
Trump anuncia levantamiento de sanciones a Siria y asegura megaacuerdo de inversión con Arabia Saudita por 600 mil millones
Alejandro Cabrera
De enemigo a socio: Siria vuelve al mapa global
El anuncio del levantamiento de sanciones fue inesperado. En una conferencia junto al príncipe heredero saudí Mohammed bin Salmán, Trump confirmó que su gobierno cesará todas las medidas restrictivas que pesaban sobre Siria desde la guerra civil iniciada en 2011. Justificó la medida como una apuesta por la reconstrucción y la “oportunidad de grandeza” de un país “devastado por la ideología y el autoritarismo”.
El contexto no es menor: desde diciembre de 2024, Bashar al-Assad fue derrocado tras una combinación de presiones internas, militares y regionales. Su lugar fue ocupado por Ahmed al-Sharaa, un excomandante rebelde que ahora funge como líder de transición y a quien Trump calificó como “un aliado prometedor para la estabilidad”.
El mandatario norteamericano se reunirá en los próximos días con al-Sharaa en suelo saudí para avanzar en acuerdos de cooperación energética, reconstrucción y seguridad. Trump dejó en claro que Siria, bajo nueva conducción, será reincorporada a los canales financieros internacionales y a las plataformas diplomáticas occidentales, siempre y cuando “abandone el pasado y se enfoque en el futuro”.
El megaacuerdo con Riad: petróleo, inteligencia artificial y defensa
La visita de Trump a Arabia Saudita no se limitó a gestos diplomáticos. El núcleo de su agenda fue económico. Durante el Foro de Inversión Saudí-Estadounidense, el exmagnate y ahora presidente firmó un acuerdo de inversión sin precedentes: 600 mil millones de dólares que serán destinados a infraestructura, tecnología, defensa, transición energética y cooperación en inteligencia artificial.
El pacto incluye cláusulas específicas para proyectos conjuntos entre empresas estadounidenses y saudíes, participación en la construcción de “ciudades inteligentes” en el Golfo, y la creación de fondos de innovación militar y digital bajo supervisión bilateral. También contempla la instalación de nuevas bases logísticas en puntos estratégicos del Mar Rojo y el Golfo Pérsico.
Trump no escatimó en elogios a Bin Salmán, a quien describió como “un socio extraordinario con visión de futuro”. El acuerdo fue presentado como una alianza de largo plazo para consolidar el “liderazgo global compartido” entre Estados Unidos y Arabia Saudita.
La doctrina Trump: pragmatismo brutal y negocios sin fronteras
Con esta gira, Trump ratifica su doctrina internacional: desplazar las guerras ideológicas por vínculos económicos, ignorar las fronteras morales y redefinir el liderazgo global en base a resultados financieros. No importan los antecedentes de los socios ni las heridas abiertas: si hay beneficios económicos, hay posibilidades de alianza.
El regreso de Siria al comercio internacional bajo tutela saudí, y con aval estadounidense, es una muestra clara de cómo se puede reconfigurar un país al margen de la legalidad internacional previa. No hay juicios por crímenes de guerra, ni tribunales internacionales en marcha. Hay una reconstrucción acelerada con fondos árabes, logística estadounidense y silencio diplomático global.
El acuerdo también es una señal para Rusia e Irán, antiguos aliados de Al-Assad, que quedan desplazados de la mesa regional por la nueva alianza entre Washington, Riad y Damasco.
Repercusiones, tensiones y advertencias
La decisión de Trump ya generó reacciones dispares. En Europa, algunos gobiernos expresaron preocupación por la legitimación de actores no democráticos y por el posible abandono de las causas humanitarias en Siria. En el Congreso de EE.UU., sectores demócratas criticaron la falta de consulta legislativa y el giro abrupto en política exterior.
Organizaciones de derechos humanos advirtieron que el levantamiento de sanciones podría derivar en impunidad para exmiembros del régimen sirio que aún conservan poder fáctico en el nuevo gobierno. También alertaron sobre la escasa transparencia en el uso de los fondos que llegarán al país.
Pero en términos de estrategia política, Trump consiguió lo que buscaba: protagonismo internacional, flujo de inversiones y una narrativa de reconstrucción global con sello norteamericano. En medio de la campaña de reelección, la gira por Oriente Medio se convierte en un activo político y propagandístico.


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