
Se perdieron 30.633 empresas empleadoras desde noviembre de 2023 y la caída alcanzó a todo el país
Alejandro CabreraLa cantidad de empresas empleadoras registradas en la Argentina volvió a disminuir durante mayo y acumuló una pérdida neta de 30.633 firmas desde noviembre de 2023. El retroceso se extendió a todas las provincias durante el último mes analizado y profundizó una tendencia que ya lleva más de dos años, en un escenario marcado por la caída del consumo, el encarecimiento del financiamiento y las dificultades que enfrentan distintos sectores productivos.
Según el Monitor Mensual de Empresas elaborado por Fundar sobre la base de los registros del Sistema Integrado Previsional Argentino, en mayo había 481.724 empleadores activos. En noviembre de 2023, el universo alcanzaba las 512.357 empresas, por lo que la reducción acumulada fue del 6% en los primeros 30 meses de la actual administración nacional.
El dato representa una disminución en el stock de empleadores registrados y no implica necesariamente que las 30.633 firmas hayan quebrado. Dentro de esa variación pueden coexistir cierres definitivos, empresas que dejaron de tener personal formal, fusiones, reorganizaciones y empleadores que interrumpieron su actividad. Sin embargo, la persistencia y la extensión territorial del retroceso muestran un deterioro que excede las variaciones habituales de un solo mes.
Dieciséis meses consecutivos de caída
Durante mayo se registraron 2.371 empresas menos que en abril, una baja mensual del 0,49%. Fue el decimosexto mes consecutivo con una variación negativa respecto del período inmediatamente anterior, una secuencia que refleja la dificultad para recomponer la base empresarial después del impacto inicial de la recesión.
La comparación interanual también arrojó un resultado desfavorable. Frente a mayo de 2025 se perdieron 16.560 empleadores, equivalentes a una contracción del 3,3%. De esta manera, el registro completó 27 meses consecutivos de caída interanual, sin señales todavía de una recuperación sostenida en la cantidad de unidades productivas que declaran trabajadores.
La magnitud del descenso adquiere mayor relevancia cuando se la compara con otros momentos. El máximo histórico de la serie se había alcanzado en febrero de 2012, con 540.282 empleadores registrados. Desde entonces hubo períodos de recuperación y estancamiento, pero el nivel actual permanece considerablemente por debajo de aquel techo.
El retroceso empresarial no se distribuye de manera uniforme. Las pequeñas y medianas compañías suelen ser las más expuestas ante la reducción de las ventas, los aumentos de tarifas, alquileres y servicios, la presión financiera y la menor disponibilidad de crédito. También tienen menos margen para sostener estructuras de costos durante períodos prolongados de baja actividad.
Los sectores que sufrieron las mayores pérdidas
En mayo, 15 de las 18 ramas de actividad relevadas redujeron su cantidad de empleadores. Los alojamientos y servicios de comida presentaron una caída mensual del 1,4%, equivalente a 341 empresas. La industria manufacturera perdió 403 empleadores, con una baja del 0,9%, mientras que transporte y almacenamiento retrocedió un 0,6%, con 210 firmas menos.
Si se toma como punto de partida noviembre de 2023, transporte y almacenamiento aparece como el sector con la mayor contracción proporcional: perdió 6.733 empleadores, un 17,05% de su base. La reducción puede vincularse con la menor circulación de mercaderías, el encarecimiento de los combustibles y los repuestos, y la caída de la actividad en áreas que dependen de la logística.
Las actividades inmobiliarias registraron 4.098 empleadores menos, lo que representa una baja acumulada del 13,81%. La construcción, por su parte, perdió 2.033 empresas, equivalentes a una reducción del 9,34%. En este último caso, la paralización de obras públicas, la incertidumbre sobre los costos privados y el menor dinamismo de algunos mercados regionales tuvieron un peso significativo.
La industria manufacturera constituye uno de los indicadores que más preocupan por su capacidad para generar empleos directos e indirectos. La desaparición de una empresa industrial no afecta únicamente a sus trabajadores: también repercute sobre proveedores, transportistas, comercios y servicios que forman parte de la misma cadena productiva.
Una caída que se extendió a todas las provincias
El deterioro de mayo tuvo alcance nacional. Las 24 jurisdicciones registraron una disminución mensual en la cantidad de empresas empleadoras. En la comparación interanual, 23 de las 24 provincias presentaron resultados negativos y Neuquén fue la única excepción, con una mejora leve asociada al dinamismo energético de Vaca Muerta.
La extensión geográfica del fenómeno muestra que el problema no se limita a los grandes centros urbanos o industriales. En las provincias con menor densidad empresarial, el cierre o la reducción de una firma puede tener un impacto proporcionalmente mayor porque existen menos alternativas laborales y productivas disponibles.
Las economías regionales también enfrentan dificultades específicas. A los costos nacionales se suman las distancias, la logística, los problemas de infraestructura, la dependencia de determinados productos y la exposición a cambios climáticos o a variaciones de los precios internacionales.
La pérdida de empresas puede anticipar efectos sobre el empleo formal. Cuando una compañía cierra o deja de contratar trabajadores registrados, parte de su personal puede pasar al desempleo, la informalidad o actividades independientes de ingresos más inestables. Por esa razón, la evolución del número de empleadores es considerada un indicador temprano de la capacidad de la economía para sostener puestos de trabajo de calidad.
El desafío de transformar la estabilidad en recuperación
El Gobierno sostiene que el ordenamiento de las cuentas públicas, la desaceleración de la inflación y la eliminación de regulaciones generarán condiciones para una recuperación de la inversión. Sin embargo, los datos empresariales muestran que la estabilización macroeconómica todavía no se tradujo de manera generalizada en una expansión del tejido productivo.
Para revertir la tendencia será necesario que la recuperación alcance al consumo, la industria, la construcción y las pequeñas empresas. También resultarán determinantes la evolución de las tasas de interés, el acceso al financiamiento, la presión tributaria, el costo de los servicios y la demanda interna.
El próximo informe permitirá determinar si mayo fue otro escalón dentro de una caída prolongada o si comienzan a aparecer señales de estabilización. Hasta el momento, el balance muestra menos empresas empleadoras que a fines de 2023, una retracción en la mayoría de los sectores y un deterioro que ya atraviesa prácticamente todo el mapa productivo argentino.


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