
La Constitución, el poder del pueblo
Diego Armesto
Hoy se cumplen 172 años de la sanción de nuestra Constitución Nacional, ese contrato social tangible e intangible por el cual se limita el poder, se ordena el mismo y el pueblo pone sus esperanzas e ideas de bienestar.
La Constitución debe ser entendida como una herramienta de progreso y una polea de desarrollo para la conformación de una verdadera República. Es más que claro que el proceso constitucional argentino culmina indefectiblemente con la sanción de las Constituciones de 1853/60.
El convencional Facundo Zuviría, en 1853, afirmó que la Constitución Argentina es el pueblo de la Nación hecho Ley. Una perfecta síntesis de nuestro texto fundacional y la justificación más precisa para conmemorar hoy su sanción.
En estos tiempos, donde la Constitución parece la letra chica de un contrato —porque nadie la lee— resulta fundamental volver a ella, comenzar con la lectura de su Preámbulo, donde se encuentra el compendio de los objetivos a tener presentes: “…constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad…”. Este debe ser el camino y el recorrido de todos, y de cada uno, asumiendo las responsabilidades, derechos y deberes necesarios para una construcción colectiva de ciudadanía.
El gran constitucionalista riojano Joaquín V. González decía: la Constitución son esas reglas declarativas, perceptivas o imperativas, dictadas por el pueblo, por sus representantes o por quien posea la soberanía originaria. “En nuestro sistema, sólo el pueblo es dueño de la soberanía, y sólo él tiene el poder para dictar una Constitución o delegar en sus representantes ese poder”. En esta línea, el expresidente de los Estados Unidos Barack Obama sostenía que una Constitución “es un notable y hermoso regalo, pero solamente es un pedazo de papel; no tiene poder por sí misma. Nosotros, el pueblo, le damos poder, le damos significado, con nuestra participación y con las decisiones que tomamos y las alianzas que formamos. El que nos alcemos o no por nuestra libertad, el que respetemos o no y reforcemos nuestras leyes, todo depende de nosotros”.
La Constitución debe honrarse, respetarse y obedecerse todos los días, porque en ella está expresada la soberanía popular, que no es más ni menos que la voluntad del pueblo que habita la Nación. Su nuevo aniversario nos debe invitar a reflexionar, a comprender la importancia de cumplirla, respetarla y, especialmente, de conocerla, ya que su comprensión y aplicación nos permitirá algún día vivir plenamente en un Estado Constitucional de Derecho.
Diego Hernán Armesto
Profesor de Derecho Constitucional UNLP, UCEMA, UNAB


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