
La visita de León XIV abre una tregua entre Milei y la Iglesia, pero García Cuerva anticipa una agenda social incómoda para el Gobierno
Alejandro CabreraLa confirmación de la visita de León XIV produjo algo que hasta hace pocos meses parecía difícil: el Gobierno de Javier Milei y la conducción de la Iglesia Católica argentina volvieron a trabajar alrededor de una misma mesa. El Papa estará en el país entre el 8 y el 11 de noviembre, dentro de una gira por Uruguay, Argentina y Perú, y recorrerá Buenos Aires, Córdoba y Luján. Para la Casa Rosada será uno de los acontecimientos internacionales más importantes de la Presidencia de Milei; para la Iglesia, una visita pastoral que llega en medio de una situación social que buena parte del Episcopado observa con creciente preocupación.
La cooperación necesaria para organizar un acontecimiento semejante no eliminó las diferencias. Las puso temporalmente en otro plano. Gobierno, Vaticano y Conferencia Episcopal Argentina llevan meses coordinando seguridad, logística, celebraciones, comunicación y movilización de fieles, mientras en paralelo los obispos continúan cuestionando algunas consecuencias sociales del programa económico libertario. La mejor definición de la relación actual probablemente sea esa: existe una tregua institucional para recibir al Papa, pero no una convergencia ideológica entre la Iglesia argentina y Javier Milei.
La tensión quedó expuesta apenas dos días después de confirmarse oficialmente el viaje. En la multitudinaria celebración de San Cayetano, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva, describió una Argentina atravesada por trabajadores que necesitan más de un empleo, familias endeudadas, salarios insuficientes y personas que buscan comida entre la basura. Al mismo tiempo sostuvo que la actividad económica no puede colocar exclusivamente en el centro al capital, el mercado o el lucro y reclamó diálogo, consensos, oportunidades laborales, bien común y justicia social.
Es difícil imaginar una distancia conceptual más clara respecto de algunos elementos centrales del discurso de Milei. Sin embargo, ni García Cuerva ni la conducción episcopal plantean esa diferencia como una batalla contra el Presidente. La Iglesia intenta presentarla como parte de su doctrina social y de una misión pastoral que, según sus autoridades, obliga a señalar las situaciones que consideran injustas independientemente del gobierno de turno.
La Iglesia argentina llega a la visita del Papa con una agenda social propia
Para entender el momento resulta importante distinguir entre el Vaticano, la Conferencia Episcopal Argentina y Jorge García Cuerva. No son exactamente lo mismo ni cumplen la misma función. La conducción formal del Episcopado está en manos del arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo, elegido presidente de la CEA en noviembre de 2024. Lo acompañan, entre otros, el cardenal Ángel Rossi como vicepresidente primero, Daniel Fernández como vicepresidente segundo y Raúl Pizarro como secretario general. García Cuerva, en cambio, es el arzobispo de Buenos Aires y tendrá una enorme visibilidad durante la visita porque León XIV pasará por su arquidiócesis.
La Conferencia Episcopal no funciona como un partido político ni todos los obispos argentinos tienen exactamente la misma mirada sobre el Gobierno. Existen diferencias de estilo, prioridades pastorales y sensibilidades ideológicas dentro de una institución que abarca más de setenta diócesis. Pero durante los últimos meses puede identificarse una preocupación recurrente en buena parte de sus principales voces: pobreza, deterioro del trabajo, situación de jubilados, discapacidad, educación, endeudamiento de las familias y fragmentación social.
Colombo sintetizó esa posición al explicar que la Iglesia no puede abandonar lo que denomina su “ministerio profético”: señalar cuando considera que se daña el tejido social o se vulneran derechos fundamentales. Mencionó específicamente a jubilados, personas con discapacidad y educación y anticipó que León XIV hablará con libertad durante su visita: lo que considere necesario decir, afirmó, lo dirá sin intención agresiva ni ofensiva.
La preocupación social no se limita a declaraciones individuales. La estructura episcopal viene trabajando a través de Cáritas, Pastoral Social y diferentes organismos territoriales sobre problemas vinculados con pobreza, empleo y vulnerabilidad. La propia agenda reciente de la Conferencia Episcopal incluye documentos sobre trabajo, desarrollo, inteligencia artificial y problemas sociales regionales, al mismo tiempo que organiza la recepción de León XIV mediante equipos específicos de contenidos, animación, comunicación y logística.
Eso convierte la visita en algo más que una sucesión de misas y ceremonias protocolares. El Papa llegará a un país donde la Iglesia pretende poner nuevamente la cuestión social en el centro del debate público y donde el Gobierno reivindica, en cambio, un programa basado en equilibrio fiscal, reducción del Estado, desregulación y libertad económica.
García Cuerva se convirtió en la voz social más visible de la Iglesia porteña
Dentro de ese escenario, Jorge García Cuerva adquirió un protagonismo particular. Francisco lo designó arzobispo de Buenos Aires en 2023 y desde entonces construyó un perfil pastoral fuertemente asociado con cárceles, barrios populares, personas excluidas y la preocupación por el trabajo. No ocupa la presidencia del Episcopado, pero su condición de arzobispo de la capital y sucesor de Jorge Bergoglio en Buenos Aires convierte cada una de sus principales homilías en un acontecimiento de repercusión nacional.
Durante 2026 sus mensajes comenzaron además a impactar directamente sobre el debate político. En los tedeum del 25 de Mayo y del 9 de Julio realizó llamados contra la polarización y las descalificaciones, y durante julio volvió a reclamar compromiso frente a la pobreza y la falta de trabajo. La misa de San Cayetano del 7 de agosto representó hasta ahora su pronunciamiento social más fuerte en la previa del viaje papal.
García Cuerva habló ante miles de peregrinos que tradicionalmente llegan a Liniers para pedir pan y trabajo y describió un pueblo “cansado de promesas incumplidas”. Reclamó que la dirigencia deje de concentrarse en debates que, a su criterio, no solucionan los problemas concretos de las personas y pidió observar la realidad de quienes no llegan a fin de mes. También sostuvo que el trabajo constituye dignidad y reclamó multiplicar el diálogo, los consensos y las oportunidades laborales para los jóvenes.
El punto más relevante en términos políticos fue la conexión explícita entre ese mensaje y León XIV. García Cuerva recordó enseñanzas del pontífice sobre el trabajo y afirmó que en la actividad económica el centro debe ser ocupado por la persona, la familia y su bienestar antes que por el capital, las leyes del mercado o el lucro. No fue simplemente una crítica personal de un obispo argentino: el arzobispo quiso presentar esas ideas como parte de la continuidad de la doctrina social de la Iglesia que espera escuchar nuevamente durante la visita del Papa.
La frase sobre que “la libertad económica no puede ser absoluta” quedó inevitablemente confrontada con el corazón ideológico del Gobierno. Milei construyó su identidad pública alrededor de la defensa de la libertad individual, la propiedad privada y los mecanismos de mercado, y cuestionó repetidamente el concepto político de justicia social. García Cuerva utiliza, en cambio, precisamente la justicia social y el bien común como categorías fundamentales para interpretar la situación argentina.
Eso no convierte necesariamente al arzobispo en opositor partidario. Sus críticas también alcanzaron a la dirigencia política en general y la Iglesia insiste en diferenciar su posición pastoral de una adhesión electoral. Pero significa que, cuando León XIV llegue a Buenos Aires, una de las figuras encargadas de recibirlo pertenece al sector episcopal que viene poniendo con mayor fuerza sobre la mesa los costos sociales de la economía argentina.
Una relación fría entre Milei y el Episcopado que ahora comenzó a recomponerse
La llegada del Papa también permite observar hasta qué punto se había enfriado previamente el vínculo institucional. Desde que la actual conducción de la Conferencia Episcopal asumió en noviembre de 2024, Milei todavía no recibió formalmente a sus máximas autoridades, una situación que en ámbitos eclesiásticos fue interpretada como una señal de distancia. Durante el mismo período, el Presidente sí mantuvo encuentros con representantes de distintas iglesias evangélicas.
Esto no significa que no existieran contactos entre el Gobierno y la Iglesia. Funcionarios de Culto, Cancillería y diferentes áreas mantuvieron canales abiertos, y algunos obispos conservaron vínculos particulares con integrantes de la administración. Pero la relación nacional nunca adquirió el grado de cercanía institucional que históricamente existió entre la Casa Rosada y la Conferencia Episcopal.
La visita de León XIV modificó esa dinámica. Desde hace aproximadamente tres meses, la Santa Sede, el Episcopado y el Gobierno trabajan de manera reservada para preparar el viaje. El canciller Pablo Quirno y Marcelo Colombo fueron los principales impulsores políticos de ese acercamiento, mientras el secretario de Culto y Civilización, Agustín Caulo, y el secretario general del Episcopado, Raúl Pizarro, asumieron funciones operativas junto con otros colaboradores.
También resultó importante la llegada del nuevo nuncio apostólico, Michael Wallace Banach, designado por León XIV en mayo. Banach arribó al país el 22 de julio, se reunió rápidamente con Quirno y presentó sus cartas credenciales ante Milei. Su papel será particularmente relevante porque el nuncio funciona como embajador de la Santa Sede y, al mismo tiempo, como principal vínculo del Papa con la Iglesia local.
La cooperación ya se tradujo en una estructura organizativa considerable. La Conferencia Episcopal formó equipos nacionales que trabajan desde hace meses, inició la preparación pastoral de las comunidades, lanzó un concurso para la canción oficial y convocó para el 22 y 23 de agosto una colecta nacional destinada a contribuir con los costos de la visita.
En paralelo, el Gobierno garantizó a la Santa Sede las condiciones de seguridad y logística necesarias para el viaje y presentó oficialmente la visita como un acontecimiento de enorme trascendencia institucional y espiritual. La invitación formal había sido realizada por Milei y entregada personalmente en el Vaticano por Quirno.
Milei tiene una relación diferente con León XIV que con la Iglesia argentina
Existe además una particularidad importante: la relación de Milei con el Papa no necesariamente reproduce su relación con el Episcopado argentino.
Milei mantuvo un vínculo inicialmente conflictivo con Francisco durante la campaña presidencial, aunque posteriormente buscó recomponerlo. Con León XIV la relación comenzó desde un punto mucho menos traumático. El Presidente fue recibido en el Vaticano en junio de 2025 y desde entonces la Casa Rosada trabajó activamente para conseguir una visita que Francisco nunca llegó a realizar durante sus doce años de pontificado.
Para el Gobierno, recibir a León XIV representa una oportunidad institucional extraordinaria. Será la primera visita de un pontífice a la Argentina desde Juan Pablo II en 1987 y permitirá a Milei aparecer junto a una de las figuras internacionales de mayor relevancia global, en un acontecimiento que probablemente movilice a cientos de miles de personas.
Pero la relación personal correcta entre Milei y León XIV no implica necesariamente coincidencia doctrinaria. El Papa viene insistiendo en asuntos como trabajo digno, dignidad humana, desigualdad, cuidado de los sectores vulnerables y utilización de la riqueza al servicio del bien común. Incluso la intención de oración elegida por León XIV para noviembre de 2026 está dedicada al uso ético de la riqueza al servicio del bien común, precisamente el mes en que visitará Argentina.
Eso anticipa que probablemente habrá momentos incómodos para el Gobierno, aunque no necesariamente confrontaciones.
El Papa llegará a una Argentina donde la Iglesia quiere hablar de trabajo y pobreza
La visita tendrá tres escenarios argentinos principales: Buenos Aires, Córdoba y Luján. Cada uno posee una carga institucional y pastoral diferente, pero Luján probablemente concentre una de las movilizaciones populares más significativas. La basílica y el santuario representan uno de los principales centros de religiosidad popular argentina y mantienen una vinculación histórica con peregrinaciones en las que participan trabajadores, jóvenes, movimientos sociales y comunidades de todo el país.
En Buenos Aires, García Cuerva tendrá un papel central como anfitrión episcopal. Su discurso reciente permite imaginar cuáles serán los asuntos que la Iglesia porteña querrá mostrar al pontífice: trabajadores con ingresos insuficientes, pobreza urbana, endeudamiento familiar, dificultad de los jóvenes para incorporarse al empleo y fragmentación social.
No hay todavía un discurso papal escrito ni una agenda temática definitiva que permita afirmar exactamente qué dirá León XIV. Sería incorrecto anticipar que viajará para cuestionar a Milei. Un Papa visita un país como líder religioso y jefe de Estado, no como dirigente opositor.
Pero también sería ingenuo imaginar que evitará cualquier referencia a la situación social.
Colombo ya anticipó que León XIV hablará sobre aquello que considere necesario, y García Cuerva acaba de colocar públicamente trabajo, pobreza, salario, deuda familiar y justicia social en el centro de la preparación espiritual de su arquidiócesis.
La incógnita: qué hará el Gobierno si el Papa cuestiona el modelo social
Hasta ahora, la Casa Rosada eligió la prudencia. No hubo una reacción presidencial fuerte contra García Cuerva después de San Cayetano y el Gobierno parece decidido a evitar cualquier conflicto que pueda interferir con la visita.
Esa decisión resulta lógica. Una confrontación abierta con la jerarquía católica pocas semanas antes de la primera visita papal en casi cuatro décadas tendría un costo institucional difícil de justificar.
La Iglesia también tiene incentivos para evitar una escalada. Sus autoridades insisten en que el viaje debe trascender las diferencias políticas y convertirse en un acontecimiento para todo el país. Colombo subrayó que las observaciones sociales de León XIV no tendrán intención ofensiva, mientras los equipos episcopales presentan la preparación fundamentalmente en términos de oración, misión, fraternidad y esperanza.
Sin embargo, la verdadera prueba llegará cuando el Papa hable en territorio argentino.
Si León XIV reclama una mayor protección de jubilados, personas con discapacidad, trabajadores o pobres; si cuestiona una economía que excluya; o si pide mayor intervención frente a determinadas desigualdades, sus palabras inevitablemente serán leídas en clave política aunque no mencione al Presidente.
Y García Cuerva probablemente se encuentre entre quienes más enfáticamente reivindiquen ese mensaje.
Una tregua institucional, pero dos visiones distintas de la sociedad
La relación entre Milei y la Iglesia argentina llega entonces a la visita papal en una situación paradójica.
Nunca durante los últimos dos años Gobierno y Episcopado habían necesitado cooperar tanto como ahora. Cancillería, Culto, la Nunciatura, la Conferencia Episcopal y las diócesis trabajan conjuntamente para conseguir que la visita del 8 al 11 de noviembre tenga la escala y la seguridad que exige la presencia del pontífice.
Al mismo tiempo, pocas veces estuvieron tan claramente expuestas las diferencias sobre la dimensión social del modelo económico.
Milei entiende que el crecimiento debe construirse mediante disciplina fiscal, libertad económica y reducción del peso estatal. Las principales voces de la Iglesia argentina no necesariamente cuestionan la necesidad de ordenar las cuentas públicas, pero reclaman que ese proceso sea evaluado también por sus consecuencias sobre las personas y sostienen que el Estado no puede desentenderse de quienes quedan marginados.
García Cuerva personifica hoy esa segunda mirada con particular potencia. No dirige la Conferencia Episcopal y no puede hablar por todos los obispos, pero su condición de arzobispo de Buenos Aires, su cercanía con la religiosidad popular y el contenido de sus últimas homilías lo transformaron en uno de los grandes protagonistas de la previa.
León XIV llegará a una Iglesia argentina que quiere recibirlo unida, pero que también pretende que su visita sirva para volver a hablar de trabajo, pobreza, fraternidad y dignidad humana.
El Gobierno quiere una visita histórica.
La Iglesia también.
La diferencia está en qué mensaje espera cada uno que quede después de que el avión papal abandone Argentina.


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