
El peronismo ensaya una unidad condicionada: Kicillof, Massa y Máximo se reagrupan, pero todo puede depender de que sobrevivan las PASO
Alejandro CabreraEl peronismo encontró durante esta semana algo que llevaba meses buscando sin demasiado éxito: una razón suficientemente importante para que Axel Kicillof, Máximo Kirchner, Sergio Massa, gobernadores y autoridades parlamentarias volvieran a sentarse alrededor de la misma mesa. No resolvieron la pelea por la conducción, no eligieron candidato presidencial y tampoco desaparecieron las desconfianzas acumuladas entre el kicillofismo y La Cámpora. Pero sí identificaron un interés común capaz de ordenar provisoriamente todas esas diferencias: preservar las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias para 2027.
El punto es mucho más importante de lo que parece. Las PASO fueron suspendidas exclusivamente para las elecciones nacionales de 2025 mediante la ley 27.783. La suspensión no eliminó definitivamente el sistema creado por la ley 26.571, por lo que, si el Congreso no modifica nuevamente la legislación, las primarias vuelven a formar parte del mecanismo nacional para seleccionar candidaturas. El Gobierno de Javier Milei, sin embargo, pretende avanzar durante 2026 con una reforma política destinada a eliminarlas definitivamente o, como alternativa, volver a suspenderlas.
Para La Libertad Avanza, la eliminación puede presentarse como una simplificación electoral y un ahorro de recursos. Para el peronismo, en cambio, se convirtió prácticamente en una cuestión de supervivencia política. Sin PASO, Kicillof, Massa, el kirchnerismo y eventualmente otros sectores tendrían que acordar entre dirigentes quién encabeza la fórmula presidencial. Con PASO pueden competir entre ellos y, al menos en teoría, mantener a todos dentro de una misma coalición hasta después de la primaria.
La cumbre produjo una tregua, no una reconciliación
La reunión se realizó de manera reservada el martes por la noche en el Hotel Emperador y terminó formando lo que dentro del espacio comenzaron a describir informalmente como un “Grupo de los 10”. Allí estuvieron Kicillof, Massa, Máximo Kirchner, José Mayans, Germán Martínez, Gerardo Zamora y los gobernadores Gildo Insfrán, Ricardo Quintela, Sergio Ziliotto y Gustavo Melella.
La foto tuvo especial importancia porque Kicillof y Máximo Kirchner llevaban meses enfrentados. El gobernador desarrolló Movimiento Derecho al Futuro como una estructura propia y avanzó en una construcción nacional que ya tiene una evidente orientación presidencial, mientras La Cámpora cuestionó repetidamente su autonomía y su distancia respecto de Cristina Kirchner. Este viernes, de hecho, Kicillof continúa preparando nuevos movimientos nacionales y apuesta explícitamente a que una eventual primaria sea la herramienta que ordene la competencia interna.
Por eso sería exagerado hablar de una reconciliación. Lo que existe es una tregua estratégica. El gobernador no abandonó su proyecto presidencial y Máximo tampoco renunció a preservar la influencia del kirchnerismo. Massa mantiene su estructura y evita definir anticipadamente si volverá a competir. Lo que los tres parecen haber aceptado es que una ruptura antes de las elecciones podría entregar una ventaja demasiado importante a Milei.
La definición más reveladora de la cumbre fue precisamente que no intentaron resolver la pregunta que durante meses paralizó al espacio —quién debe conducirlo—, sino que comenzaron a buscar un método para convivir mientras esa pregunta continúa abierta.
Y ese método son las PASO.
Massa reaparece como posible articulador
La reunión también confirmó la reaparición de Sergio Massa en un papel que conoce perfectamente: el de articulador entre sectores que mantienen malas relaciones entre sí. LA NACION señala que dentro del PJ varios dirigentes lo identifican como uno de los responsables tanto de la coordinación política que ayudó a bloquear parte de la reforma de la ley de tierras como de la gestación del encuentro del Hotel Emperador. El propio Massa relativiza esa influencia, pero incluso dentro del peronismo reconocen que quedan pocos dirigentes capaces de mantener diálogo simultáneo con Kicillof, Máximo, gobernadores e integrantes del Congreso.
La incógnita es si pretende limitarse a ese rol.
Massa todavía no confirmó una nueva candidatura presidencial después de su derrota de 2023, pero dentro del peronismo ya existe la expectativa de que antes de fin de año aparezcan otros proyectos internos además del de Kicillof. LA NACION coloca explícitamente las miradas sobre el jefe del Frente Renovador.
Si Massa decidiera competir, el argumento a favor de conservar las PASO sería todavía más fuerte. El peronismo podría tener un gobernador bonaerense buscando la Presidencia, un candidato vinculado al Frente Renovador y eventualmente una expresión propia del kirchnerismo. Sin primarias, todo eso tendría que resolverse mediante una negociación cerrada y extremadamente compleja.
Con primarias, el conflicto puede trasladarse a las urnas.
Cristina sigue siendo central, pero no fue el centro de la reunión
Otro dato significativo fue la situación de Cristina Kirchner. Máximo participó de la reunión, pero según las fuentes consultadas por LA NACION no llevó un mensaje específico de su madre y la situación judicial de la expresidenta no ocupó el centro de la conversación. Tampoco se convirtió la consigna por su libertad en el eje de la cumbre.
Eso no significa que Cristina haya perdido influencia. José Mayans mantiene contacto con ella y Máximo continúa representando al sector más estrechamente vinculado con la expresidenta. Pero para los gobernadores del interior existen prioridades diferentes: recursos federales, infraestructura, transferencias nacionales y capacidad para defender los intereses fiscales de sus provincias.
Este cambio es importante porque muestra uno de los desafíos que deberá enfrentar el peronismo si pretende construir una coalición realmente nacional. La situación de Cristina continúa siendo un asunto central para La Cámpora y una parte importante de la militancia bonaerense, pero no necesariamente ocupa el mismo lugar para gobernadores que necesitan ampliar el frente hacia sectores alejados del kirchnerismo.
La cumbre intentó evitar justamente aquellas cuestiones capaces de romper rápidamente la mesa.
Jaldo y Jalil quedaron en la mira
La reconstrucción del encuentro también expone hasta dónde está dispuesto a llegar el PJ para preservar las primarias. Durante la reunión aparecieron los nombres de Osvaldo Jaldo, gobernador de Tucumán, y Raúl Jalil, de Catamarca, dos mandatarios elegidos dentro del universo peronista que durante la gestión de Milei adoptaron una relación mucho más dialoguista con la Casa Rosada.
Uno de los participantes lanzó una advertencia particularmente dura: cualquier gobernador proveniente del peronismo que ayude al Gobierno a eliminar las PASO deberá asumir que el resto del espacio puede impulsar una lista propia para competirle en su provincia. La frase demuestra hasta qué punto la discusión electoral se convirtió en una prueba de disciplina interna.
El conflicto tiene una lógica sencilla. Los legisladores que responden a gobernadores dialoguistas pueden convertirse en votos decisivos para el oficialismo en el Congreso. Y el Gobierno necesita justamente quebrar ese bloque para modificar las reglas electorales.
El peronismo, por lo tanto, no sólo debe reconciliar a Kicillof con Máximo. También necesita recuperar o neutralizar a los gobernadores que durante los últimos años negociaron individualmente con Milei.
El éxito contra la ley de tierras convenció al PJ de que todavía puede construir mayorías
La oportunidad política detrás del reagrupamiento surgió también de una experiencia parlamentaria reciente. El peronismo considera que la coordinación entre Massa, Mayans, Wado de Pedro, Juliana Di Tullio, Jorge Capitanich, Máximo Kirchner y distintos gobernadores permitió conseguir apoyos externos suficientes para obligar al oficialismo a retroceder con partes sensibles de su reforma sobre tierras y manejo del fuego.
El episodio produjo una lectura interna: aun sin controlar el Congreso, el espacio puede convertirse nuevamente en un actor decisivo si consigue sumar gobernadores, fuerzas provinciales y legisladores que no pertenecen formalmente al PJ.
Esa experiencia es ahora utilizada como modelo para la batalla por las PASO.
La cuestión será mucho más difícil. Según LA NACION, el peronismo calcula que necesitará construir mayorías equivalentes a 36 votos en el Senado y 129 diputados para impedir que avance la eliminación de las primarias en los términos que pretende el Gobierno. Son números que históricamente le resultaron difíciles de alcanzar durante la etapa libertaria cuando la Casa Rosada consiguió mantener cohesionados a sus aliados.
Por eso los gobernadores volverán a ser decisivos.
Milei también sabe que las PASO pueden ordenar a su principal adversario
El interés del Gobierno en eliminarlas no es solamente presupuestario. Diego Santilli sostuvo públicamente que las primarias pueden costar hasta US$250 millones y confirmó que la administración pretende avanzar con una reforma electoral. Dentro de la dirigencia oficialista, además, existe desde hace meses la lectura de que unas PASO opositoras podrían transformarse en un mecanismo de movilización y ordenamiento para el peronismo antes de la elección presidencial.
La paradoja es evidente.
Durante 2025 el Congreso suspendió las PASO y el oficialismo pudo competir sin atravesar una primaria nacional. Ahora el sistema puede convertirse en una ventaja para una oposición que carece de candidato único.
Si Kicillof, Massa y otros dirigentes disputaran una primaria competitiva, no sólo resolverían el liderazgo. También podrían generar atención pública, movilizar estructuras territoriales y convertir la interna en una suerte de primera vuelta dentro del propio peronismo.
Ese escenario explica por qué la discusión sobre las reglas electorales tiene una enorme dimensión política.
Kicillof no frena su candidatura pese a la tregua
La evidencia más clara de que el encuentro no suspendió la competencia interna llegó inmediatamente después. El gobernador continúa preparando actividades nacionales con su espacio y sus dirigentes trabajan bajo la hipótesis de una candidatura presidencial. Desde Movimiento Derecho al Futuro consideran que una PASO puede ser precisamente la herramienta que permita legitimar ese liderazgo frente al resto del peronismo.
La estrategia de Kicillof parece tener dos movimientos simultáneos. Primero, evitar una ruptura con Cristina, Máximo y Massa que le impida llegar competitivo a la elección general. Segundo, seguir acumulando fuerza propia para llegar a la eventual primaria como el aspirante mejor posicionado.
El lanzamiento reciente de estructuras kicillofistas fuera de la provincia, incluida una organización porteña que comenzó a trabajar abiertamente bajo la consigna “Axel 2027”, confirma que la proyección nacional no quedó congelada por la cumbre.
Eso también explica la utilidad de las PASO para el gobernador: le permiten disputar la conducción sin exigirle romper previamente con el kirchnerismo.
La pelea por la Gobernación complica todavía más la ecuación
La discusión presidencial no es la única que deberá procesar el peronismo. Kicillof no puede buscar una nueva reelección consecutiva bajo las reglas actuales y, por lo tanto, en 2027 también quedará vacante la Gobernación bonaerense. Hace meses que intendentes y dirigentes comenzaron a instalarse como potenciales sucesores.
Dentro de Fuerza Patria conviven al menos tres estructuras importantes: el Movimiento Derecho al Futuro de Kicillof, La Cámpora y el Frente Renovador de Massa. A ellas se agregan intendentes que buscan construir autonomía y dirigentes que ingresan o regresan al PJ.
La continuidad de las primarias permitiría resolver también parte de esa pelea bonaerense sin obligar a Kicillof, Máximo y Massa a acordar previamente un solo candidato.
Por eso el sistema electoral nacional termina conectado con todas las discusiones internas del espacio.
La gran debilidad de la nueva unidad es que todavía no existe una conducción
La reunión permitió reunir dirigentes, pero no produjo una autoridad capaz de tomar decisiones por todos.
No existe hoy una figura equivalente a la Cristina Kirchner de otros ciclos electorales, cuando su decisión podía ordenar la mayoría de las candidaturas relevantes. Kicillof aspira a ocupar un lugar central, pero el kirchnerismo no reconoce automáticamente su liderazgo. Massa tiene capacidad para negociar, pero tampoco controla al conjunto. Los gobernadores quieren recuperar influencia y no están dispuestos a subordinase completamente a Buenos Aires.
Esa ausencia explica por qué las PASO adquirieron semejante importancia.
Cuando no existe un jefe indiscutido, la primaria puede reemplazar parcialmente al jefe.
Permite que cada sector preserve su identidad, compita y después intente reunificarse detrás del ganador.
Pero también entraña riesgos. Una campaña interna demasiado agresiva puede profundizar las heridas en lugar de cerrarlas, y nada garantiza que todos los votantes de los candidatos derrotados se transfieran automáticamente al vencedor.
La herramienta permite administrar el conflicto; no lo elimina.
La Casa Rosada apuesta a que la tregua vuelva a romperse
Dentro del Gobierno observan con cierto escepticismo el nuevo reagrupamiento. Fuentes libertarias citadas este viernes por Infobae relativizaron el impacto de la cumbre y consideran que las ambiciones de los distintos dirigentes pueden terminar produciendo una nueva fractura cuando llegue el momento de definir candidaturas.
Es una apuesta razonable desde el punto de vista oficialista. Milei se benefició durante buena parte de su presidencia de una oposición fragmentada y sin una conducción alternativa clara.
Pero la propia preocupación libertaria por el sistema de primarias demuestra que existe otro escenario posible: que el peronismo encuentre finalmente un procedimiento para ordenar una competencia que no consiguió resolver mediante acuerdos de cúpula.
La batalla por las PASO es, por eso, también una batalla por la forma que tendrá la oposición en 2027.
El PJ ganó tiempo, pero todavía no resolvió su problema
El encuentro del Hotel Emperador produjo algo políticamente relevante: después de meses de enfrentamientos, los principales dirigentes peronistas aceptaron sentarse juntos y reconocer que necesitan una estrategia común.
Pero el acuerdo tiene una condición.
Kicillof continúa construyendo su candidatura. Máximo conserva el poder territorial y partidario del kirchnerismo. Massa vuelve a moverse como articulador y mantiene abierto su futuro. Los gobernadores reclaman recursos y mayor protagonismo. Cristina sigue siendo una referencia indispensable para una parte del espacio, aunque ya no pueda ordenar por sí sola todas las candidaturas.
Ninguna de esas contradicciones desapareció.
Las PASO ofrecen una salida relativamente sencilla: que todos permanezcan dentro de una misma coalición y que la sociedad decida quién encabeza.
Por eso la reforma electoral de Milei puede terminar produciendo una consecuencia bastante mayor que cambiar el calendario de votación.
Si las PASO sobreviven, el peronismo tiene una herramienta concreta para contener a Kicillof, Massa, Máximo Kirchner y los gobernadores dentro de un mismo frente. Si desaparecen, toda esa arquitectura deberá ser reemplazada por una negociación política en la que todavía nadie reconoce plenamente la autoridad de los demás.
La unidad que comenzó a construirse esta semana existe.
Pero, por ahora, depende tanto de las reglas electorales como de la voluntad de sus dirigentes de mantenerse juntos.


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