
Hugo Moyano rompe con la CGT pro-K y apunta contra su hijo: “Ni me llamó por el Día del Padre”
Alejandro Cabrera
Hugo Moyano volvió al centro de la escena gremial con una jugada inesperada: se convirtió en el principal referente sindical que resiste el intento de alinear a la CGT con el operativo clamor por Cristina Kirchner. No solo cuestionó el respaldo político, sino que dejó al descubierto una tensión familiar con su hijo Pablo, quien visitó a la exmandataria sin saludarlo en el Día del Padre.
La interna sindical se recalienta mientras el peronismo busca reagruparse. Moyano, con tono áspero, advirtió que la CGT no puede “ser apéndice del kirchnerismo”, y puso en duda el rumbo del PJ, al que calificó como “una cáscara vacía”.
Rechazo al alineamiento automático con el kirchnerismo
Durante una reunión clave en la sede de Azopardo, Moyano expresó su oposición a que la central obrera se pronuncie a favor de la expresidenta, condenada a prisión domiciliaria. Consideró que la CGT no debe tomar partido en causas judiciales personales, y acusó a los sectores kirchneristas de utilizar la estructura sindical para fines políticos que no representan al conjunto.
Además, cuestionó el silencio del kirchnerismo cuando el gremio de Camioneros sufrió allanamientos y persecución judicial durante el gobierno de Mauricio Macri. “¿Dónde estaban cuando nos tiraban por la ventana?”, lanzó en tono irónico.
Fuerte mensaje familiar: la frase a Pablo
El momento más llamativo fue cuando Hugo Moyano habló de su hijo Pablo, número dos del gremio. “Fue a visitarla a Cristina y ni me llamó para saludarme por el Día del Padre”, dijo en tono molesto, dejando en evidencia un quiebre en la relación personal y política.
La frase fue interpretada como algo más que una recriminación íntima: fue una señal de ruptura con el sector sindical que acompaña al kirchnerismo sin reservas. Pablo Moyano había participado días antes de una reunión con dirigentes de La Cámpora y se mostró a favor de participar en una eventual marcha por la expresidenta.
Grieta sindical y pulseada por la CGT
La resistencia de Hugo Moyano se produce en un momento clave: en octubre se renueva la conducción de la CGT, y varios sectores pugnan por mayor protagonismo. Moyano busca nuclear a los gremios más tradicionales y distanciados del kirchnerismo, con el objetivo de evitar que la central obrera quede subordinada al armado político de Cristina y sus aliados.
Su posición fue respaldada por referentes como Héctor Daer (Sanidad) y Octavio Argüello (Camioneros disidentes), quienes también rechazan que la CGT se convierta en una herramienta electoral o de presión judicial.
Salario y pragmatismo: el acuerdo con el Gobierno
En paralelo, Moyano cerró un nuevo acuerdo salarial dentro del marco propuesto por el Ministerio de Economía, alineándose con el techo del 30 % semestral. Esta decisión fue leída como un gesto hacia el gobierno de Javier Milei y un mensaje de diferenciación respecto del bloque kirchnerista, que promueve reclamos más confrontativos.
El entendimiento refuerza el perfil de Moyano como un actor sindical autónomo, capaz de negociar con el gobierno de turno sin quedar atrapado en una lógica partidaria.


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