
El Niño ya está en marcha: América Latina se prepara para sequías, inundaciones y calor extremo
Alejandro CabreraLa Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos confirmó el 9 de julio que las condiciones oceánicas y atmosféricas son consistentes con El Niño. El organismo calcula una probabilidad del 97% de que continúe hasta comienzos de 2027 y un 81% de posibilidades de que alcance una intensidad muy fuerte entre octubre y diciembre.
La Organización Meteorológica Mundial también anticipa un evento fuerte. Sus modelos proyectan anomalías superiores a los 2 °C en sectores centrales del Pacífico durante el trimestre julio-septiembre y advierten sobre un aumento de las probabilidades de sequías, precipitaciones extremas, olas de calor terrestres y calentamiento marino.
El impacto, sin embargo, no será igual en todo el continente.
Mientras la costa del Pacífico de Ecuador y Perú puede enfrentar lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos, partes de Colombia, Brasil, América Central, el Caribe y la cuenca amazónica podrían sufrir reducción de precipitaciones, escasez de agua, incendios y problemas en la generación hidroeléctrica.
Qué es El Niño y por qué altera el clima
El Niño es la fase cálida de un sistema natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur.
Se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental se vuelven más cálidas de lo normal y se debilitan los vientos alisios que habitualmente empujan el agua cálida hacia el oeste.
Ese cambio modifica la circulación de la atmósfera y desplaza las zonas donde se forman nubes, tormentas y lluvias.
No significa que todos los países sufrirán el mismo fenómeno ni que lloverá o dejará de llover de manera uniforme. Sus efectos dependen de la intensidad, la época del año, la ubicación geográfica y la interacción con otros sistemas oceánicos y atmosféricos.
La OMM aclara además que “super El Niño” no es una categoría operativa oficial. Los eventos son clasificados como débiles, moderados, fuertes o muy fuertes.
La preocupación actual se debe a la velocidad del calentamiento y al nivel de coincidencia entre los modelos climáticos. NOAA registró una anomalía semanal de 1,2 °C en la región Niño 3.4 y de 2,7 °C en el sector más cercano a Sudamérica.
América Central, el Caribe y el norte sudamericano miran la sequía
Partes de América Central, el Caribe y el norte de Sudamérica ya registran condiciones más secas de lo normal.
La reducción de las lluvias puede afectar los cultivos, disminuir el caudal de los ríos, vaciar embalses y complicar el suministro de agua potable. También aumenta la cantidad de vegetación seca disponible para alimentar incendios forestales.
Una de las zonas más vulnerables es el Corredor Seco centroamericano, que atraviesa áreas de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica.
Allí, millones de personas dependen de producciones agrícolas pequeñas y de las lluvias estacionales. Una sequía extensa puede reducir las cosechas de maíz y porotos, encarecer los alimentos y profundizar la inseguridad alimentaria.
Costa Rica puso en marcha más de 200 medidas dentro de un plan nacional de contingencia. Las acciones incluyen protección de fuentes de agua, expansión de la generación renovable y preparación frente a una temporada de incendios potencialmente severa.
Panamá también analiza el posible impacto sobre el Canal. Las esclusas necesitan enormes cantidades de agua dulce para permitir el paso de los buques. Una caída prolongada de las lluvias puede obligar a reducir el número de tránsitos o limitar el calado de las embarcaciones, con consecuencias sobre el comercio internacional.
Colombia, el país económicamente más expuesto
Colombia aparece entre los países con mayor vulnerabilidad.
El Ideam informó que existe una probabilidad del 81% de que el evento alcance intensidad muy fuerte durante el último trimestre de 2026. El organismo anticipa temperaturas superiores a lo normal, reducción de precipitaciones, menores caudales y mayor riesgo de incendios en distintas zonas del país.
El problema no es solamente ambiental.
Una parte importante de la electricidad colombiana proviene de centrales hidroeléctricas. Si disminuyen los niveles de los embalses, el país debe recurrir a generación térmica más costosa, que utiliza gas, carbón o combustibles líquidos.
Eso puede aumentar las tarifas y trasladarse hacia otros precios.
UBS identificó a Colombia como la economía latinoamericana más expuesta a un El Niño intenso por la combinación de dependencia hidroeléctrica, riesgo sobre los alimentos, inflación persistente y debilidad fiscal.
El Gobierno activó sistemas de vigilancia del agua y reforzó la preparación contra incendios. También pidió a gobernaciones y municipios actualizar sus planes frente a posibles restricciones de abastecimiento.
Brasil refuerza el combate contra los incendios
Brasil se prepara principalmente para sequías, bajantes de los ríos e incendios en la Amazonia y otras regiones.
El Gobierno incorporó más de 4600 trabajadores federales para tareas de prevención y combate del fuego, amplió brigadas y desplegó aeronaves ante una temporada que podría resultar especialmente difícil.
Una sequía amazónica no afecta solamente a los bosques.
En numerosas comunidades, los ríos funcionan como rutas para transportar personas, alimentos, medicamentos y combustible. Cuando el nivel del agua desciende, algunas poblaciones quedan aisladas y aumentan los costos logísticos.
El bajo caudal también puede reducir la generación hidroeléctrica, afectar los cultivos y favorecer la propagación de incendios sobre zonas previamente deforestadas.
Brasil, además, podría enfrentar presiones económicas si el clima perjudica la producción agrícola o aumenta el precio de la electricidad. UBS lo ubicó entre los países regionales con riesgo significativo, debido también a sus vulnerabilidades fiscales y financieras.
Ecuador se prepara para dos amenazas diferentes
Ecuador enfrenta una situación particularmente compleja.
Un El Niño intenso puede producir lluvias extraordinarias en la costa del Pacífico, con inundaciones, derrumbes, daños en rutas y pérdidas agrícolas.
Por ese motivo, el Gobierno ordenó que las administraciones locales elaboren planes de contingencia y destinó recursos a limpieza de canales, estabilización de laderas, refugios y recuperación del sector agropecuario.
Pero el país también debe prepararse para posibles déficits de lluvia en las cuencas que alimentan sus centrales hidroeléctricas.
La falta de agua en los embalses ya produjo cortes de electricidad en episodios anteriores. Para evitar una nueva crisis, las autoridades necesitan asegurar generación térmica de respaldo, completar mantenimientos y conseguir combustibles con anticipación.
Ecuador puede experimentar así dos impactos aparentemente contradictorios: exceso de agua en algunas regiones y escasez en otras.
Perú vigila El Niño Costero
Perú no solamente sigue el calentamiento del Pacífico central. También observa El Niño Costero, que se define por la temperatura del mar frente a las costas norte y central del país.
El Senamhi mantiene la vigilancia y señala que El Niño del Pacífico central podría continuar hasta marzo de 2027, con mayor probabilidad de alcanzar una magnitud fuerte hacia noviembre y diciembre.
El calentamiento cercano a la costa puede intensificar las lluvias en zonas habitualmente áridas.
Cuando el aire cálido y húmedo llega al continente, puede generar precipitaciones capaces de desbordar ríos, activar quebradas y provocar los denominados huaicos: corrientes violentas de barro, rocas y agua.
Las autoridades ampliaron las redes de observación y los sistemas de alerta temprana. Perú también enfrenta riesgos sobre la pesca, porque el calentamiento del agua modifica la disponibilidad de nutrientes y puede desplazar especies como la anchoveta hacia aguas más frías o profundas.
Qué puede pasar en la Argentina
El Servicio Meteorológico Nacional confirmó que las condiciones actuales son consistentes con una fase El Niño y calculó una probabilidad cercana al 100% de continuidad durante el trimestre julio-agosto-septiembre.
En la Argentina, El Niño suele aumentar la probabilidad de lluvias superiores a lo normal durante la primavera y el verano en el Litoral, el noreste y parte de la región pampeana.
Eso puede favorecer la recuperación de humedad en los suelos y mejorar las perspectivas para cultivos como soja, maíz y girasol, especialmente después de períodos secos.
UBS consideró que la Argentina podría encontrarse entre los países beneficiados si las lluvias impulsan la producción de granos y oleaginosas.
Pero más lluvia no siempre significa una buena campaña.
Precipitaciones excesivas pueden inundar campos, retrasar la siembra, dificultar la cosecha, deteriorar caminos rurales y aumentar enfermedades en los cultivos. Las tormentas intensas también pueden afectar ciudades ubicadas junto a grandes ríos.
El impacto dependerá de la distribución temporal y geográfica de las lluvias. Una campaña puede comenzar con condiciones favorables y complicarse después por excesos hídricos.
El riesgo sobre alimentos, energía e inflación
El Niño no es únicamente un fenómeno meteorológico. Puede transformarse en un problema económico.
Las sequías reducen la producción agrícola y ganadera. Las inundaciones destruyen cosechas, viviendas, rutas y puentes. El calentamiento del océano perjudica a ciertas pesquerías y los menores niveles de los embalses encarecen la electricidad.
Si disminuye la oferta de alimentos o energía, los precios pueden aumentar.
UBS advirtió que un evento poderoso podría generar más inflación y obligar a los bancos centrales latinoamericanos a mantener tasas de interés elevadas durante más tiempo.
Los pequeños productores suelen ser los más expuestos. Tienen menor acceso al crédito, seguros agrícolas, sistemas de riego y tecnología para adaptarse a cambios bruscos.
Una pérdida de cosecha puede provocar endeudamiento, venta de tierras o migración hacia las ciudades.
El Niño no explica por sí solo cada desastre
La presencia de El Niño aumenta o reduce probabilidades, pero no permite atribuirle automáticamente cada lluvia, incendio u ola de calor.
Los fenómenos extremos también están condicionados por sistemas meteorológicos locales, deforestación, urbanización desordenada, falta de drenajes y cambio climático.
El calentamiento global eleva la temperatura de base sobre la que actúa El Niño. Esto puede intensificar las olas de calor y aumentar la cantidad de humedad que la atmósfera puede contener, favoreciendo precipitaciones más intensas cuando se forman tormentas.
La OMM prevé temperaturas por encima del promedio en la mayor parte de las regiones pobladas durante los próximos meses.
Una advertencia con tiempo para actuar
A diferencia de un terremoto, El Niño se desarrolla durante varios meses y puede ser seguido mediante satélites, boyas oceánicas, modelos y estaciones meteorológicas.
Esa anticipación ofrece una oportunidad.
Los gobiernos pueden limpiar desagües, fortalecer puentes, preparar refugios, almacenar agua, contratar brigadistas, asegurar combustibles y proteger las redes eléctricas antes de que llegue la etapa más intensa.
Sin embargo, la preparación regional sigue siendo desigual.
Rodney Martínez, representante de la OMM para América del Norte, Central y el Caribe, advirtió que muchas autoridades suelen esperar hasta que la emergencia ya comenzó para tomar decisiones.
El fenómeno todavía no alcanzó su probable pico, que habitualmente ocurre entre noviembre y febrero. Pero el mensaje de los organismos científicos ya es contundente: El Niño está activo, continuará fortaleciéndose y América Latina tiene apenas algunos meses para reducir sus consecuencias.


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