El tablero oculto detrás de Ceuta: Marruecos, Argelia y el Sáhara Occidental en una crisis que fue mucho más que migratoria

La avalancha que desbordó Ceuta tuvo causas sociales y migratorias concretas, pero coincidió con un momento extremadamente sensible en el equilibrio del Magreb. El acercamiento de España a Argelia, la disputa por el Sáhara Occidental y la histórica reivindicación marroquí sobre Ceuta y Melilla ayudan a explicar por qué Rabat pudo tener incentivos para dejar correr la crisis. Hasta ahora, no existen pruebas de una participación directa de Argelia o del Frente Polisario.
Mundo08 de agosto de 2026Alejandro CabreraAlejandro Cabrera

La crisis migratoria que llevó a decenas de miles de personas desde Marruecos hacia Ceuta difícilmente pueda entenderse observando solamente la frontera del Tarajal.

Detrás existe una partida geopolítica que enfrenta desde hace décadas a Marruecos y Argelia por el liderazgo del norte de África, cuyo principal campo de batalla diplomático es el Sáhara Occidental y en la que España ocupa una posición particularmente incómoda.

La coincidencia temporal es difícil de ignorar. El presidente español Pedro Sánchez había viajado a Argelia el 20 de julio, apenas diez días antes de la gran avalancha sobre Ceuta, para reconstruir completamente una relación que llevaba cuatro años deteriorada y negociar, entre otros asuntos, un aumento del suministro de gas argelino.

Ese acercamiento fue observado con recelo en Rabat.

Ceuta ResumenCeuta bajo máxima vigilancia: España reforzó la frontera con Marruecos tras la mayor crisis migratoria de los últimos años



Los servicios de inteligencia españoles han concluido, según la información publicada hasta ahora, que Marruecos no organizó originalmente el movimiento de decenas de miles de personas, pero sí relajó sus controles, permitió que la situación creciera y posteriormente aprovechó políticamente la crisis.

La hipótesis que gana fuerza no es, por lo tanto, la de una conspiración internacional coordinada entre diferentes países, sino algo más sutil: una movilización que comenzó por factores sociales, rumores difundidos en redes y oportunidades migratorias y que Marruecos decidió temporalmente no detener porque podía utilizarla como instrumento de presión sobre España.

Argelia no aparece como organizadora, pero está en el centro del conflicto

Hasta el momento no existe ninguna prueba pública que permita afirmar que el Gobierno argelino organizó, financió o estimuló la entrada masiva en Ceuta.

La enorme mayoría de quienes cruzaron eran ciudadanos marroquíes. También aparecieron argelinos y, en menor cantidad, personas procedentes del África subsahariana, pero eso no demuestra intervención estatal de Argel.

Argelia aparece en la historia por una razón diferente: es el principal rival estratégico de Marruecos.

Los dos países mantienen cerrada su frontera terrestre desde 1994 y rompieron formalmente sus relaciones diplomáticas en 2021. Compiten por influencia política, militar y económica en el Magreb, el Sahel y el Mediterráneo occidental.

Y su gran enfrentamiento es el Sáhara Occidental.

Marruecos considera ese territorio parte integral de su país y controla aproximadamente cuatro quintas partes. El Frente Polisario reclama, en cambio, la creación de una República Saharaui independiente y cuenta desde hace décadas con respaldo político, militar y logístico de Argelia.

Una importante población saharaui vive además en los campamentos de refugiados de Tinduf, dentro del territorio argelino.

La propia ONU continúa tratando el Sáhara Occidental como una cuestión pendiente de resolución política. Marruecos propone una autonomía bajo soberanía marroquí, mientras el Polisario exige que la población saharaui pueda decidir su futuro mediante un proceso de autodeterminación.

Ese enfrentamiento convierte prácticamente cualquier acercamiento español a Argel en una cuestión sensible para Rabat.

Y eso es exactamente lo que estaba ocurriendo cuando estalló Ceuta.

El viaje de Sánchez a Argelia que incomodó a Marruecos

España y Argelia acababan de salir de una de sus mayores crisis diplomáticas.

En marzo de 2022, Sánchez modificó la histórica posición española sobre el Sáhara y comenzó a considerar la propuesta marroquí de autonomía como la opción más seria para solucionar el conflicto.

Era exactamente lo que Marruecos llevaba años reclamando.

Pero provocó la reacción inmediata de Argelia.

El Gobierno argelino retiró a su embajador, suspendió el Tratado de Amistad con España y prácticamente congeló buena parte de las relaciones comerciales.

El gas continuó fluyendo porque Argelia es uno de los principales suministradores energéticos españoles, pero políticamente la relación quedó deteriorada.

Durante 2026 comenzó el deshielo.

En marzo, España y Argelia reactivaron oficialmente el Tratado de Amistad y anunciaron una nueva etapa de cooperación.

Y el movimiento más importante llegó el 20 de julio, cuando Sánchez viajó personalmente a Argel acompañado por representantes gubernamentales y empresariales.

La reunión con el presidente Abdelmayid Tebún permitió acordar la reactivación de todos los mecanismos bilaterales y preparar para octubre la primera reunión de alto nivel entre los dos países en ocho años.

También se habló de aumentar los suministros energéticos y reforzar la cooperación económica.

Diez días después comenzó la gran crisis de Ceuta.

Eso no demuestra causalidad.

Pero sí explica por qué los servicios españoles y numerosos analistas prestaron inmediatamente atención al factor argelino.

La interpretación es que Rabat pudo considerar el espectacular acercamiento entre Madrid y Argel como una señal de que España estaba intentando recuperar un equilibrio entre sus dos grandes socios magrebíes.

Y Marruecos lleva años intentando que Madrid no regrese a esa vieja equidistancia.

Según el análisis publicado tras la crisis, entre las posibles motivaciones para que las fuerzas marroquíes relajaran temporalmente los controles aparece precisamente la reciente visita de Sánchez a Argelia.

El Sáhara Occidental es la pieza que conecta todo

El Sáhara es importante porque explica simultáneamente la relación de Marruecos con España, la rivalidad con Argelia y buena parte de la política exterior marroquí.

España administró el territorio hasta 1975.

Cuando Francisco Franco agonizaba, Marruecos impulsó la denominada Marcha Verde: cientos de miles de civiles fueron movilizados hacia el Sáhara para presionar a España y acelerar su retirada.

Después comenzó una guerra entre Marruecos y el Frente Polisario.

Mauritania inicialmente también reclamó parte del territorio, aunque posteriormente abandonó esa pretensión.

El conflicto terminó desembocando en un alto el fuego en 1991 y en la creación de la misión de Naciones Unidas MINURSO.

El referéndum previsto nunca llegó a realizarse.

Marruecos consolidó progresivamente su control sobre la mayor parte del territorio, construyó un enorme muro defensivo y desarrolló ciudades, puertos y explotaciones económicas.

El Polisario mantuvo el control de una franja desértica hacia el este y estableció su principal estructura política y sus campos de refugiados en territorio argelino.

Desde 2020 volvieron además los enfrentamientos armados de baja intensidad.

La situación seguía siendo tensa en 2026. En junio, Marruecos mató mediante un ataque con drones a un importante dirigente militar y político del Polisario, demostrando la creciente superioridad tecnológica de sus fuerzas armadas.

Al mismo tiempo, Estados Unidos intenta reactivar una negociación.

Durante febrero, representantes de Marruecos, el Frente Polisario, Argelia y Mauritania participaron en Madrid de conversaciones impulsadas por Washington y respaldadas por Naciones Unidas.

El objetivo es encontrar finalmente una salida al conflicto.

Las posiciones todavía están muy alejadas.

Marruecos pretende que cualquier negociación parta de su plan de autonomía.

El Polisario quiere que la independencia continúe siendo una opción.

Argelia respalda el derecho de autodeterminación saharaui.

Mauritania intenta mantener una posición mucho más neutral porque necesita buenas relaciones con todos sus vecinos.

Por qué Ceuta y el Sáhara están relacionados aunque sean conflictos diferentes

Desde el punto de vista jurídico e histórico, Ceuta no es el Sáhara Occidental.

Ceuta forma parte de España desde siglos antes de que existiera el actual Estado marroquí y no aparece en la lista de territorios pendientes de descolonización de Naciones Unidas.

El Sáhara Occidental sí está considerado por la ONU un territorio pendiente de descolonización.

Pero la política marroquí conecta ambos asuntos a través de una visión territorial más amplia.

Rabat reivindica Ceuta y Melilla y sostiene que son enclaves coloniales españoles sobre territorio norteafricano.

España rechaza completamente esa interpretación.

Para Madrid, ambas son ciudades españolas exactamente igual que cualquier otro territorio del país.

El problema es que Marruecos dispone de una herramienta extraordinariamente eficaz para ejercer presión sobre ellas: el control migratorio.

Cuando la policía marroquí vigila las carreteras hacia Fnideq, controla las playas y despliega fuerzas alrededor del Tarajal, cruzar masivamente hacia Ceuta resulta extremadamente difícil.

Cuando esa vigilancia desaparece o disminuye durante unas horas, la frontera española puede quedar rápidamente desbordada.

Eso explica por qué el informe de los servicios españoles divulgado tras la crisis es tan importante: la conclusión es que Rabat no habría creado inicialmente la movilización, pero la dejó desarrollarse y después la utilizó para volver a instalar políticamente la cuestión de Ceuta y Melilla.

Existe un precedente imposible de ignorar.

En mayo de 2021, Marruecos relajó sus controles después de descubrir que España había permitido ingresar en territorio español al líder del Polisario, Brahim Ghali, para recibir tratamiento médico.

En aproximadamente 48 horas entraron en Ceuta unas 8.000 personas.

España terminó reconstruyendo posteriormente su relación con Marruecos y Sánchez cambió en 2022 la posición española sobre el Sáhara.

Por eso cualquier crisis migratoria de gran escala en Ceuta inmediatamente despierta la pregunta de si Rabat vuelve a estar utilizando la inmigración como herramienta diplomática.

El Polisario: protagonista del tablero, pero no de la avalancha

El Frente Polisario aparece constantemente mencionado alrededor de la crisis, pero conviene establecer una diferencia fundamental.

No existe hasta ahora evidencia pública que vincule al Polisario con la organización de la entrada masiva a Ceuta.

Ni los servicios de inteligencia españoles ni las principales investigaciones periodísticas han señalado que militantes saharauis hayan organizado la movilización.

Su papel es indirecto.

El Polisario es la razón por la que Argelia y Marruecos mantienen posiciones irreconciliables sobre el Sáhara y una de las principales causas por las que cualquier acercamiento entre España y Argelia genera suspicacias en Rabat.

Además, España tiene una responsabilidad histórica especial sobre el territorio porque fue su potencia colonial.

Eso convierte a Madrid en un actor particularmente observado tanto por Marruecos como por los saharauis y Argelia.

En otras palabras: el Polisario probablemente no provocó Ceuta, pero el conflicto que protagoniza ayuda a explicar por qué Ceuta pudo convertirse en una herramienta de presión.

Estados Unidos también apareció en el tablero

Existe otro elemento que inquietó especialmente a Madrid durante 2026.

En mayo se conoció un documento elaborado en el Congreso estadounidense que describía Ceuta y Melilla como territorios marroquíes “bajo administración española” e instaba al Departamento de Estado a involucrarse en una discusión sobre su futuro.

No se trató de un reconocimiento formal de Estados Unidos de la soberanía marroquí.

Washington no cambió oficialmente su posición sobre las ciudades españolas.

Pero fue la primera vez que una formulación semejante apareció dentro de documentación vinculada con el Congreso estadounidense y generó una considerable preocupación en España.

Estados Unidos mantiene al mismo tiempo una relación estratégica muy estrecha con Marruecos.

Durante la primera presidencia de Donald Trump, Washington reconoció en 2020 la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio de que Rabat normalizara relaciones con Israel.

El respaldo estadounidense al plan marroquí continúa siendo una de las grandes ventajas diplomáticas de Mohamed VI.

En 2026 Washington está además intentando mediar entre Marruecos, el Polisario, Argelia y Mauritania.

No existe ninguna prueba de que Estados Unidos haya participado en la crisis migratoria de Ceuta.

Pero su peso resulta fundamental para comprender por qué Marruecos se siente actualmente en una posición internacional mucho más fuerte respecto del Sáhara.

¿Y qué papel pudo tener Israel?

Marruecos e Israel mantienen una relación de seguridad cada vez más estrecha.

Rabat adquirió tecnología militar israelí, incluidos drones utilizados por sus fuerzas armadas en el Sáhara Occidental.

La superioridad aérea marroquí frente al Polisario depende parcialmente de sistemas israelíes y turcos.

Sin embargo, no apareció evidencia seria de una intervención israelí en los acontecimientos de Ceuta.

Las hipótesis difundidas en redes que vinculan directamente a Israel con la avalancha no han sido respaldadas por los servicios españoles ni por investigaciones periodísticas fiables.

La importancia de Israel es nuevamente estructural: refuerza militarmente a Marruecos y modifica el equilibrio regional frente a Argelia.

No existe evidencia de que haya enviado, coordinado o alentado migrantes hacia España.

Mauritania intenta no quedar atrapada entre sus vecinos

Mauritania es otro actor que suele pasar inadvertido.

Comparte frontera con el Sáhara Occidental y con Argelia y mantiene una relación económica y de seguridad importante con Marruecos.

Después de abandonar sus reclamaciones sobre el Sáhara en 1979, Nouakchott adoptó una política mucho más prudente.

Reconoce a la República Árabe Saharaui Democrática, pero mantiene simultáneamente buenas relaciones con Rabat.

La ONU considera a Mauritania uno de los cuatro participantes relevantes en las conversaciones junto con Marruecos, el Polisario y Argelia.

No existe ninguna evidencia de participación mauritana en la crisis de Ceuta.

Su interés es exactamente el contrario: evitar una escalada entre Marruecos y Argelia que pudiera desestabilizar todavía más el Sahel.

Rusia sí apareció, pero después de que comenzara la crisis

Hay un actor externo sobre el que sí apareció evidencia concreta, aunque en un terreno completamente diferente.

Una investigación sobre la actividad digital detectó que cuentas vinculadas con Rusia amplificaron masivamente narrativas sobre Ceuta después de producirse la avalancha.

Canales vinculados con redes de propaganda prorrusas presentaron la entrada como una “invasión” organizada y difundieron contenidos dirigidos principalmente al público europeo.

El análisis identificó cuentas relacionadas con la red Pravda y con canales como Rybar, señalados anteriormente por vínculos con estructuras rusas.

Eso no significa que Rusia haya organizado el movimiento migratorio.

La misma investigación diferenció claramente entre las conversaciones de migrantes, que parecían surgir orgánicamente, y la amplificación política posterior realizada por redes digitales.

El interés ruso sería aprovechar una crisis europea para aumentar la polarización, fortalecer posiciones antiinmigración y generar conflictos entre gobiernos de la Unión Europea.

Es un fenómeno diferente a provocar la avalancha.

Pero demuestra cómo una crisis fronteriza local puede convertirse rápidamente en un instrumento dentro de una competencia geopolítica mucho más amplia.

Las mafias: una explicación real, pero insuficiente para semejante magnitud

Tanto España como Marruecos señalaron inicialmente a organizaciones de tráfico de personas.

Es indiscutible que existen.

España acaba de desarticular varias redes que transportaban migrantes desde Argelia hacia territorio español mediante lanchas rápidas.

Una de las operaciones identificó una estructura criminal responsable de decenas de travesías y del transporte de miles de personas por el Mediterráneo occidental.

También existen rutas desde Marruecos hacia Andalucía, Canarias, Ceuta y Melilla.

Pero los servicios españoles no consideran que una única organización criminal pueda explicar la movilización extraordinaria registrada a finales de julio.

La crisis combinó múltiples elementos: convocatorias difundidas por redes sociales, rumores sobre la imposibilidad de devolver inmediatamente a quienes llegaran nadando, frustración económica de miles de jóvenes marroquíes, condiciones estivales favorables y, finalmente, la decisión de las fuerzas marroquíes de no contener inmediatamente el movimiento.

El componente estatal aparece fundamentalmente en esa última fase.

Entonces, ¿quién tuvo realmente responsabilidad?

La información disponible hasta ahora permite establecer una escala bastante clara.

La mayor evidencia apunta hacia Marruecos. No porque haya demostrado organizar desde cero la avalancha, sino porque los servicios españoles creen que detectó el movimiento, relajó los controles, permitió que creciera y posteriormente lo aprovechó políticamente.

Argelia tuvo un papel indirecto. No existen pruebas de que haya participado, pero el espectacular acercamiento entre Sánchez y Tebún pocos días antes pudo contribuir a explicar el malestar marroquí.

El Sáhara Occidental es el trasfondo central. Es la causa principal de la rivalidad Marruecos-Argelia y una de las grandes palancas de la relación entre Madrid y Rabat.

El Frente Polisario no aparece implicado operativamente. Su influencia es geopolítica, no migratoria.

Mauritania tampoco aparece relacionada con la avalancha.

Estados Unidos e Israel fortalecen actualmente la posición estratégica de Marruecos, especialmente sobre el Sáhara, pero no existe evidencia de que participaran en la crisis.

Rusia sí aprovechó digitalmente el episodio, según investigaciones recientes, aunque no hay indicios de que haya provocado los cruces.

Y las redes criminales y las redes sociales probablemente ayudaron a multiplicar una movilización que encontró durante unas horas una circunstancia excepcional: Marruecos dejó de cerrar una frontera que normalmente sabe cerrar.

La gran enseñanza de Ceuta es justamente esa.

España puede construir muros, instalar barreras marítimas, reforzar la Guardia Civil y modificar sus leyes. Pero mientras Ceuta continúe rodeada territorialmente por Marruecos, el control efectivo de la frontera dependerá en buena medida de las decisiones de Rabat.

Y esas decisiones no se toman exclusivamente pensando en inmigración.

También dependen del Sáhara Occidental, de Argelia, del gas, de Washington, de la relación con Europa y de la disputa marroquí por convertirse en la principal potencia política del Magreb.

La avalancha de Ceuta comenzó como una crisis migratoria.

Pero el escenario que permitió que alcanzara semejante dimensión fue profundamente geopolítico.

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