
MV Hondius: la odisea del hantavirus entra en su fase decisiva con un desembarco blindado en Tenerife
Alejandro CabreraEl caso del MV Hondius entró en su momento más delicado desde que el brote de hantavirus fue detectado en plena travesía por el Atlántico. El crucero de expedición, que había zarpado de Ushuaia el 1 de abril bajo el nombre comercial de “Odisea del Atlántico”, se acerca a Tenerife después de más de 40 días de viaje, tres muertes vinculadas al brote, ocho casos bajo seguimiento y una red internacional de contactos que obliga a coordinar a autoridades sanitarias de Europa, África, América y organismos globales.
El barco no era un crucero convencional de turismo masivo. Era un buque de expedición polar operado por Oceanwide, pensado para viajeros de alto poder adquisitivo interesados en fauna, aves, islas remotas y paisajes extremos. A bordo viajaban fotógrafos, observadores de naturaleza, aventureros, turistas especializados y también creadores de contenido que documentaban la travesía. La experiencia, que prometía albatros, pingüinos, petreles, charlas científicas y desembarcos en lugares casi inaccesibles, terminó convertida en una emergencia sanitaria flotante.
La primera señal de alarma apareció pocos días después de la salida. Entre el 4 y el 6 de abril, un pasajero neerlandés de 70 años empezó con fiebre, diarrea y dolor de cabeza. Al principio, esos síntomas no necesariamente parecían anticipar una crisis. En un viaje largo, con navegación difícil, cambios de clima y zonas remotas, un cuadro gastrointestinal o febril podía confundirse con una enfermedad común. Pero el 11 de abril el hombre murió a bordo y la incertidumbre empezó a crecer.
El cuerpo del pasajero fue conservado en la cámara frigorífica del barco durante semanas, mientras su esposa, también neerlandesa, quedó prácticamente recluida en el camarote. El médico y su asistente la asistieron durante ese período. Ese dato hoy resulta clave porque el médico terminaría siendo evacuado en estado grave con hantavirus confirmado, lo que reforzó la hipótesis de transmisión por contacto estrecho.
La cepa Andes y una crisis que salió del barco
La preocupación internacional se explica por la variante detectada: la cepa Andes del hantavirus. A diferencia de otros hantavirus, que se transmiten principalmente por contacto con secreciones de roedores infectados, esta variante tiene antecedentes de transmisión entre personas en contextos de contacto estrecho y prolongado. No se comporta como el coronavirus ni tiene una capacidad de contagio masivo comparable, pero obliga a un rastreo más cuidadoso de convivientes, cuidadores, personal sanitario y personas que asistieron a enfermos.
La investigación sanitaria ya no se concentra únicamente en quienes siguen dentro del barco. Hay tres focos principales. El primero es el grupo que permanece a bordo y que llegará a Canarias bajo supervisión estricta. El segundo son unas 30 personas que desembarcaron en la isla de Santa Elena entre el 21 y el 24 de abril, antes de que se conociera formalmente la magnitud del brote. El tercero son los pasajeros de vuelos comerciales en los que estuvo una mujer neerlandesa enferma antes de morir en Johannesburgo.
La mujer era la esposa del pasajero fallecido en el barco. Estaba enferma cuando dejó el MV Hondius y tomó un vuelo de Airlink entre Santa Elena y Johannesburgo, con 88 personas a bordo. Esa lista de pasajeros está siendo rastreada por las autoridades sudafricanas y por distintos países cuyos ciudadanos viajaron en ese avión. Francia identificó a ocho ciudadanos, Singapur mantiene aislados a dos hombres de 65 y 67 años que además venían del barco, y otros países activaron vigilancia sobre personas que pudieron haber estado expuestas.
El segundo vuelo bajo investigación fue un KLM de Johannesburgo con destino a Ámsterdam. La pasajera llegó a embarcar, pero la tripulación, alarmada por su estado, la obligó a bajar antes del despegue. Estuvo alrededor de 45 minutos dentro del avión y murió ese mismo día en un hospital. Ese episodio abrió otra línea de rastreo, porque involucra a pasajeros, tripulantes y contactos en aeropuerto. Una azafata ingresó con síntomas, aunque su PCR dio negativo, y España vigila a personas que viajaron cerca de la mujer, entre ellas una pasajera en Alicante y otra en Cataluña que permanece asintomática bajo control hospitalario.
Hasta ahora, la OMS contabiliza ocho casos vinculados al barco, cinco confirmados por laboratorio, con tres fallecimientos. El dato que lleva algo de tranquilidad es que no se detectaron nuevos casos a bordo desde hace más de una semana y que las 151 personas que siguen en el crucero permanecen asintomáticas. Pero la dispersión previa de pasajeros y contactos obliga a mantener el operativo abierto.
Tenerife prepara un desembarco sin contacto civil
España asumió el rol central en la fase más delicada: recibir el barco y organizar el desembarco. El Gobierno español anunció que aislará todas las zonas implicadas en la operación para evitar cualquier contacto con la población civil. La llegada del MV Hondius al puerto de Granadilla, en Tenerife, está prevista para la madrugada del domingo, entre las 4 y las 6 hora canaria.
El operativo será inédito por escala y complejidad. El barco permanecerá fondeado dentro de la dársena, asistido por un remolcador, y no tendrá un desembarco común. Las zonas por las que transiten pasajeros, personal sanitario y equipos operativos estarán aisladas. Mientras el buque esté en la zona, quedará prohibida la navegación de cualquier embarcación a una milla de distancia.
Todos los implicados en el operativo utilizarán mascarillas FFP2. Los pasajeros serán evaluados de manera exhaustiva para confirmar que siguen asintomáticos y luego bajarán de forma escalonada y ordenada por países. Según el esquema previsto, los españoles serán los primeros en desembarcar. Después se avanzará con el resto de nacionalidades según la disponibilidad de aviones y los protocolos de cada Estado.
Una parte del desembarco se hará en zódiacs, en grupos reducidos, para evitar movimientos masivos. La idea es que cada grupo baje cuando ya esté listo el avión que debe llevarlo a destino. Los extranjeros serán repatriados directamente a sus países, mientras que los 14 españoles serán trasladados primero al aeropuerto de Tenerife Sur, luego a Torrejón de Ardoz y finalmente al Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, en Madrid, donde cumplirán cuarentena.
La duración exacta de la cuarentena dependerá de la investigación epidemiológica, porque las autoridades todavía deben precisar cuál fue el último contacto de riesgo con casos positivos. El máximo previsto es de 45 días. Esa ventana responde al período de incubación posible del hantavirus y al objetivo de detectar cualquier síntoma antes de liberar definitivamente a los viajeros.
El cuerpo de una de las personas fallecidas que sigue a bordo no será desembarcado en Canarias. Permanecerá en el barco, que luego continuará rumbo a Países Bajos con parte de la tripulación. Allí se realizará el proceso completo de desinfección y gestión del material restante. Para ese tramo final quedarán unos 30 tripulantes a bordo.
Una investigación global para cerrar el círculo
La carrera internacional ahora consiste en reconstruir contactos. Las autoridades buscan ubicar a todos los pasajeros que bajaron en Santa Elena, a quienes compartieron vuelos con personas enfermas y a quienes pudieron haber tenido contacto estrecho con casos confirmados o sospechosos. La dificultad es que muchos se movieron durante más de dos semanas por distintos países antes de que la alerta sanitaria llegara con claridad.
Reino Unido ya localizó a sus ciudadanos que habían desembarcado en Santa Elena. Algunos permanecen en aislamiento, otros siguen en la isla y otro fue contactado en un tercer país. Suiza confirmó un caso fuera del barco: un hombre que había bajado en Santa Elena, regresó con su esposa y comenzó con síntomas en Zúrich. Dio positivo para la cepa Andes y permanece ingresado en el Hospital Universitario de Zúrich. Su esposa, sin síntomas, está aislada por prevención.
En Santa Elena, las autoridades pidieron a un pequeño grupo de contactos de mayor riesgo que se aísle durante 45 días. La OMS notificó a los países cuyos ciudadanos desembarcaron antes de que se declarara la crisis. Cada país debe rastrear, contactar y monitorear a sus propios ciudadanos, en una operación que muestra cómo una enfermedad poco frecuente puede convertirse en un desafío global cuando aparece en un viaje internacional con múltiples escalas.
La hipótesis inicial de que el virus pudiera estar vinculado a roedores dentro del barco perdió fuerza. Desde la OMS indicaron que no hay roedores a bordo, por lo que la principal línea de investigación apunta a que la infección inicial ocurrió antes del embarque, probablemente durante el recorrido previo de los casos iniciales por Sudamérica. La pareja neerlandesa había viajado por la región antes de abordar en Ushuaia, con pasos por Argentina, Chile y Uruguay.
Ese dato mantiene bajo observación al Cono Sur, especialmente porque la cepa Andes tiene circulación conocida en zonas de Argentina y Chile. Pero todavía no hay una respuesta cerrada sobre el lugar exacto del contagio inicial. Determinarlo será clave para saber si hubo una exposición común en tierra firme, transmisión posterior dentro del barco o una combinación de ambas cosas.
El relato desde adentro del MV Hondius deja una imagen inquietante. Pasajeros que habían embarcado para vivir una travesía exclusiva terminaron mirando desde sus camarotes cómo los reporteros fotografiaban el barco desde afuera. La aventura de naturaleza se transformó en aislamiento, incertidumbre médica, controles diarios y una espera larga frente a la costa, mientras la crisis crecía en titulares internacionales.
El caso también muestra una diferencia importante con la pandemia de coronavirus. El hantavirus no se transmite con la misma facilidad ni genera un riesgo generalizado para la población. Las autoridades españolas insisten en que el riesgo para la población civil de Tenerife es nulo si se cumplen los protocolos. Pero la cepa Andes exige prudencia porque puede transmitirse entre personas en contactos estrechos y porque los síntomas pueden aparecer después de varias semanas.
La prioridad sanitaria es clara: desembarcar sin contacto civil, repatriar por grupos, aislar a quienes corresponda, seguir a los contactos de vuelos y pasajeros dispersos, y determinar el origen del brote. Hasta que esa cadena esté completamente reconstruida, la crisis del MV Hondius seguirá abierta.
La “Odisea del Atlántico” empezó como un viaje de aventura por algunos de los lugares más remotos del planeta. Termina como una operación sanitaria internacional que involucra a 23 países, a la OMS, a España, a hospitales europeos, a vuelos comerciales y a pasajeros que hoy son parte de un rastreo global.
El barco está por llegar a Tenerife, pero la historia no termina con el desembarco.
Empieza la etapa más difícil: cerrar el círculo del contagio.


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