
Facundo Manes denunció amenazas de Martín Menem en el Congreso
Alejandra Larrea
El Congreso Nacional volvió a ser escenario de conflicto.
El diputado radical Facundo Manes denunció públicamente haber sido amenazado verbalmente por Martín Menem, titular de la Cámara de Diputados, en un hecho que sacudió la jornada legislativa del martes y generó repercusión inmediata en todo el arco político.
Según la versión de Manes, el incidente ocurrió en los pasillos del Congreso, minutos antes de que se iniciara la sesión preparatoria. Allí, el neurocientífico convertido en legislador aseguró que Menem le habría advertido con una frase intimidante:
“Rogá que no haya quórum, porque te vamos a hacer mierda.”
El legislador de la UCR afirmó que lo tomó como una amenaza directa y que el episodio fue presenciado por colaboradores y otros diputados. Horas después, su equipo jurídico formalizó una denuncia judicial, solicitando que se analicen las cámaras de seguridad internas del Palacio Legislativo y se convoque a los testigos que se encontraban en la zona.
La reacción de Martín Menem
El presidente de la Cámara negó rotundamente haber proferido amenazas y consideró que la acusación “forma parte de una operación mediática” destinada a erosionar su autoridad.
Desde su entorno señalaron que la discusión efectivamente existió, pero que se trató de un intercambio político acalorado, sin tono violento ni intimidatorio.
Menem pidió “seriedad institucional” y calificó de “irresponsable” el intento de convertir una diferencia política en una denuncia penal. También advirtió que no permitirá “que el Congreso se transforme en un show mediático”.
Fuentes parlamentarias confirmaron que Menem mantuvo conversaciones con referentes de distintos bloques para evitar que el conflicto escale y derive en una crisis de convivencia dentro del recinto.
Repercusiones dentro del Congreso
El incidente encendió una ola de reacciones en todos los bloques.
Legisladores radicales y socialistas respaldaron a Manes, señalando que “cualquier forma de intimidación política atenta contra la democracia”.
Otros espacios, como Hacemos Coalición Federal y Unión por la Patria, expresaron preocupación por el tono que adoptan las disputas internas en medio del debate legislativo.
Dentro del oficialismo libertario, en cambio, se minimizó el hecho y se acusó al radicalismo de “victimizarse para obtener protagonismo mediático”. Algunos diputados cercanos a Menem sostuvieron que “no hubo amenaza, sino una discusión política habitual”.
El episodio generó un clima de tensión en el recinto, donde los cruces verbales se repitieron durante toda la sesión. Varios legisladores pidieron la intervención de la Comisión de Labor Parlamentaria para establecer un protocolo de convivencia y analizar el hecho.
Una denuncia con impacto político
La denuncia de Manes llega en un contexto de polarización creciente entre el bloque libertario y la oposición, especialmente por los proyectos económicos que el Ejecutivo intenta aprobar en el Congreso.
El legislador radical se convirtió en una de las voces más críticas dentro de la UCR hacia la gestión del gobierno, y su denuncia amplifica el enfrentamiento con el oficialismo, que atraviesa días de alta tensión por la búsqueda de quórum y los alineamientos internos.
En declaraciones posteriores, Manes dijo que “no se trata de una pelea personal, sino de un límite ético” y que su intención es “defender la institucionalidad y el respeto dentro del Congreso”.
Sus colaboradores confirmaron que no retirará la denuncia y que pedirá formalmente una investigación judicial para determinar si existió una amenaza tipificada por el Código Penal.
Qué puede pasar ahora
El área jurídica del Congreso analizará si el caso amerita intervención administrativa o sanción disciplinaria.
De manera paralela, la Justicia deberá decidir si abre una investigación formal en base a la presentación realizada por el bloque radical.
Mientras tanto, las sesiones legislativas continúan en un clima de desconfianza y acusaciones cruzadas que reflejan el deterioro del diálogo político.
El episodio, más allá de sus consecuencias judiciales, se convierte en un síntoma del nivel de confrontación que domina la vida institucional argentina.
Entre los pasillos, algunos legisladores lo resumieron con ironía: “Ya no se discute política; se discute quién grita más fuerte”.


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