río Negro ya cuenta, por ejemplo, con el Bosque Petrificado de Valcheta, un área protegida de 625 hectáreas cuyos restos vegetales tienen aproximadamente 62 millones de años.
El nuevo descubrimiento de Pilcaniyeu pertenece a otro momento geológico y puede revelar información diferente sobre la evolución de los ecosistemas patagónicos.
Fotografías, coordenadas y muestras
Después de confirmar la existencia del bosque petrificado, los especialistas iniciaron un proceso de documentación y preservación.
Los trabajos incluyeron la identificación inicial de los troncos, la toma de fotografías, el registro de sus dimensiones y la geolocalización exacta de cada ejemplar.
Conservar las coordenadas resulta fundamental porque un fósil pierde buena parte de su valor científico cuando es separado de su contexto sin documentación.
La posición de cada tronco, el tipo de sedimento que lo rodea y la formación geológica donde aparece permiten reconstruir cómo quedó enterrado y qué procesos atravesó durante millones de años.
Los investigadores también extrajeron pequeñas muestras que serán sometidas a estudios más detallados.
Esos fragmentos pueden revelar la composición de la madera, los minerales que intervinieron en su fosilización y las características de las especies representadas.
El material recuperado fue acondicionado mediante procedimientos especiales para evitar daños durante su traslado.
Las muestras quedaron bajo resguardo en el Museo Paleontológico de Bariloche, donde se desarrollarán las siguientes etapas de investigación.
Un patrimonio que no puede retirarse del lugar
Los fósiles encontrados dentro de una propiedad privada no pertenecen automáticamente al dueño del terreno ni pueden ser comercializados o trasladados libremente.
El patrimonio paleontológico se encuentra protegido por normas nacionales y provinciales que establecen la obligación de informar este tipo de descubrimientos.
En Río Negro, la Ley Provincial 3656 protege el patrimonio cultural y natural, mientras que la Ley 3041 regula específicamente la conservación del patrimonio arqueológico y paleontológico.
La protección comprende tanto a los restos como al sitio donde fueron encontrados.
Esto significa que el valor científico no está únicamente en los troncos, sino también en el terreno, las capas de sedimentos y la disposición de los ejemplares.
Retirar una pieza sin registrar su ubicación puede destruir información acumulada durante millones de años.
La intervención de la Gendarmería tuvo como objetivo asistir a los investigadores, resguardar el lugar y garantizar que las tareas se desarrollaran sin alterar los restos.
La cooperación del propietario de la estancia también fue determinante para permitir el ingreso de los especialistas y activar el procedimiento correspondiente.
Las preguntas que deberá responder la ciencia
Los estudios recién comienzan.
Los especialistas deberán determinar si los trece troncos pertenecen a árboles que crecieron directamente en ese lugar o si fueron transportados por antiguos cursos de agua antes de quedar enterrados.
También tendrán que establecer si todos se fosilizaron durante un mismo episodio o si el yacimiento reúne restos correspondientes a diferentes momentos.
La identificación de las especies permitirá comparar este bosque con otros registros encontrados en Río Negro, Chubut y Santa Cruz.
Esa información puede ayudar a reconstruir la distribución de las plantas en la antigua Patagonia y explicar cómo respondieron los ecosistemas a los grandes cambios climáticos del pasado.
Los anillos de crecimiento podrían aportar pistas sobre períodos de sequía, variaciones estacionales y ritmos de desarrollo de los árboles.
Mientras avanzan los análisis, el sitio permanecerá protegido y la ubicación precisa no será difundida públicamente, una medida habitual para reducir el riesgo de saqueos o extracciones clandestinas.
Debajo del paisaje árido que rodea a Pilcaniyeu permanece conservado el registro de una Patagonia casi irreconocible: húmeda, cálida y cubierta por árboles cuyas estructuras sobrevivieron mineralizadas durante aproximadamente 50 millones de años.


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