
El plan de paz de 28 puntos que Estados Unidos y Rusia pusieron sobre la mesa para Ucrania
Alejandro Cabrera
Una propuesta que reconfigura el tablero: cómo y por qué se negoció el documento
Estados Unidos y Rusia dieron forma en las últimas semanas a un documento de 28 puntos que busca establecer un alto el fuego inmediato y un acuerdo político permanente entre Moscú y Kiev. El texto fue diseñado de manera bilateral, sin participación ucraniana en su redacción inicial, y se filtró después de que ambas potencias lo presentaran discretamente al gobierno de Volodímir Zelenski.
El “qué” del acuerdo es un paquete integral que mezcla reconocimiento territorial, compromisos militares, garantías de seguridad, reconstrucción económica y reintegración parcial de Rusia al sistema internacional. El “cómo” se explica en una secuencia diplomática acelerada: contactos directos entre Washington y Moscú que se produjeron mientras Ucrania pedía más armamento y Europa discutía nuevas sanciones. El “cuándo” coincide con un momento de agotamiento militar y económico en la guerra y con el interés de ambas potencias en evitar un conflicto congelado que se extienda durante años.
El “dónde” se ubica en las mesas de negociación paralelas entre emisarios estadounidenses y rusos, mientras que el “por qué” es claro: Estados Unidos quiere cerrar un conflicto que erosiona su presencia global, y Rusia busca consolidar territorios ocupados y obtener alivio económico. El resultado es una propuesta que puede cambiar el mapa político europeo.
Los 28 puntos del documento y sus efectos directos sobre Ucrania
El texto completo incluye las siguientes disposiciones:
- Confirmación de la soberanía de Ucrania.
- Firma de un acuerdo de no agresión entre Rusia, Ucrania y Europa.
- Rusia se comprometerá a no invadir a países vecinos y la OTAN a no expandirse más.
- Diálogo formal Rusia-OTAN, mediado por Estados Unidos, para resolver asuntos de seguridad.
- Garantías de seguridad estables para Ucrania.
- Límite de 600.000 efectivos para las Fuerzas Armadas ucranianas.
- Ucrania incluirá en su Constitución que no ingresará en la OTAN; la OTAN incorporará la misma cláusula.
- La OTAN no podrá desplegar tropas en territorio ucraniano.
- Cazas europeos se ubicarán en Polonia, no en Ucrania.
- Estados Unidos administrará la garantía de seguridad: si Rusia invade, habrá respuesta militar coordinada; si Ucrania ataca sin causa, perderá la garantía.
- Apertura acelerada de Ucrania a la Unión Europea.
- Creación de un Fondo de Reconstrucción con inversiones masivas en energía, infraestructura, tecnología y minería.
- Reintegración económica gradual de Rusia y levantamiento progresivo de sanciones.
- Rusia será invitada nuevamente al G-8.
- Uso de 100.000 millones de activos rusos congelados para reconstrucción: 50 % de beneficios para EE.UU.; Europa aportará otros 100.000 millones.
- Creación de un fondo bilateral EE.UU.–Rusia para proyectos conjuntos.
- Grupo de trabajo ruso-estadounidense de cumplimiento del acuerdo.
- Rusia aprobará por ley una política de no agresión hacia Europa y Ucrania.
- Prórroga de todos los acuerdos de no proliferación y control nuclear.
- Ucrania ratificará su estatus de país no nuclear.
- Zaporiyia será gestionada por el OIEA con reparto del 50 % de su energía entre ambos países.
- Programas educativos para eliminar discriminación, proteger minorías y prohibir ideología nazi.
- Arreglo territorial: reconocimiento de Crimea, Donetsk y Lugansk como rusos; congelamiento de Jersón y Zaporiyia según líneas de contacto; zona neutral desmilitarizada; libre uso del Dniéper y rutas de grano.
- Comité humanitario para intercambio de prisioneros, rehenes y reunificación de familias.
- Elecciones en Ucrania en un plazo de 100 días.
- Amnistía total para todos los implicados en la guerra.
- Acuerdo jurídicamente vinculante supervisado por un “Consejo de la Paz” presidido por Estados Unidos.
- Entrada en vigor inmediata del alto el fuego tras la retirada de ambas partes a posiciones acordadas.
El impacto del documento es profundo. Zelenski enfrenta un escenario en el que la aceptación implicaría fijar límites militares permanentes, renunciar a la OTAN y aceptar la pérdida definitiva de territorios. Rechazarlo, en cambio, podría aislar a Ucrania de su principal garante de armamento y apoyo financiero, especialmente si Washington decide reducir su asistencia.
Europa, que no formó parte del borrador, observa con preocupación cómo la arquitectura de seguridad continental podría redefinirse de manera bilateral entre Estados Unidos y Rusia. Para Bruselas, el riesgo no es solo territorial sino político: un acuerdo sin su participación debilita su papel estratégico en el continente.
Un acuerdo que promete paz, pero exige concesiones sin precedentes
El documento plantea una disyuntiva para Ucrania: recuperar estabilidad y reconstrucción a cambio de renuncias decisivas, o seguir una guerra larga con un costo humano, económico y territorial cada vez mayor. La propuesta no solo ordena el fin del conflicto; también redibuja el equilibrio de poder entre Rusia, Ucrania, Estados Unidos y la Unión Europea.
Su aceptación depende ahora de una pregunta que excede lo militar: ¿puede un país en guerra aceptar una paz negociada sin haber sido incluido en la negociación?


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