Guerra Rusia-Ucrania: de la anexión de Crimea a una guerra de desgaste que ya lleva más de cuatro años

El conflicto comenzó en 2014, pero se transformó en una guerra abierta a escala continental con la invasión rusa del 24 de febrero de 2022. Moscú fracasó en su intento inicial de tomar Kyiv, Ucrania recuperó grandes territorios durante ese mismo año y, desde 2023, el frente se convirtió en una guerra de desgaste. En agosto de 2026 Rusia conserva aproximadamente una quinta parte del territorio ucraniano, mientras las negociaciones de paz siguen bloqueadas y los ataques con drones y misiles se intensificaron.
Mundo08 de agosto de 2026Alejandro CabreraAlejandro Cabrera

Para entender la guerra ruso-ucraniana hay que comenzar antes de 2022. La guerra empezó realmente en 2014, cuando Rusia ocupó y anexó Crimea después de la caída del presidente ucraniano prorruso Viktor Yanukóvich y comenzó una rebelión armada en el Donbás respaldada por Moscú. Durante ocho años, Ucrania combatió contra separatistas prorrusos en Donetsk y Lugansk mientras Rusia negaba mantener una intervención militar directa a gran escala. Los acuerdos de Minsk redujeron algunos combates, pero nunca solucionaron el problema político ni restituyeron a Kyiv el control completo de esas regiones.

La gran ruptura llegó el 24 de febrero de 2022, cuando Vladimir Putin lanzó la invasión a gran escala desde Rusia, Bielorrusia, Crimea y los territorios separatistas del este. El plan inicial buscaba una victoria rápida: tropas rusas avanzaron hacia Kyiv, Járkiv, Chernígov, Sumy y el sur de Ucrania, mientras fuerzas aerotransportadas intentaron conquistar el aeropuerto de Hostómel para facilitar un asalto sobre la capital. La ofensiva sobre Kyiv fracasó por la resistencia ucraniana, problemas logísticos rusos y el apoyo occidental a Ucrania. A finales de marzo y comienzos de abril, Moscú abandonó el norte del país y concentró la guerra en el este y el sur.

2022: Rusia fracasa en Kyiv, pero conquista el corredor del sur

La retirada rusa del norte fue la primera gran derrota estratégica de Moscú. Putin no consiguió derribar al gobierno de Volodímir Zelenski ni convertir Ucrania en un Estado subordinado. Sin embargo, Rusia sí obtuvo importantes victorias territoriales en el sur y el este. Tras un sitio devastador, conquistó Mariúpol en mayo de 2022, asegurando un corredor terrestre que conecta Rusia con Crimea a través de las regiones ocupadas de Donetsk y Zaporiyia.

Durante el verano, el centro de gravedad pasó al Donbás. Rusia utilizó su superioridad artillera para capturar Severodonetsk y Lisichansk y avanzar lentamente sobre Lugansk. Parecía que Moscú había recuperado la iniciativa, pero Ucrania preparó dos contraofensivas que cambiaron temporalmente el rumbo de la guerra. En septiembre de 2022, las fuerzas ucranianas rompieron las defensas rusas en la región de Járkiv y recuperaron miles de kilómetros cuadrados en cuestión de días. Dos meses después obligaron a las tropas rusas a retirarse de Jersón, la única capital regional que Moscú había conquistado desde febrero.

A finales de 2022 quedó configurado en gran medida el mapa que todavía condiciona la guerra: Rusia controlaba Crimea, casi toda Lugansk, buena parte de Donetsk y extensas franjas de Zaporiyia y Jersón, pero Ucrania había sobrevivido como Estado independiente y demostrado que podía derrotar al Ejército ruso en operaciones importantes.

2023: Bajmut y el fracaso de la gran contraofensiva ucraniana

Durante el invierno de 2022-2023 Rusia fortificó profundamente sus posiciones con trincheras, campos minados, obstáculos antitanque y líneas defensivas escalonadas. Al mismo tiempo, el Grupo Wagner encabezó la batalla por Bajmut, una ciudad de importancia estratégica limitada pero enorme valor simbólico. Después de aproximadamente nueve meses de combates y enormes pérdidas de ambos lados, Rusia declaró conquistada la ciudad en mayo de 2023.

Ucrania recibió entonces tanques Leopard, Challenger, vehículos Bradley, sistemas de artillería y grandes cantidades de municiones occidentales y lanzó en junio la contraofensiva que debía romper el frente ruso y avanzar hacia el mar de Azov. El objetivo estratégico era cortar el corredor terrestre entre Rusia y Crimea.

No funcionó. Las fuerzas ucranianas encontraron extensísimos campos minados, helicópteros, artillería, drones y defensas rusas mucho más resistentes de lo esperado. Ucrania recuperó algunas localidades, pero nunca consiguió una ruptura operacional. Cuando terminó 2023, la línea del frente había variado relativamente poco y la expectativa occidental de que Kyiv pudiera liberar rápidamente los territorios ocupados había desaparecido. Reuters considera precisamente ese fracaso el momento en que Rusia comenzó a recuperar la iniciativa militar.

Ese año también ocurrió uno de los episodios más extraordinarios del conflicto ruso. En junio, Yevgueni Prigozhin, jefe del Grupo Wagner, lanzó una rebelión contra la conducción militar de Moscú, ocupó instalaciones en Rostov del Don y envió columnas hacia la capital. El motín terminó en menos de 24 horas después de una negociación y Prigozhin murió dos meses después al estrellarse su avión.

2024: Rusia vuelve a avanzar y Ucrania lleva la guerra a territorio ruso

La caída de Avdiivka en febrero de 2024 marcó el comienzo de una nueva etapa de presión rusa sobre el Donbás. Moscú aprovechó su superioridad de hombres, municiones y bombas aéreas planeadoras mientras Ucrania atravesaba problemas de reclutamiento y retrasos en el suministro de armas occidentales. Rusia también abrió un nuevo ataque sobre el norte de la región de Járkiv durante mayo, obligando a Kyiv a trasladar tropas para evitar una penetración más profunda.

Ucrania respondió de una forma inesperada. El 6 de agosto de 2024, miles de soldados cruzaron la frontera rusa e ingresaron en la región de Kursk, en la mayor incursión militar extranjera dentro de Rusia desde la Segunda Guerra Mundial. Kyiv llegó a afirmar que controlaba más de 1.250 kilómetros cuadrados y 92 localidades. El objetivo era llevar la guerra al territorio ruso, capturar tropas para futuros intercambios, obligar a Moscú a retirar fuerzas del Donbás y conseguir una carta territorial para futuras negociaciones.

La operación sorprendió al Kremlin y provocó la evacuación de cerca de 200.000 civiles rusos, pero no consiguió detener el avance ruso en el este de Ucrania. Moscú comenzó posteriormente una contraofensiva y recibió una ayuda completamente nueva: tropas de Corea del Norte.

2025: Rusia recupera Kursk y la guerra se convierte definitivamente en desgaste

Durante los primeros meses de 2025, las posiciones ucranianas dentro de Kursk fueron reduciéndose hasta quedar prácticamente rodeadas. Rusia concentró tropas y contó con miles de soldados norcoreanos. En marzo, Ucrania terminó retirándose de gran parte del territorio que había ocupado.

La importancia del episodio fue ambigua. Ucrania demostró que Rusia era vulnerable y obligó a Moscú a dedicar importantes recursos a defender su propio territorio, pero no consiguió utilizar Kursk para detener la presión rusa sobre el Donbás. Para entonces, la guerra ya había cambiado profundamente: los drones comenzaron a dominar el campo de batalla, haciendo cada vez más peligroso concentrar grandes unidades, vehículos blindados o tropas cerca de la línea del frente.

Las líneas quedaron rodeadas por lo que los militares describen como una “zona de muerte” de varios kilómetros en la que drones de reconocimiento y drones FPV pueden detectar y atacar prácticamente cualquier movimiento. Como consecuencia, las grandes ofensivas mecanizadas de 2022 fueron sustituidas por pequeños grupos de infantería, infiltraciones, bombardeos y conquistas de unos pocos kilómetros. Reuters describe actualmente una línea de frente de aproximadamente 1.200 kilómetros, con extensas “zonas grises” donde ninguna de las partes controla completamente el territorio.

Rusia continuó avanzando, pero lentamente. A finales de 2025 controlaba aproximadamente el 19,2% del territorio internacionalmente reconocido de Ucrania, incluyendo Crimea y las zonas ocupadas desde 2014. Lo significativo es que esa proporción era apenas algo más de un punto porcentual superior a la que controlaba al final de 2022: tres años de guerra de desgaste permitieron a Moscú conseguir territorio, pero a un ritmo extraordinariamente lento.

2025 y 2026: Trump vuelve a la Casa Blanca y comienza otra batalla, la negociación

El regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos abrió una nueva etapa diplomática. Washington intentó llevar a Rusia y Ucrania hacia una negociación y se realizaron conversaciones en Estambul durante 2025 y posteriormente en Abu Dhabi y Ginebra durante 2026.

El principal obstáculo continúa siendo territorial. Rusia exige que Ucrania reconozca o entregue áreas cuya soberanía reclama Moscú, incluido el conjunto del Donbás. Kyiv se niega a aceptar como condición previa una retirada de territorios que todavía controla y reclama garantías de seguridad capaces de evitar una nueva invasión. En enero de 2026 las partes discutieron directamente la cuestión territorial en Abu Dhabi, pero no apareció ningún indicio de compromiso.

Las negociaciones quedaron después prácticamente congeladas, en parte por otros conflictos internacionales. En julio, el Kremlin reconocía que no existían perspectivas inmediatas de reanudarlas y, aunque aseguró que sigue dispuesto a negociar, también anunció que continuaría buscando sus objetivos por medios militares mientras no exista un acuerdo aceptable.

Zelenski incluso propuso en junio reunirse directamente con Putin y establecer un alto el fuego durante las negociaciones. El Kremlin recibió la propuesta, pero hasta ahora no se produjo una cumbre que permita desbloquear el conflicto.

Corea del Norte convirtió la guerra en un conflicto todavía más internacional

La participación norcoreana dejó de limitarse a vender municiones. Según información reunida por Reuters, Pyongyang envió aproximadamente 14.000 a 15.000 soldados a Rusia desde 2024, principalmente para combatir en Kursk. En 2025 Moscú reconoció públicamente por primera vez la participación de tropas norcoreanas.

Corea del Norte también suministró millones de proyectiles de artillería y misiles balísticos. En agosto de 2026, inteligencia ucraniana informó que una unidad norcoreana de misiles estaba desplegándose en la región rusa de Vorónezh con hasta 120 misiles y seis lanzadores. Pyongyang se convirtió así en uno de los principales sostenes materiales de la capacidad rusa para mantener una guerra prolongada.

Del lado ucraniano, Estados Unidos y Europa continúan proporcionando armamento, inteligencia, financiación y entrenamiento, aunque con fluctuaciones importantes. La OTAN mantiene programas plurianuales de ayuda y la Unión Europea acaba de destinar otros 1.400 millones de euros procedentes de los intereses generados por activos rusos congelados al apoyo de Ucrania.

Cómo está el frente hoy

A 8 de agosto de 2026, ninguno de los dos ejércitos parece capaz de conseguir una victoria militar rápida. Rusia mantiene aproximadamente una quinta parte de Ucrania y conserva una ventaja en población, producción de armamento y capacidad para sostener una guerra prolongada, pero sus avances territoriales durante 2026 han sido lentos. Reuters señala que las fuerzas rusas han tenido dificultades para progresar significativamente a lo largo del frente debido a la densidad de drones ucranianos.

Uno de los principales focos está en Donetsk, alrededor del denominado cinturón de fortalezas ucranianas. Rusia lleva meses presionando sobre Kostiantynivka y otras posiciones que protegen el corazón de la defensa ucraniana en el Donbás. Moscú ha anunciado conquistas que Kyiv niega y la extrema fragmentación del frente hace especialmente difícil determinar quién controla algunos sectores.

Ucrania tampoco está únicamente a la defensiva. El entonces comandante Oleksandr Syrskyi afirmó en julio que las fuerzas ucranianas habían recuperado alrededor de 700 kilómetros cuadrados durante 2026, aunque esa cifra procede del propio mando ucraniano y no puede interpretarse como una evaluación independiente de todo el frente.

La otra guerra se desarrolla cientos de kilómetros detrás de las trincheras. Ucrania ataca refinerías, depósitos petroleros, instalaciones militares, bases aéreas y objetivos logísticos dentro de Rusia mediante drones de largo alcance. Rusia responde con campañas cada vez mayores de drones y misiles contra ciudades, infraestructura eléctrica, puertos y objetivos militares ucranianos. El Mar Negro también volvió a convertirse en un espacio de ataques contra buques, terminales y puertos, con consecuencias para las exportaciones mundiales de granos y petróleo.

La gran debilidad actual de Ucrania: la defensa aérea

Uno de los problemas más graves para Kyiv en este momento es la falta de interceptores antiaéreos. Zelenski afirmó que durante 2026 Ucrania recibió apenas alrededor de un tercio de los misiles interceptores que había recibido en 2025, particularmente municiones para los sistemas Patriot estadounidenses.

La consecuencia ya puede verse. El 1 de agosto, Rusia lanzó 35 misiles y 185 drones contra Ucrania y solamente uno de los 27 misiles balísticos habría sido interceptado. Zelenski atribuyó directamente el resultado a la falta de misiles Patriot.

Este sábado 8 de agosto Rusia volvió a lanzar una importante ofensiva aérea: seis misiles balísticos y 151 drones, según Ucrania. Un ataque cerca de Kyiv mató a un niño de tres años y a sus abuelos, mientras otra persona murió en la capital. En respuesta, Ucrania atacó las refinerías rusas de Ilsky y Syzran.

El costo humano

Las cifras militares de muertos son uno de los datos más difíciles de establecer porque Rusia y Ucrania mantienen información reservada y cada parte tiene incentivos para exagerar las pérdidas del adversario y minimizar las propias. Por eso cualquier número total de soldados muertos debe considerarse necesariamente aproximado.

Las víctimas civiles están mejor documentadas, aunque también existe un importante subregistro en zonas ocupadas o donde no pudo acceder Naciones Unidas. Hasta finales de junio de 2026, la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos había verificado al menos 16.431 civiles muertos y 48.613 heridos desde el comienzo de la invasión a gran escala, incluidos 803 niños muertos. La ONU aclara que las cifras reales son considerablemente superiores.

Y la situación está empeorando en lugar de mejorar. 2025 fue el año más mortal para la población civil desde 2022, con 2.514 muertos y 12.142 heridos verificados. En junio de 2026 se registraron 293 muertos y 1.990 heridos, el total mensual de víctimas civiles más elevado desde abril de 2022.

¿Quién está ganando?

Si la pregunta es estrictamente territorial, Rusia tiene actualmente la ventaja: controla aproximadamente una quinta parte de Ucrania, posee Crimea, mantiene el corredor terrestre hacia la península y conserva importantes zonas del Donbás y del sur.

Pero si se compara ese resultado con los objetivos originales de febrero de 2022, el balance es mucho menos favorable para Moscú. Rusia no tomó Kyiv, no derrocó al gobierno ucraniano, no consiguió someter al conjunto del país y provocó una expansión de la OTAN que llevó a Finlandia y Suecia a abandonar décadas de neutralidad.

Ucrania, por su parte, consiguió sobrevivir como Estado, expulsar a Rusia del norte, recuperar Járkiv y Jersón y mantener abierta su salida al Mar Negro. Pero tampoco alcanzó su objetivo declarado de recuperar todas las fronteras internacionalmente reconocidas, incluida Crimea. La contraofensiva de 2023 fracasó y desde finales de ese año Kyiv ha debido combatir fundamentalmente para contener la presión rusa.

Por eso la forma más precisa de describir la situación actual es ésta: Rusia está en una posición militar algo más favorable, pero ninguna de las partes está cerca de conseguir sus objetivos máximos.

Hacia dónde puede ir la guerra

Después de cuatro años y medio, la guerra se convirtió en una competencia de resistencia. Rusia apuesta a que su mayor población, capacidad industrial y producción de municiones le permitan desgastar al Ejército ucraniano y reducir gradualmente el apoyo occidental. Ucrania apuesta a que los drones, los ataques en profundidad, las defensas fortificadas y el apoyo europeo le permitan elevar suficientemente el costo de la guerra como para obligar a Moscú a negociar en condiciones menos favorables.

El escenario más probable a corto plazo no parece ser ni una victoria rusa total ni una reconquista ucraniana de Crimea. Es una continuación de la guerra de desgaste, con avances territoriales pequeños, enormes ataques de drones y misiles y negociaciones intermitentes que hasta ahora chocan con el mismo obstáculo: territorio y garantías de seguridad.

La guerra comenzó en 2014 alrededor de Crimea y el Donbás, se convirtió en una invasión total en 2022 y, en agosto de 2026, sigue sin una solución militar ni diplomática cercana. Rusia posee más territorio que antes de la invasión, pero está muy lejos de haber conquistado Ucrania; Ucrania consiguió evitar su derrota, pero tampoco dispone hoy de la fuerza suficiente para expulsar por sí sola a Rusia de todo el territorio ocupado.

El resultado final probablemente no dependa solamente de lo que ocurra en las trincheras, sino de tres factores: cuánto tiempo Rusia pueda sostener el esfuerzo de guerra, cuánto apoyo militar continúen proporcionando Estados Unidos y Europa y si alguna de las partes llega a considerar que negociar resulta menos costoso que seguir combatiendo.

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