
La AfD arrasó en Sajonia-Anhalt y quedó a sólo tres bancas de gobernar por primera vez en Alemania
Alejandro CabreraPara entender por qué lo ocurrido este domingo 6 de septiembre en Sajonia-Anhalt está generando semejante conmoción en Alemania hay que empezar por despejar una confusión importante: la AfD no ganó una elección nacional ni Friedrich Merz perdió la Cancillería. Lo que se eligió fue el Landtag, el parlamento regional de Sajonia-Anhalt, uno de los 16 estados que integran la República Federal Alemana. Sin embargo, el resultado tiene una dimensión histórica porque Alternative für Deutschland no solamente terminó primera, sino que obtuvo casi el 44% de los votos y quedó extraordinariamente cerca de controlar por sí sola una institución regional alemana. Nunca una fuerza situada en la extrema derecha había conseguido una proporción semejante en una elección estatal de la Alemania de posguerra.
El resultado provisional definitivo coloca a la AfD en el 43,79% de los segundos votos, los que determinan fundamentalmente la representación partidaria, frente a apenas alrededor del 17,2% de la CDU. En 2021 la relación era prácticamente inversa: la democracia cristiana había ganado con el 37,1% y la AfD había quedado segunda con el 20,8%. En apenas cinco años, por lo tanto, la formación de derecha radical más que duplicó su porcentaje mientras que el partido conservador perdió aproximadamente veinte puntos. SPD obtuvo 9,3%, Los Verdes 8,9%, Die Linke 8,6%, la alianza BSW de Sahra Wagenknecht 5,3% y el FDP quedó afuera del Parlamento con apenas 2,6%.
Hay un segundo dato todavía más gráfico. Sajonia-Anhalt está dividido en 41 distritos electorales y cada votante dispone de dos votos: con el primero selecciona directamente a un candidato de su circunscripción y con el segundo elige una lista partidaria, que termina definiendo de manera proporcional la composición global del Parlamento. En 2021, la CDU había ganado 40 de los 41 mandatos directos y la AfD apenas uno. Este domingo ocurrió prácticamente lo contrario: la AfD se impuso en 38 de los 41 distritos, mientras que los otros tres quedaron en manos de Die Linke y la CDU no ganó ninguno. No fue, entonces, simplemente un crecimiento porcentual general: se produjo un vuelco territorial prácticamente completo del estado.
También resulta importante la participación. Aproximadamente el 77,8% del electorado fue a votar, frente al 60,3% de 2021. Eso dificulta explicar la victoria de la AfD simplemente por la desmovilización de los electores de los partidos tradicionales. Hubo una movilización extraordinariamente elevada y una parte importante de esos nuevos votantes se volcó hacia la formación de Ulrich Siegmund. Sajonia-Anhalt tiene alrededor de 2,12 millones de habitantes, está ubicada en el este del país, formó parte de la antigua República Democrática Alemana y tiene como capital a Magdeburgo. Es un estado relativamente pequeño dentro de Alemania, pero precisamente por eso se convirtió ahora en un gigantesco laboratorio político.
Qué ganó realmente la AfD y por qué todavía no significa que vaya a gobernar
El nuevo Landtag tendrá 83 diputados. La AfD consiguió 39; la CDU, 15; SPD, Verdes y Die Linke tendrán ocho cada uno y el BSW cinco. La mayoría absoluta está, por lo tanto, en 42 bancas. El partido de Siegmund quedó a sólo tres. Esa diferencia es fundamental: ganó ampliamente las elecciones pero no obtuvo la mayoría necesaria para elegir automáticamente al ministro presidente y controlar el Ejecutivo regional. En el sistema alemán los ciudadanos no eligen directamente al jefe del gobierno del Land. Eligen el Parlamento y después son los diputados quienes designan al ministro presidente.
Hasta ahora la AfD había conseguido victorias electorales importantes sin lograr convertirlas en poder ejecutivo. El precedente fundamental es Turingia. En septiembre de 2024, la AfD liderada allí por Björn Höcke obtuvo el 32,8% y terminó primera en las elecciones regionales, un acontecimiento ya histórico porque fue la primera vez desde la Segunda Guerra Mundial que una formación de extrema derecha quedaba en el primer lugar de una elección estatal alemana. Sin embargo, CDU, BSW y SPD terminaron construyendo una alternativa que permitió aislarla. En Sajonia, también en 2024, quedó muy cerca de la CDU, con 30,6% frente a 31,9%, mientras que en Brandeburgo alcanzó el 29,2% pero fue superada por los socialdemócratas.
Sajonia-Anhalt representa otro escalón. No es la primera elección regional que gana la AfD, pero sí la victoria más contundente conseguida por la derecha radical alemana desde el final del nazismo, con una diferencia enorme respecto del segundo y rozando la mayoría absoluta. Esa es la precisión necesaria para interpretar correctamente la frase de Le Grand Continent de que “la AfD ha hecho historia”. Lo novedoso no es simplemente haber terminado primera, algo que ya había sucedido en Turingia, sino haber alcanzado casi el 44%, conquistar 38 de los 41 distritos y quedar en condiciones reales de intentar formar el primer gobierno regional encabezado por la AfD.
La clave inmediata ahora se llama BSW, Bündnis Sahra Wagenknecht. La organización nació en 2024 como una ruptura de Die Linke y mezcla posiciones económicas tradicionalmente asociadas a la izquierda con una política restrictiva respecto de la inmigración, críticas al establishment alemán y una postura mucho más favorable a restablecer relaciones con Rusia. AfD y BSW están ideológicamente alejados en numerosas cuestiones económicas y sociales, pero coinciden en pedir el final del apoyo militar alemán a Ucrania, cuestionar las sanciones contra Moscú y endurecer la política migratoria. Sus cinco diputados, sumados a los 39 de la AfD, alcanzarían 44 bancas: dos por encima de la mayoría absoluta.
El BSW no anunció una coalición, pero su principal candidato regional, Thomas Schulze, dijo que está dispuesto a conversar con todos los partidos, incluida la AfD, y sostuvo que corresponde a Siegmund intentar formar gobierno porque ganó las elecciones. Esto rompe parcialmente el llamado Brandmauer, el “muro cortafuegos” mediante el cual CDU, SPD, Verdes, liberales y la izquierda tradicional se han negado durante años a formar gobiernos con la AfD. Friedrich Merz reafirmó este lunes que la CDU no colaborará con ella, pero reconoció que la derrota había sacudido a su partido “hasta sus cimientos”.
La aritmética ofrece una paradoja extraordinaria. Para impedir un Ejecutivo encabezado por Siegmund, las otras fuerzas disponen juntas de 44 diputados, pero eso exigiría algún tipo de entendimiento entre CDU, socialdemócratas, verdes, Die Linke y BSW, partidos con diferencias profundas y, en algunos casos, incompatibilidades históricas. La Constitución regional complica todavía más el escenario: en las primeras instancias para elegir ministro presidente se exige una mayoría amplia, pero en una eventual tercera votación las reglas permiten que la mayoría de los votos emitidos termine siendo decisiva. Por eso las abstenciones, negociaciones individuales y acuerdos parlamentarios pueden convertirse en elementos tan relevantes como una coalición formal. La victoria de la AfD está definida; quién gobernará Sajonia-Anhalt todavía no.
Por qué Sajonia-Anhalt puede convertirse en un punto de inflexión para toda Alemania
La historia de la AfD ayuda a dimensionar el cambio. Alternative für Deutschland nació en 2013 fundamentalmente como un partido euroescéptico, crítico de los rescates financieros europeos y de la política económica de Angela Merkel. La crisis migratoria de 2015 modificó profundamente su identidad y su electorado: el eje fue desplazándose desde el rechazo al euro hacia inmigración, identidad nacional, islam, seguridad y crítica a las instituciones políticas tradicionales. Con el paso de los años, los sectores más radicalizados fueron ganando peso, especialmente en los estados de la antigua Alemania Oriental.
Ese crecimiento ya había quedado demostrado a escala nacional. En las elecciones federales de febrero de 2025, la AfD obtuvo 20,8% de los segundos votos y más de diez millones de sufragios, duplicó prácticamente su desempeño anterior y se convirtió en la segunda fuerza de Alemania, detrás de la CDU/CSU. Aquella elección no le permitió entrar al gobierno porque los demás partidos mantuvieron el cordón sanitario, pero confirmó que había dejado de ser una fuerza de protesta regional para convertirse en una de las dos mayores organizaciones electorales del país. El 44% de Sajonia-Anhalt representa ahora la versión más extrema de esa tendencia.
¿Por qué especialmente en el este? No existe una única explicación. Más de tres décadas después de la reunificación persisten diferencias económicas, demográficas y culturales entre los territorios de la antigua RDA y Alemania occidental. Muchos estados orientales sufrieron durante décadas pérdida de población joven, cierre de industrias, menores salarios y una percepción persistente de haber quedado relegados por las élites políticas occidentales. Sobre ese terreno se agregaron la inmigración, el encarecimiento energético, el rechazo a determinadas políticas climáticas y una relación histórica con Rusia muy distinta de la existente en buena parte del oeste alemán. En Sajonia-Anhalt, el descontento con el gobierno federal de Merz era enorme durante la campaña y Reuters registró que el 87% de los consultados se declaraba insatisfecho con la conducción nacional.
La cuestión rusa es particularmente importante. Para una parte de la población de la antigua Alemania Oriental, Rusia no posee exactamente el mismo significado histórico y cultural que para Polonia, los países bálticos o incluso Alemania occidental. La AfD ha explotado esa diferencia defendiendo la reanudación de relaciones económicas con Moscú, criticando las sanciones y proponiendo terminar con el apoyo alemán a Ucrania. El BSW mantiene posiciones similares, aunque desde una tradición política completamente distinta. La elección se produjo además mientras Merz sostiene una política de aumento del gasto militar y fortalecimiento de la OTAN frente a Rusia, por lo que Sajonia-Anhalt funcionó parcialmente como un plebiscito sobre esa estrategia.
Pero el programa regional de la AfD va mucho más lejos que Ucrania. Su plataforma “Vision 2026” plantea acelerar deportaciones y crear estructuras especiales para ejecutarlas, endurecer las políticas de asilo, desalentar la utilización de inmigrantes extracomunitarios para cubrir puestos de trabajo y modificar profundamente la política educativa y cultural. Propone clases separadas para determinados niños refugiados, restringir símbolos vinculados al movimiento LGBT en escuelas, reforzar contenidos históricos y patrióticos, limitar determinadas expresiones islámicas y modificar el financiamiento de instituciones culturales y de la radiodifusión pública.
Esto explica también por qué la clasificación de “extrema derecha” no es solamente una etiqueta utilizada por sus adversarios. Desde noviembre de 2023, el servicio de protección constitucional de Sajonia-Anhalt considera oficialmente al capítulo regional de la AfD como una “aspiración de extrema derecha confirmada”. La oficina sostiene que existen elementos de su programa y de las declaraciones de dirigentes que chocan con principios de la Constitución alemana, particularmente con la concepción de ciudadanía, la dignidad humana y el orden democrático liberal. La propia AfD rechaza esa clasificación, sostiene que se utiliza políticamente para excluirla y argumenta que millones de electores han legitimado democráticamente sus propuestas.
En ese escenario aparece Ulrich Siegmund. Tiene 35 años, llegó al Parlamento regional en 2016 y construyó deliberadamente una imagen mucho menos estridente que otros dirigentes de la formación. Mientras Björn Höcke, referente de Turingia, se convirtió en símbolo del ala más radical, Siegmund desarrolló una comunicación más amable, profesionalizó intensamente sus redes sociales y acumuló cientos de miles de seguidores. Le Grand Continent describe precisamente esa combinación: una presentación pública moderada y accesible alrededor de un programa ideológicamente mucho más duro. Reuters señaló durante la campaña que su éxito reside justamente en lograr presentar posiciones radicales mediante un lenguaje cotidiano y una estética alejada de la extrema derecha tradicional.
La importancia de un eventual gobierno de la AfD tampoco sería únicamente simbólica. Alemania es una federación y sus estados disponen de competencias importantes en educación, policía, seguridad interior, cultura y administración pública. Además, sus gobiernos están representados en el Bundesrat, la cámara que participa en buena parte de la legislación federal. Sajonia-Anhalt no podría decidir por sí sola abandonar el euro, terminar la ayuda alemana a Ucrania o modificar la política exterior nacional, pero un Ejecutivo conducido por la AfD le permitiría por primera vez demostrar cómo gobierna realmente, colocar funcionarios, ejecutar políticas públicas y participar institucionalmente en el Bundesrat.
Por eso el resultado es mucho más importante que el peso demográfico de un estado de poco más de dos millones de habitantes. Durante años, el interrogante alemán fue si la AfD podía seguir creciendo pese a permanecer aislada. Después fue si podía ganar una elección regional. Turingia respondió afirmativamente en 2024. Ahora Sajonia-Anhalt plantea una pregunta más profunda: si un partido puede acercarse al 45% durante suficiente tiempo, ¿puede el resto del sistema continuar excluyéndolo indefinidamente sin terminar construyendo coaliciones cada vez más difíciles de explicar a sus propios votantes?
Ese es el verdadero “laboratorio” que comienza después del triunfo. La AfD todavía no gobierna Sajonia-Anhalt y es incorrecto presentar la elección como una llegada de la extrema derecha al poder en Alemania. Pero también sería un error reducirla a una elección provincial menor. Pasó del 20,8% al 43,8% en cinco años, ganó casi todos los distritos electorales, dejó a la histórica CDU en apenas 17%, quedó a tres diputados de la mayoría y consiguió hacerlo con una participación extraordinariamente alta. El desafío para Merz y para el sistema político alemán ya no consiste solamente en contener a una fuerza de protesta: consiste en decidir qué hacer con un partido que, al menos en una parte del país, está empezando a comportarse electoralmente como una fuerza mayoritaria.
La formación del gobierno puede cambiar muy rápido en los próximos días. Puedo seguirla y avisarte si la AfD logra un acuerdo con el BSW, si aparece otra mayoría para bloquear a Siegmund o si se abre una crisis nacional dentro de la CDU.


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