
UNICEF advierte que la pobreza infantil bajó al 42,3%, pero podría volver a subir en 2026
Alejandro CabreraLa pobreza infantil volvió a ocupar el centro del debate económico y social en Argentina. Un informe de UNICEF mostró una baja significativa durante 2025, con un dato que el Gobierno puede exhibir como parte de la mejora de los indicadores sociales, pero también dejó una advertencia que relativiza cualquier lectura triunfalista: más de cuatro de cada diez chicos siguen viviendo en hogares pobres y la tendencia podría volver a deteriorarse durante el primer semestre de 2026.
Según las estimaciones del organismo, la pobreza entre niñas, niños y adolescentes se ubicó en 42,3% al cierre de 2025. El número representa una caída frente al 46,1% registrado en el primer semestre del mismo año y una baja todavía más marcada respecto del 52,7% informado para la segunda mitad de 2024. En términos concretos, eso significa que 5,1 millones de chicos viven en hogares que no alcanzan a cubrir la canasta básica total.
El dato también muestra el nivel más bajo desde el primer semestre de 2018, cuando la pobreza infantil había quedado en torno al 41,6%. Sin embargo, la comparación con la población general muestra una desigualdad persistente: mientras la pobreza total se ubicó en 28,2%, entre los menores de edad trepó al 42,3%. La infancia sigue siendo el sector más golpeado por la fragilidad económica argentina.
Una mejora real, pero todavía insuficiente
La baja de la pobreza infantil se explica por una combinación de factores. Por un lado, la desaceleración inflacionaria permitió que algunos ingresos familiares recuperaran terreno frente al costo de la canasta básica. Por otro, la evolución demográfica también incidió en la reducción del número absoluto de chicos pobres, ya que la población infantil muestra una leve disminución.
La indigencia infantil también retrocedió. UNICEF estimó que el 9,4% de niñas, niños y adolescentes vive en hogares que no logran cubrir siquiera la canasta alimentaria. El dato implica una mejora frente al 10,2% del primer semestre de 2025 y al 12,3% de fines de 2024, pero sigue involucrando a alrededor de 1,1 millones de chicos.
La dimensión del problema aparece con mayor claridad cuando se observa el recorrido reciente. En el primer semestre de 2024, la pobreza infantil había llegado a superar el 67%, en uno de los peores momentos sociales de la serie. Desde ese pico hasta fines de 2025 hubo una mejora fuerte, pero no una normalización del cuadro social.
La Argentina logró reducir el nivel de pobreza infantil después de una crisis muy profunda, pero todavía convive con una estructura donde millones de hogares dependen de ingresos inestables, trabajos informales, changas, asistencia alimentaria y transferencias sociales para no caer nuevamente por debajo de la línea de pobreza.
La advertencia para 2026
El punto más sensible del informe está en la proyección para este año. UNICEF advirtió que durante el primer semestre de 2026 podría producirse una reversión parcial de la mejora observada en 2025. La pobreza infantil podría volver a subir hacia el 44,4%, mientras que la indigencia podría ubicarse cerca del 10,8%.
El organismo vincula ese posible rebote con varios factores simultáneos: la aceleración de la inflación, la pérdida de ingresos en algunos hogares, la fragilidad del mercado laboral y el impacto del ajuste fiscal sobre programas que funcionan como sostén básico para familias con chicos.
Uno de los puntos señalados es la pérdida de poder de compra de la Prestación Alimentar, una herramienta clave para contener la indigencia en hogares con niñas, niños y adolescentes. Cuando ese tipo de asistencia se atrasa frente al precio de los alimentos, el impacto aparece rápidamente en los indicadores más extremos.
Por eso el dato de 2025 tiene una doble lectura. Muestra una recuperación frente al deterioro de 2024, pero también deja en evidencia que esa recuperación no está consolidada. Si los ingresos familiares no logran sostenerse por encima de las canastas básicas, la pobreza infantil puede volver a subir aun cuando algunos indicadores macroeconómicos muestren mejoras.
El problema de fondo: la pobreza golpea más fuerte a los chicos
La pobreza infantil no es simplemente una parte de la pobreza general. Tiene consecuencias más profundas y duraderas porque afecta etapas clave del desarrollo. Un chico que crece en un hogar pobre no solo enfrenta restricciones de consumo. También puede tener peor alimentación, más dificultades educativas, menor acceso a salud, problemas habitacionales y menos posibilidades de proyectar una vida adulta con mejores oportunidades.
La diferencia entre el 28,2% de pobreza general y el 42,3% de pobreza infantil muestra que la estructura social argentina castiga con más fuerza a los hogares con hijos. Esto ocurre porque las familias con niños suelen tener más integrantes dependientes por cada ingreso laboral y porque una parte importante de esos hogares depende de empleos informales o ingresos variables.
El dato más preocupante es que incluso en un año de mejora, la Argentina todavía tiene 5,1 millones de chicos pobres y 1,1 millones en indigencia. La baja estadística no alcanza por sí sola para modificar una realidad cotidiana donde muchas familias siguen ajustando comida, transporte, útiles escolares, alquileres, medicamentos y actividades básicas.
El informe deja una señal política clara: la baja de la inflación puede mejorar los números, pero no resuelve automáticamente la pobreza infantil. Para que la mejora sea sostenible hace falta que los salarios, las jubilaciones, las asignaciones y los ingresos informales acompañen el costo real de vida.
Una discusión que excede al Gobierno
El dato de UNICEF será leído inevitablemente en clave política. El oficialismo puede destacar que la pobreza infantil cayó con fuerza durante 2025 y que el indicador llegó a su nivel más bajo desde 2018. La oposición, en cambio, pondrá el foco en que más del 40% de los chicos sigue en hogares pobres y en que el propio organismo advierte por una posible suba en 2026.
Las dos lecturas tienen una parte de verdad. Hubo mejora respecto del momento más crítico, pero la mejora todavía no alcanza para hablar de una recuperación social plena.
La discusión de fondo no debería quedar atrapada únicamente en la disputa partidaria. La pobreza infantil atraviesa gobiernos, ciclos económicos y modelos distintos. Argentina convive desde hace años con una dificultad estructural para proteger a la infancia incluso en períodos de relativa estabilidad.
El informe vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: cómo puede crecer o estabilizarse una economía si una parte tan grande de sus chicos sigue viviendo bajo condiciones de privación material.
El dato del 42,3% marca un alivio frente al derrumbe previo, pero también funciona como advertencia. La pobreza infantil bajó, pero sigue en niveles socialmente graves. Y si el rebote proyectado para 2026 se confirma, la mejora de 2025 podría quedar como una recuperación parcial en una Argentina donde la infancia continúa siendo el rostro más duro de la crisis.


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